Raquel Alario, fallera mayor de Valencia 2017: «Gracias por darme el regalo que nunca esperaba»

Raquel Alario, fallera mayor de Valencia 2017: «Gracias por darme el regalo que nunca esperaba»

El porte y la sencillez que demostró durante las pruebas le valió conseguir un resultado de 6-1 en la deliberación celebrada ayer

L. S. VALENCIA.

Raquel y su madre, Isabel Bernabé, confesaron ayer tenían la llave del coche en la mano para salir corriendo a la casa de la afortunada, pero la lotería se quedó en su hogar, próximo al mercado de Abastos. La primera declaración de Raquel Alario fue emotiva: «Gracias a las fallas por darme el regalo que nunca esperaba». Aunque el jurado dejó claro que las 13 jóvenes eran firmes candidatas, al final Raquel convenció con una votación de 6-1.

El día de la Fonteta Raquel fue la última en salir al escenario y, como explicó Gabi Aranaz, miembro del jurado, «decidimos nombrar a las chicas por orden de altura», y claro, Raquel, con 1,76 metros, tenía que ser la última. Esta joven, ingeniera industrial, estaba en todas las quinielas y triunfó. Su novio, Héctor Robledo, y las hermanas de Raquel, su melliza Ana y Esther, la describieron como «dulce, una chica que siempre piensa lo mejor de los demás, entregada, con mucha iniciativa». Su padre, Arturo Alario, de profesión economista, añadió que es «superfallera, cercana y sencilla».

Es tan fallera que, como explicó su madre, maestra del colegio Luis Vives, cuando «estuvo estudiando en Bruselas en septiembre ya se compraba los billetes para venir en Fallas. Su acto preferido es la Ofrenda». Como curiosidad, Raquel comparte habitación con su hermana melliza, además de ropa y armario. Y el año pasado se tuvo que hacer una habitación a propósito para los trajes de valenciana.

A la pregunta de por qué ha sido la elegida, dijo que «he sido como soy, natural y hecho grupo con mis compañeras. Me voy a volcar en cuerpo y alma». Y añadió que no ha escuchado opiniones externas, «y el jurado, si se fijaba en mí, ha sabido disimular porque no lo notaba».

Por la mañana estudió en casa, ya que prepara un máster, acompañó a su abuela, fue a comprar y comió arroz al horno. Luego vino la sesión de maquillaje con Elena Gutiérrez y el peinado, con Ángel.

 

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