Motoristas de l'Albufera, una profesión olvidada

Motor de la Paisana, uno de los mecanismos que regula la entrada de agua en los 'tancats' de l'Albufera./ALBERT MARTÍNEZ
Motor de la Paisana, uno de los mecanismos que regula la entrada de agua en los 'tancats' de l'Albufera. / ALBERT MARTÍNEZ
FOTOGRAFÍA | Albert Martínez ha retratado a los encargados de controlar la entrada de agua en los tancats, una parte esencial de la supervivencia del ecosistema del lago
EXTRAS

«Hola, me llamo Albert. Estoy haciendo un proyecto sobre los motoristas de l'Albufera. Llámame, por favor». Hace unos meses Albert Martínez dejaba una nota con estas líneas pegada en las puertas de los motores del lago. Quería conocer un mundo que «vive de espaldas a la ciudad» y una profesión «desconocida para muchos valencianos», explica este fotógrafo valenciano que lleva tres años retratando las construcciones que guardan la maquinaria para impulsar el agua de riego en los campos de arroz del Parque Natural de l'Albufera. Y, sobre todo, quería conocer e inmortalizar a los encargados de su mantenimiento, los conocidos como motoristas.Los motores son un pilar esencial en el cultivo del arroz -el único permitido en este paraje natural-, ya que los campos están a diferentes niveles y es necesario evacuar el agua de forma artificial en los terrenos más bajos.

Actualmente perviven 74 motores en los cinco municipios bañados por l'Albufera de Valencia: Alfafar, Catarroja, Silla, Massanassa y Albal. Los motores se encuentran situados en los 'tancats' -cerrado, en valenciano-, zonas de arrozal ganadas poco a poco a la laguna tras los históricos aterramientos llevados a cabo en los siglos XIX y XX para ganarle terreno de cultivo al lago. Los 103 'tancats' de l'Albufera ocupan una superficie de casi 5.200 hectáreas, de las 14.000 hectáreas de superficie de cultivo que existen.

Camino rodeado de campos de arroz anegados, en el 'tancat' de Cabiles.
Camino rodeado de campos de arroz anegados, en el 'tancat' de Cabiles. / A. MARTÍNEZ

El nivel de estos arrozales se encuentra por debajo de la laguna y necesitan estar completamente aislados de las aguas de l'Albufera mediante motas, unas elevaciones del terreno. De lo contrario, los campos permanecerían constantemente inundados. El arroz necesita un flujo de agua constante y controlado que varía según su crecimiento. «En Valencia el arroz se riega con el agua del lago y no del río. Esto hace que haya que sacar el agua e introducirla a los campos», señala Martínez. Los 'tancats' comparten un sistema hídrico formado por un laberinto complejísimo de acequias, que reciben el agua por gravedad y la drenan gracias a las turbinas localizadas en los edificios blancos, los motores.

Un homenaje

Martínez asegura que está realizando el trabajo en blanco y negro porque «quería desmarcarme de los paisajes bonitos de l'Albufera, quería llegar a otro sitio, huir de las fotos del mirador que se encuentra en la carretera de El Saler, me interesan las texturas, los contrastes del paisaje». «Es un homenaje hacia ellos, nadie los conoce y su labor es fundamental. Así que me he propuesto visibilizar la profesión y dar a conocer su vida, su labor solitaria, sus problemas. La ciudad de Valencia vive de espaldas a la marjal», explica.Los marjales son zonas húmedas ubicadas cerca del mar. Constituyen uno de los rasgos más identificativos del paisaje valenciano. Su valor medioambiental es enorme puesto que integran una gran riqueza de flora y fauna. Son un peaje indispensable para miles de aves migratorias que proceden del continente africano. El marjal de l'Albufera de Valencia es uno de los más extensos de toda la península. Sus usos y peculiaridades han configurado la idiosincrasia de la ciudad de Valencia y de los municipios bañados por la laguna, así como el carácter de sus gentes.

Trabajan todos los días en temporada del arroz, de marzo a octubre

«Siempre he tenido cierta curiosidad por las tradiciones y la historia. Como se desvanecen poco a poco por el paso del tiempo, perdiéndose y desapareciendo de la memoria colectiva», detalla Martínez, quien explica que en un principio quería hacer «una crítica hacia la sociedad en la que vivimos, donde prevalece el despilfarro económico, la búsqueda constante de nuevas tecnologías, la inmediatez y el inconformismo desmedido». Tras descartar esta idea, volvió a una idea que llevaba años rondándole la cabeza: «Lo desconocida que es l'Albufera y el cultivo del arroz para los que vivimos en la ciudad», explica el fotógrafo. Tras documentarse sobre el tema, se pone en contacto con la Fundació Assut, que le facilitó el contacto de Paco Palau, el motorista del 'tancat' de El Palmar, que le ayudó a localizar otros motores y a contactar con sus encargados. «Yo iba al motor y los buscaba. Como muchas veces estaban trabajando lejos de la caseta blanca, les dejaba notas en las puertas. Aunque llevaba la cámara, las primeras veces solo hablaba con ellos, luego empecé a acompañarles en sus labores y los retrataba. Se han abierto mucho al proyecto», afirma.

Conflicto de intereses

Los motoristas trabajan de lunes a domingo durante toda la temporada del arroz, es decir, de marzo hasta octubre. Pero fuera de temporada muchos engrosan las listas del paro o tienen que buscarse la vida con otros trabajos menores. «Es un trabajo duro, donde tienen que saber hacer muchas cosas y están muy solos. Van con sus vespas de una parte a otra del 'tancat' haciendo diferentes labores», explica el fotógrafo. «El marjal está dentro de un parque natural y esto conlleva ciertos problemas. Es como la típica casa de pueblo heredada por varios hermanos, que es de todos pero no es de nadie, no se cuida ni se respeta igual, hay un conflicto de intereses brutal entre arroceros, cazadores, pescadores, administraciones. Se prohiben cosas pero no se explican. Falta comunicación entre las diferentes partes y esto dificulta su trabajo», denuncia.

El abuelo de Albert Martínez es de Garaballa (Cuenca). Aunque él nació en Valencia, asegura que necesitaba llevar a cabo una búsqueda de su identidad, «saber cuál es mi sitio aquí». De hecho, incide, «mi percepción hacia el marjal es diferente después de hacer el trabajo: me siento que soy de allí sin ser de allí». Este descubrimiento le ha llevado a iniciar un nuevo proyecto fotográfico donde l'Albufera será el protagonista principal, pero desde la subjetividad. «Para mí ya no es solo un lago, como era antes y como es para mucha gente de la ciudad, es un forma de vida. Es como el que vive en la montaña y no concibe su vida fuera de ella», concluye.