Un 86% de personas con discapacidad tras un ictus tiene afectada la marcha y el equilibrio

Valoración del equilibrio de un paciente en el servicio de neurrehabilitación de Hospitales Vithas./LP
Valoración del equilibrio de un paciente en el servicio de neurrehabilitación de Hospitales Vithas. / LP
Nerurorrehabilitación | En Valencia, Hospitales Vithas cuenta con técnicas diagnósticas y cuantitativas que facilitan la adquisición de autonomía
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Casi 90.000 personas al año padecen en España una discapacidad, tras sufrir un ictus, relacionada con la dificultad para controlar voluntariamente sus movimientos, asegura la doctora Carolina Colomer, directora Clínica de NeuroRHB, servicio de neurorrehabilitación del Hospital Vithas Nisa Valencia al Mar, el Hospital Vithas Nisa Aguas Vivas y el Hospital Vithas Nisa Virgen del Consuelo. De hecho, la hemiparesia o afectación motora de la mitad del cuerpo contralateral a la lesión cerebral es el síntoma más común después de un ictus. Una secuela que compromete, frecuentemente, las funciones o habilidades motoras del equilibrio o la marcha, dos aspectos que condicionan totalmente la autonomía y la calidad de vida de una persona.

Vithas dispone de sistemas exclusivos de recogida de datos. Entre ellos, plataformas de análisis cinético o posturagráfica

«Cuando a nivel médico hablamos de alteraciones en la marcha, nos referimos a las dificultades que una persona presenta para caminar después de un ictus. El reto inicial es lograr mantener el equilibrio, primero estando parado y luego durante el movimiento, dos elementos que son claves para poder empezar a caminar. Es más, varias semanas después de un ictus, casi la mitad de los pacientes no pueden desplazarse por ellos mismos dentro de sus hogares. Y, aunque puedan caminar con poca ayuda o sin ella, la marcha que se logra en muchos casos es poco eficaz, lenta e inestable, lo que provoca mucha fatiga y un elevado riesgo de caídas», asegura Colomer.

Según la directora clínica de NeuroRHB, los movimientos concretos de las partes del cuerpo durante la marcha después de un ictus están alterados de múltiples formas y para determinar u orientar su calidad o funcionalidad, en general, existen escalas específicas de valoración clínica con las que profesionales expertos pueden realizar una valoración. Pero, la observación clínica, aunque sea de profesionales expertos, muchas veces es insuficiente o poco específica. En estos casos, resulta muy útil recurrir al análisis instrumental de los aspectos mecánicos del equilibrio y de la marcha.

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«Por ejemplo, en el servicio de neurorrehabilitación del Hospital Vithas Nisa Valencia al Mar disponemos de una plataforma de análisis cinético de la marcha (Ned AMH/IBV), que nos permite recoger datos precisos acerca de las fuerzas o presiones que ejerce una persona con los miembros inferiores a lo largo del ciclo de la marcha, de una plataforma posturográfica (Ned SVE/IBV), que da un valor numérico a las alteraciones del equilibrio estático y dinámico y nos ayuda determinar qué aspectos están más afectados, y, para saber de forma objetiva cómo se mueven determinadas articulaciones durante la marcha, en qué orden, a qué velocidad y con qué ritmo, también contamos con un sistema específico de análisis de parámetros cinemáticos y espaciotemporales de la marcha apoyado en dispositivos Kinect V2… Con todos estos datos de análisis tecnológico del equilibrio y de la marcha, junto a las valoraciones clínicas y funcionales de profesionales y en el contexto de una valoración global, podemos ajustarnos de forma más precisa a las necesidades específicas de cada paciente para elegir las técnicas de tratamiento más adecuadas para lograr un equilibrio y una marcha independientes y de buena calidad», explica la doctora.

La espasticidad, el control sobre los movimientos que la persona puede hacer, las alteraciones de la sensibilidad, los problemas visuales, atencionales, de percepción espacial y bastantes otras circunstancias, enumera Colomer, pueden afectar el equilibrio, la capacidad de marcha y la forma de caminar. En este sentido, es fundamental un enfoque multidimensional del paciente a la hora de valorar y, aunque se diseñe un programa dirigido a la tarea concreta de recuperar la marcha, este debe planificarse en el contexto global de la persona y conociendo todas sus circunstancias clínicas.

Para Colomer, tras la valoración, para conseguir la máxima recuperación, debe diseñarse un programa rehabilitador personalizado, empezar lo antes posible, proporcionar la intensidad precisa y el nivel de dificultad óptimo. Además, este plan de tratamiento debe elaborarse -como sucede en el servicio de neurorrehabilitación de Hospitales Vithas- tras un análisis minucioso de las alteraciones del equilibrio y de la marcha, pero siempre en el contexto de una valoración global, ya que son muchos los aspectos implicados tanto en mantener el equilibrio como en caminar de forma eficaz, que pueden haberse alterado después de un ictus y que necesitan una adecuada rehabilitación.