Septiembre, buenos propósitos para un nuevo año laboral

JAVIER FALOMIR

Hubo un ministro de Educación en las postrimerías del franquismo que tuvo la genial idea de hacer coincidir el inicio del curso escolar con el del año natural. Creo que se llamaba Julio Rodríguez aquel hombre innovador y poco convencional, puesto que su iniciativa se calificó irónicamente como el 'calendario juliano'.

Poca gente recordará ya aquella ocurrencia que sólo duró un curso y alteró profundamente a la comunidad educativa del país ya por entonces bastante alterada con las huelgas y reivindicaciones del movimiento estudiantil aderezado además en aquel año con el atentado de Carrero Blanco.

El error de don Julio fue considerar que el año mental y laboral nace en enero, tras las doce campanadas y el brindis con cava. No supo darse cuenta de que el nuevo año nos saluda a principios de septiembre, tras el periodo vacacional aunque uno no lo haya disfrutado en esas fechas. Septiembre es el comienzo del nuevo año prácticamente a todos los efectos, salvo el fiscal. Es, incluso, cuando los asalariados se plantean cambiar de trabajo en busca de algo que les pueda hacer más felices o más ricos. También es el momento en que se producen más rupturas de parejas. Es, en fin, un periodo de reflexión, de iniciativas, de nuevos propósitos y hasta un terreno abonado para la depresión.

Centrándome exclusivamente en esos buenos propósitos, este mes de septiembre que abre el nuevo curso -y el nuevo año- debería servir para que los distintos sectores del mundo cooperativo hicieran balance y propósito de enmienda en el caso de que hiciera falta. Y no sólo los sectores productivos, también las instituciones y las administraciones. Aunque todo parece indicar que se está yendo por el buen camino. En este mismo Coopera hay una información sobre como las cooperativas de enseñanza consolidan su lugar bajo el sol si bien aspiran a tener una mayor visibilidad y reconocimiento.

Tampoco este curso ha sido un mal momento para las cooperativas de trabajo asociado que han visto durante este curso cómo han crecido en número y se ha apostado por ellas como la fórmula más viable para los emprendedores que quieren .

Como viene siendo habitual el sector más controvertido tal vez sea el del cooperativismo agroalimentario, siempre con deberes pendientes y siempre necesitado de una mayor interacción entre los propios socios de las entidades para alcanzar acuerdos que les permitan crecer y ser más rentables de cara a sus productores. No obstante, tampoco parece que haya sido un mal año para la mayoría de ellos. Y menos aún en el sector vitivinícola, que sigue dando muestras de fortaleza y evolución en la Comunitat Valenciana.

Es importante empezar un curso, que a todos los efectos es iniciar el año laboral, pensando en que todos tenemos la responsabilidad de conseguir una economía más sostenible, más racional y justa. Nuestra sociedad y nuestro planeta lo necesita, no es sólo cuestión de buenas intenciones. Urge poner en práctica eso que ahora se denomina economía circular y urge tener un extremo cuidado con no esquilmar los recursos naturales de un planeta que posiblemente se nos está yendo de las manos.

En cualquiera de los casos, cooperar es un verbo que debemos conjugar en presente y en futuro. Sirve para todos los sectores y todas la actividades humanas. Y suele tener connotaciones muy positivas salvo que vaya acompañado de un sustantivo que contradiga su sentido original: cooperación criminal, por ejemplo.

Ahora que empezamos el año laboral, en contra de lo que pretendía el exministro Julio Rodríguez, los buenos propósitos resultan procedentes y apostar por una economía donde la persona está en el centro de la actividad es un buen objetivo. Es algo que suena bien, que se dice a menudo aunque con escasa convicción. Pero siempre tiene que existir un día en el que cambian las cosas.