Opinión

El papel de las cooperativas agrícolas

Desde siempre las Cooperativas Agrícolas de Suministros, hemos jugado un papel muy importante en nuestras localidades, sirva como ejemplo la Cooperativa Agrícola San José de Burriana, que con más de cien años de vida, se destaca por su aportación al desarrollo de la agricultura del municipio, asesorando, suministrando productos para el cultivo de los campos, realizando los servicios necesarios para el cultivo de los cítricos e implantando nuevos servicios de gran valor.

En los últimos años, con la grave caída del precio de la fruta en campo, verdadero problema de nuestra citricultura, muchos agricultores han abandonado sus huertos. Además ante la implantación de gran cantidad de normativas que complican mucho la actividad al agricultor, la Cooperativa ha trabajado a fondo para ayudarles a ponerse al día en su cumplimiento. Actualmente el agricultor ha de poseer el carnet de aplicador de plaguicidas, pasar la revisión técnica de sus equipos de tratamientos fitosanitarios, inscribir sus huertos en el registro de explotaciones agrarias, llevar un cuaderno de cultivo, cumplir nuevas normas en fertilización, contar con un buen asesoramiento para el control de las plagas por la continua desaparición de materias activas y cumplir la nueva normativa de higiene en campo. ¡Ser agricultor se hace cada día más complicado!

Muchos señalan al minifundio como el mal de nuestra citricultura. Pues bien, a mi entender, el mal de nuestra citricultura lo encontramos clarísimamente en el abuso continuado que se viene haciendo del agricultor, puesto que la cadena alimentaria castiga severamente su economía, propiciando que se les paguen sus cosechas en muchos casos por debajo del precio de coste, provocando la insostenibilidad del cultivo y su consecuente abandono.

Hablamos mucho del necesario relevo generacional, pero si no solucionamos esto, no esperemos a los jóvenes. Es hora de legislar en favor del colectivo desfavorecido de pequeños agricultores, para que no se produzca abuso alguno.

Es hora de legislar en favor del colectivo desfavorecido de pequeños agricultores

Cabe reflexionar que el minifundio es una forma de vida, una cultura, es un patrimonio de los valencianos y como tal, en contra de considerarlo un mal en sí mismo, deberíamos protegerlo y darle viabilidad y aquí es donde aparecen las Cooperativas Agrícolas, verdaderos concentradores de explotaciones minifundistas, puesto que una cooperativa es capaz de convertir el minifundio individualizado de cada socio, en una gran finca, tanto en lo que respecta a su cultivo, como en la venta de su producción.

En la Cooperativa de Burriana realizamos trabajos agrícolas en 4.200 hanegadas, consiguiendo con esta superficie que muchas parcelas, cercanas unas de otras, se trabajen como si de una finca grande se tratase y además, también nos encargamos de vender su fruta, habiendo logrado en el último año que 20 comercios y/o cooperativas de exportación se interesen y compren por mediación de la Cooperativa unos 6 millones de kilos de cítricos de nuestros socios, al haber presentado estas parcelas como una gran finca para el comprador, ya que para adquirir una cifra importante de kilos, éste no ha de llamar puerta a puerta, en la Cooperativa los compra agrupados.

Ahora esperamos la nueva ley de estructuras agrarias de la Generalitat Valenciana y vamos a esforzarnos muy mucho, en utilizar los medios que nos ofrezca esta ley, para mejorar al máximo la situación de los agricultores.

La Cooperativa es el punto de encuentro donde los agricultores deben encontrar su solución y para ello seguiremos trabajando.