No hay que esperar soluciones de fuera

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Y quieren que vengan de fuera a resolvernos los problemas. Pues no van a venir; o somos capaces de reaccionar y ponernos a cambiar lo que haga falta, o morimos y serán otros los que ocupen nuestro lugar. Pero hemos de reaccionar con inteligencia y sentido común, no quemando por ahí banderas europeas y haciendo gestos que no solucionan nada y no van a ninguna parte».

Así se expresó el secretario autonómico de Agricultura, Francisco Rodríguez Mulero, en la clausura de una jornada sobre alternativas hortofrutícolas, celebrada en Lliria y patrocinada por Cajamar, en la cual, como no podía ser menos, se habló ampliamente de la crisis citrícola, de sus raíces y de las posibles salidas.

Rodríguez Mulero recordó que el sector citrícola valenciano sufrió décadas atrás la enfermedad de la 'Tristeza' que arrasó las plantaciones, que mayoritariamente estaban sobre el patrón amargo, sensible a tal dolencia, y planteó: «Si supimos levantarnos entonces, y era muy grave, ¿por qué no vamos a levantarnos ahora otra vez?»

Advirtió que «estamos en un momento muy interesante, porque empezamos a preocuparnos por lo que pasa y lo que se puede hacer, y hablamos de alternativas y culpas incluso a nivel local, pero al final falta que vayamos a la raíz de los problemas, que descubramos que hay muchas raíces y que está en nuestra mano enderezarlas.»

El secretario autonómico explicó que el conjunto del sector agroalimentario «marcha bien», pero por la parte de la industria transformadora. En cambio la parte primaria, la agraria, «está adelgazando, y esto debemos enderezarlo, porque cunde el abandono de tierras, los jóvenes huyen del campo, y si uno podía vivir años atrás, por ejemplo, trabajando 100 hanegadas de naranjos, luego han tenido que ser 200 o 300, y si las cosas se ponen mal pierde mucho más porque tiene 300».

La triste realidad no es sólo que la naranja va mal, que se paga poco o nada, que se queda mucha producción por vender (más de 500.000 toneladas podridas en los campos), que las pérdidas se acumulan (más de 200 millones de euros), que afluyen producciones baratas de todo el mundo a los mismos mercados y nos desplazan, que de repente se agolpa todo esto y cunde el pesimismo en el sector, como si ya no hubiera salida posible y tuviera que ser así para siempre. Todos los obstáculos son ciertos, pero no ha estallado esto de repente, aunque estuviera larvado o, ante otras dificultades momentáneas, se tendiera a pensar que era cosa pasajera y se aludiera a eso tan consabido de que «el año que viene será mejor». Si nos atenemos a algunos datos concretos vemos que muchas cosas ya estaban prendidas con pinzas y que era cuestión de que soplara un mal viento para desencadenar el desastre.

Rodríguez Mulero desgranó algunos datos muy reveladores. La edad media de los agricultores valencianos en activo es de 64 años, a punto de jubilación; lo que indica que apenas se queda quien tiene cerca el retiro; los demás se han ido, aunque muchos compatibilicen lo del campo a trancas y barrancas con otras tareas profesionales, y también están los pensionistas que siguen. En toda la región quedan 13.000 agricultores que cotizan a la Seguridad Social como autónomos, es decir, que viven preferentemente del campo. Hace tan solo veinte años eran más de 80.000. Y ahí está una de las raíces del problema: falta de profesionalización, junto a las cuestiones del necesario rejuvenecimiento y de ganar dimensión en las explotaciones para que sean viables. Pese a que no se sabe bien qué es primero y qué lleva de una cosa a la otra, o al revés. Y esto vale para todos los sectores, aunque la comparación se agrava en cítricos.

España sigue siendo líder mundial de exportación de cítricos en fresco y la Comunitat Valenciana tiene el 55% de toda la producción nacional y el 80% del comercio exportador. Las cifras son importantes: 7,2 millones de toneladas en toda España, de ellas 4 millones en la Comunitat Valenciana, cerca de 4 millones de exportación... Sin embargo este gigante descansa sobre pies de barro, al menos en el campo valenciano, donde, de un total de 110.000 titulares de parcelas con cítricos, no llega a 3.000 los autónomos que viven de ello.

Y ahí fue donde Mulero advirtió: «Y quieren que vengan de fuera a resolvernos... Pues no van a venir, pero tenemos que movernos y echar a andar». Para confiar finalmente en que la nueva Ley de Estructuras Agrarias aporte herramientas que sirvan para concentrar la producción en explotaciones rentables y mejorar las capacidades de comercialización.