Opinión

La citricultura que queremos

Durante décadas, la citricultura ha sido una de las principales señas de identidad de nuestra región, además de uno de los grandes motores de nuestra Economía. La eclosión del cultivo y exportación de cítricos se remonta al siglo XIX, aunque están referenciadas explotaciones citrícolas ya en el último cuarto del siglo XVIII.

La citricultura ha sido, durante largos años, sustento de muchas familias, actividad moldeadora del paisaje de la Comunitat y de la idiosincrasia de los valencianos. Como es lógico, en un recorrido tan amplio, ha habido altibajos. El comercio se resintió con la explosión de la I Guerra Mundial, vivió una época dorada en los inicios de los 30, cayó durante la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial y se recuperó durante los años 50 y 60. Después llegó «la tristeza» y el sector hubo de reinventarse para sobrevivir.

Hoy, el sector vive otra de esas etapas en las que va a ser necesario reinventarse para continuar avanzando. El contexto en el que desarrollamos nuestra actividad no es el mismo que el de hace apenas una década, por establecer un marco temporal corto. Los cambios, además, se suceden con gran velocidad, por lo que la capacidad de adaptación es fundamental para garantizar un buen futuro para el sector. Cambian los consumidores, cambian sus necesidades, cambian las condiciones de los mercados, cambia el marco normativo que nos afecta, cambian nuestros competidores y también nosotros debemos cambiar si queremos seguir siendo líderes y referentes.

Decir que es necesario cambiar es sencillo, pero cambiar en si mismo no lo es. Es necesario un esfuerzo coordinado y la implicación de muchos actores para lograr las sinergias que impulsen el entorno adecuado para hacerlo. Debemos partir de un escenario en el que la actividad sea rentable para el productor. Si no es así, asestaremos un golpe definitivo a nuestra capacidad productiva y al necesario relevo generacional en el sector.

En el momento en que redacto estas líneas, todavía no se han celebrado las Elecciones autonómicas y estatales, pero probablemente podría escribir lo mismo conociendo ya los resultados de los comicios. A los que deben regir los destinos de las Administraciones durante los próximos años les debemos reclamar una apuesta decidida por nuestra Agricultura en general y nuestra citricultura en particular, como actividad generadora de riqueza, empleo y bienestar, como elemento cohesionador y vertebrador de nuestro territorio.

Necesitamos una citricultura moderna y en constante cambio, innovadora, que conjugue lo mejor de nuestra tradición con los gustos actuales, que sepa hacer valer la experiencia acumulada durante siglos para llegar a los nuevos consumidores. Es necesario trabajar en nuestra estructura productiva, en los calendarios varietales, en nuestra presencia en los mercados tradicionales y en los que están por abrirse y en muchos otros temas.

Parte del éxito de cualquier iniciativa que podamos impulsar desde el ámbito más cercano dependerá de la sensibilidad en Bruselas ante las particularidades de nuestro sector y nuestras necesidades. La Comisión no ha sido precisamente nuestra gran aliada durante los últimos años, utilizando la Agricultura como moneda de cambio en gran parte de sus acuerdos comerciales con terceros países. Las próximas Elecciones europeas y la llegada en noviembre de una nueva Comisión deben ser el punto de inflexión para cambiar esa tendencia, donde el nuevo gobierno y los nuevos eurodiputados, tendrán mucho que decir, y una gran responsabilidad y compromiso con el sector.

Para conseguirlo, seguiremos trabajando duro, tratando de ejercer nuestra influencia en todos los foros donde se toman las decisiones, exigiendo lo que nos pertenece y defendiendo a capa y espada nuestros productos y nuestros agricultores. Solo de esa forma conseguiremos la citricultura que queremos.