Trenes que pasan de largo

Plantación superintensiva de almendros en regadío en una gran finca de Castilla-La Mancha dedicada antes al cereal . / lp
Plantación superintensiva de almendros en regadío en una gran finca de Castilla-La Mancha dedicada antes al cereal . / lp

Carlos Baixauli, del Centro Experimental Agrario de Cajamar, ve muchas alternativas a la crisis citrícola, incluso sin salir de los cítricos El campo valenciano no se 'apuntó' a la ola de modernas plantaciones de almendro y olivar que llenan el resto de España

V. LLADRÓ

Desde el año 2004, en España se han plantado más de 100.000 hectáreas de almendros, mayoritariamente en sistemas intensivos y con riego a goteo, lo que permite multiplicar las producciones y, consiguientemente, la rentabilidad, según ha revelado Carlos Baixauli, del Centro Experimental Agrario de Cajamar, en una jornada celebrada en Lliria sobre Alternativas Hortofrutícolas en Camp de Turia.

El mismo planteamiento de fincas superintensivas se ha seguido en toda España con el olivar, lo que permite incrementar de forma exponencial los rendimientos y reducir los costes al entorno de 1,20 euros por kilo, haciendo que esta moderna forma de producir aceite de oliva sea mucho más competitiva que la tradicional.

Baixauli expuso esta realidad como una de las alternativas posibles a los tradicionales cultivos, no solo en Camp de Turia, sino en cualquier otra zona del campo valenciano, pero apuntó la paradoja de que «la Comunitat Valenciana no se apuntó a esto». Aparentemente es una gran contradicción, porque las grandes fincas modernas de olivar y almendro en plantaciones intensivas llenan el resto de España, pero apenas se ve algún escaso ejemplo aislado en nuestra región. Realmente incomprensible, pero el tren pasó de largo; se dejó que pasara.

Lliria alberga una jornada de reflexión sobre el futuro de los cultivos hortofrutícolas

En realidad Baixauli no descubrió ninguna alternativa absoluta, rotunda, realmente novedosa, a los cultivos tradicionales en crisis, porque en la práctica queda poco por descubrir. Pero lo que se puede concluir de su intervención es que hay alternativas dentro de los propios cultivos que tenemos, como en los casos expuestos del almendro y el olivo, e incluso en los cítricos, porque siempre hay bazas por jugar con determinadas variedades, mejorar el modo de cultivar, profundizar en nuevas formas de vender, modernizar la organización de la producción y del comercio, promocionar el consumo...

Reveló que, curiosamente, hay un pequeño sector en el que se está creciendo aquí: el de la fruta de hueso, mientras que se están arrancando plantaciones en otras regiones, como Cataluña y Extremadura, donde ponen almendros y olivos. Las variedades de frutas que se plantan son precoces, lo que las limita a zonas realmente primerizas. Dijo que ya hay una variedad de melocotón que se recolecta en abril.

En parecidos términos incidió con cultivos como el kaki o el granado, que parecen saturados, pero se trata de ir aprovechando pequeños huecos, al igual que en hortalizas y algunas frutas minoritarias, como la higuera, de la que mencionó que hay especialistas que le sacan rendimiento en plantaciones intensivas y artesanales.

Uno de los ejemplos de rentabilidad con granados fue expuesto por Regina Monsalve, presidenta del Colegio de Ingenieros Técnicos Agrícolas y directora de I+D+i de Ecologicval, empresa especializada en recuperar campos abandonados en L'Horta Sud, dedicándolos a hortalizas ecológicas y granados de variedades tempranas israelíes, también en cultivo ecológico. Explicó que venden muy bien sus producciones en toda Europa y que la empresa tiene un fuerte compromiso medioambiental y social, por lo que da empleo a personas con discapacidad funcional que están muy implicadas en el proyecto.

El propio término de Lliria es muestra de sucesivas reconversiones, centradas en este caso a través de la evolución de la cooperativa y de la comunidad de regantes, que gestiona en la mayor parte del municipio la disponibilidad de agua que ha permitido los sucesivos cambios.

El alcalde de Lliria, Manuel Civera, proclamó que «no hay agricultura viable sin agua» y reafirmó «el compromiso del Ayuntamiento con nuestra agricultura», dándole una importancia «más allá del porcentaje del PIB, porque ocupa el territorio, nos proporciona comida saludable, da trabajo y es fuente de valores patrimoniales y medioambientales. Sin mundo rural, todo se cae y queda sin vida. Por tanto, haremos lo necesario en su apoyo, con el deseo de que vuelva a ser rentable para que sea económicamente sostenible».

José Feltrer y Juan Martín, presidente y gerente de la Cooperativa Vitivinícola, narraron la evolución de la entidad; primero dedicada a productos de secano (vid, almendros, olivos, algarrobos); luego, con la llegada del agua, primero de pozos, luego del canal de Benagéber, la reconversión de gran parte del término a hortalizas, a frutales y finalmente a cítricos, para encontrarse ahora de nuevo en fase de reconversión a nuevas variedades de cítricos tardíos, sin descuidar los kakis, los granados e incluso los aguacates en las localizaciones más libres de heladas. Plantearon la necesidad de superar las limitaciones del minifundismo y aglutinar explotaciones bien dimensionadas que puedan albergar producciones con criterios profesionales y de rentabilidad.

Un ejemplo de esta nueva fase de la cooperativa la expuso el joven socio de la misma Luis Miguel Sornosa Feltrer, que se ha embarcado en varias producciones, diversificando cultivos de la mano de los técnicos de la cooperativa, lo que, según concluyó, le está permitiendo asentarse y ganarse la vida dignamente con lo que siempre quiso hacer.

José Alfonso Soria, presidente de la Comunidad de Regantes de Lliria, desgranó algunos detalles de la entidad: 7.721 hectáreas regadas, 4.500 agricultores, diversidad de cultivos, agua concedida del canal de Benagéber y de baterías de pozos propios, caudales de calidad y una apuesta actual por las energías renovables (paneles fotovoltaicos) para abaratar los costes de bombear el agua.

José Miguel Boix y Ángel del Pino, de Anecoop, explicaron que esta cooperativa de segundo grado, líder del sector en Europa, comercializó en 2018 más de un millón de toneladas de todo tipo de productos hortofrutícolas y vinos, con una facturación de 851 millones de euros. Obtuvo la primera certificación de producción ecológica en 2007 y desde entonces ha ido creciendo en este segmento, con más de 24 millones de kilos el año pasado; de ellos, 8 millones de cítricos. Compararon la escasa entidad que aún tiene este mercado en España: la media del gasto en alimentos ecológicos aquí es de 47 euros al año, mientras que en Suiza son 288, en Dinamarca 278 y en Suecia 237. Revelaron que, al contrario de lo que ocurría tiempo atrás, cuando se entendía que estos productos se pudieran presentar con defectos externos, actualmente «no se aceptan, se tiende a tolerancia cero y se exige que sean de apariencia tan perfecta como los convencionales», lo que sin duda incrementa la dificultad para los agricultores.

José Manuel Enríquez, Gerente de Negocio Agroalimentario y Empresas de Cajamar, dijo que «un agricultor es muchas cosas a la vez y debe ser también empresario». Indicó por ello que este tipo de jornadas sirven «para reflexionar y plantearnos entre todos qué valora más el consumidor, para intentar satisfacerle, una tarea en la que no podemos estar solos, necesitamos contar con aliados para ser fuertes».

Francisco Rodríguez Mulero, secretario autonómico de Agricultura, clausuró la jornada señalando que «estamos en un momento muy interesante porque, en medio de la crisis citrícola y a diferencia de otras veces, hemos reconocido que tenemos problemas, por lo que nos paramos a pensar y a buscar alternativas, y hasta nos planteamos a nivel local la necesidad de cambiar estructuras», tras lo que expresó su confianza en que se superarán las dificultades, para lo que, según recordó, «vamos a contar con una herramienta fundamental, la Ley de Estructuras Agrarias de la Comunitat Valenciana que acaba de ser aprobada».

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