Valencia se lanza a la carrera global de los semiconductores
El Campus Internacional de Semiconductores busca convertir a la región en un hub de referencia europeo para el diseño y aplicación de circuitos integrados electrónicos y fotónicos
El corazón de la revolución digital late en un pequeño componente: el semiconductor. Estos diminutos chips son los cimientos sobre los que se sostiene la ... inteligencia artificial, la automoción del futuro, las telecomunicaciones o las energías renovables. Sin ellos no hay computación cuántica, ni móviles, ni vehículos eléctricos. Y en un mundo que compite por hacerlos más rápidos, eficientes y sostenibles, Europa y España han asumido el reto de reducir su dependencia de Asia y Estados Unidos. En ese tablero global, la Comunitat Valenciana disfruta de una posición privilegiada, como recordó hoy la consellera de Innovación, Industria, Comercio y Turismo, Marián Cano, durante la jornada 'Campus Internacional de Semiconductores de Valencia: presente y futuro', celebrada en la sede de la Federación Empresarial Metalúrgica Valenciana (FEMEVAL). «La Comunitat concentra el 60 % de la investigación y el diseño industrial español de microchips y semiconductores, y el 60 % del talento en fotónica integrada», destacó Cano. «Contamos con más de 600 empleos altamente cualificados y un ecosistema de excelencia que nos sitúa en la mejor posición para consolidar a Valencia como referente europeo en tecnología avanzada».
El contexto global respalda su optimismo. Según el informe 'Perspectivas globales de la industria de semiconductores 2025' de Deloitte, el mercado mundial roza ya los 800.000 millones de dólares, con previsión de superar el billón en 2030. Solo los chips destinados a inteligencia artificial generativa representan 150.000 millones. La Unión Europea, con su 'European Chips Act', aspira a duplicar su producción, pasando del 10 % actual al 20 % en 2030, gracias a una inversión conjunta pública y privada de más de 43.000 millones de euros. Y en ese horizonte, Valencia quiere jugar en la primera división. Por ello, la capital del Turia engrasa su maquinaria con el Campus Internacional de Semiconductores (CIS).
Qué es el CIS
El CIS es una alianza público-privada que busca reforzar la autonomía tecnológica europea desde el Mediterráneo. Agentes como Valencia Silicon Cluster (VaSiC), FEMEVAL o la Conselleria de Innovación están detrás de esta iniciativa que forma parte de la Estrategia de Reindustrialización de la Comunitat 2024–2028 y se alinea con los grandes marcos europeos (PERTE Chip y European Chips Act). Su propósito: convertir a la región en un foco de conocimiento, talento e innovación en microelectrónica y fotónica integrada. El proyecto se articula en cuatro grandes pilares:
1. Talento: captar, formar y retener profesionales altamente cualificados, impulsando vocaciones STEM y programas de movilidad.
2. I+D: reforzar la generación de conocimiento y la transferencia tecnológica hacia el sector industrial.
3. Industrialización: desarrollar capacidades en diseño, fabricación, testeo y encapsulado de chips.
4. Interacción empresarial: integrar a empresas de toda la cadena de valor, desde fabricantes hasta usuarios finales.
El CIS no es solo una idea. Es la primera piedra de una transformación industrial que quiere conectar universidades, centros tecnológicos y tejido empresarial para que el ecosistema valenciano del chip no dependa del azar, sino de una estrategia a largo plazo. El talento, ese silicio humano
Si hubo una palabra que se repitió una y otra vez durante la jornada celebrada en FEMEVAL, esa fue talento. No solo como un concepto abstracto, sino como el verdadero motor del nuevo ecosistema tecnológico valenciano. «El talento es la pieza fundamental, la que nos ha traído hasta aquí», ha subrayado Salvador Coll, vicerrector de Innovación y Transferencia de la Universitat Politècnica de València (UPV). «Gran parte de la clave del Campus pasa por cuidarlo a todos los niveles, mantenerlo y darle continuidad». En Valencia, esa semilla ya está germinando. Tres cátedras universitarias —entre ellas la de Diseño Microelectrónico y Chips Fotónicos de la UPV o la de Materiales Avanzados de la Universitat de València (UV)— forman cada año a decenas de jóvenes ingenieros e investigadores especializados en semiconductores y fotónica. Pero, como coincidieron varios ponentes, queda todavía mucho por hacer.
Rosa Donat, vicerrectora de Innovación de la UV, ha destacado la importancia de esa red de cátedras, no sin reconocer sus retos: «Las cátedras han sido y están siendo un dolor de cabeza por la gestión, pero también un éxito rotundo. Han generado interés, vocaciones y talento. Tenemos una oportunidad enorme, que debemos cuidar y potenciar». Esa «fábrica de talento» no se limita a las aulas universitarias. Desde las empresas se insiste en que la Formación Profesional será decisiva para ampliar la base de especialistas de un sector que necesita tanto doctores como técnicos de precisión.
«Echamos en falta técnicos con capacidad para mantener y operar las salas limpias que necesita la industria del chip», ha explicado Empar Martínez, secretaria general de FEMEVAL. «Por eso estamos diseñando certificados profesionales que garanticen la especialización necesaria. Hay que seguir apostando por la formación superior, sí, pero sin descuidar la FP». El Campus Internacional de Semiconductores (CIS), en este sentido, aspira a actuar como conector entre todos los niveles del sistema: desde la FP y la Universidad hasta los programas de doctorado e investigación aplicada. Su meta es garantizar la coherencia formativa, la actualización tecnológica y la movilidad de talento.
De la investigación a la industria
Un modelo de innovación no se sostiene sin transferencia tecnológica, ese puente invisible entre los laboratorios y las empresas. Así lo ha expresado Mayte Bacete, presidenta de VASIC y directora general de MaxLinear: «Necesitamos un ecosistema que cubra todos los servicios. Empecemos por la microelectrónica y la fotónica, que ya tenemos, pero añadamos la transferencia de conocimiento desde los institutos tecnológicos. No podemos cortar el impulso». Samuel Félix, responsable de Transferencia de Tecnología de AIDIMME, ha ahondado en la idea: «El Campus funcionará si es algo colaborativo. Las entidades debemos sentarnos, identificar oportunidades y transferirlas. Ese es el papel del centro de transferencia». El propio AIDIMME ya trabaja en la creación de nuevas infraestructuras, como una máquina de circuitos impresos, que ampliará las capacidades locales de diseño y testeo.
Por su parte, Fernando Gastaldo, presidente de VALMETAL y CEO de Factor, ha insistido en que la cartografía de este nuevo sector está aún en construcción: «Estamos haciendo un mapa del ecosistema, de las empresas que generan soluciones y las que las necesitan. Queremos poner al ecosistema en contacto para que empiece a fluir la innovación». Este proceso de conexión industrial será clave para que el CIS no se quede en una iniciativa académica, sino que se transforme en una palanca económica real.
En ese mismo espíritu de crear sinergias, Arturo Castelló, subdirector de València Innovation Capital (Ayuntamiento de Valencia), ha recordado que el CIS impulsará una aceleradora de startups especializada en microelectrónica y fotónica integrada. «Tenemos una oportunidad. Queremos ser el hub tecnológico del Mediterráneo. Hay que aprovechar el tren que está pasando, facilitar y aglutinar talento y proyectos. Ese es el papel del Ayuntamiento y del Campus», ha señalado. Esta aceleradora combinará formación en competencias clave, mentoría de expertos internacionales y conexión directa con empresas tractoras y centros de investigación. Su objetivo será claro: convertir ideas nacidas en los laboratorios valencianos en empresas tecnológicas de impacto global.
Gobernanza y visión europea
La innovación necesita estructura y continuidad. Como ha señalado Mayte Bacete: «Tenemos que influir en el próximo European Chips Act 2.0. Esta industria requiere años de inversión. Si no estamos ahí, se nos irá el tren. Y necesitamos garantizar la continuidad del proyecto». Para ello, como han anunciado hoy en la jornada, se está estableciendo un modelo de gobernanza para el CIS, en el que participarán administración pública, universidades, centros tecnológicos y sector privado, que permitirá ganar interlocución y posicionar a Valencia dentro de las decisiones estratégicas europeas sobre el chip. El mensaje final de Marián Cano ha sido el broche ideal para una jornada que simboliza tanto las aspiraciones como las capacidades reales del territorio: «Nuestro compromiso es impulsarla innovación, atraer proyectos empresariales y generar empleo de alta cualificación. Queremos que la Comunitat sea sinónimo de tecnología avanzada y excelencia. El nuevo campus no es solo un proyecto innovador, sino una apuesta colectiva por una Comunitat más fuerte, más competitiva y abierta al futuro». El Campus Internacional de Semiconductores de Valencia es más que un proyecto formativo o industrial: es una declaración de intenciones. Entre las aulas de la UPV, los laboratorios dela UV, los talleres de FP y los foros empresariales, se está tejiendo una red que quiere situar a la Comunitat en el epicentro de la revolución tecnológica europea. Porque si el futuro del mundo depende de los semiconductores, Valencia quiere —y puede— ser su corazón.
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