La sandía se suma a los cultivos que desaparecen del campo valenciano

Un recolector de sandías deja las escogidas en el reguero. / j. monzó
Un recolector de sandías deja las escogidas en el reguero. / j. monzó

Los agricultores dejan de producir tras sufrir años de pérdidas por precios bajos al abrirse Europa a la oferta barata de países de África y América

V. LLADRÓ

valencia. Mientras florecen en tantos ámbitos sociales y políticos consejos y proclamas encaminadas a fomentar prácticas de consumo 'km 0', que promueven la compra de alimentos de proximidad, la verdad es que cada vez son más las producciones agrarias que van menguando y hasta desapareciendo del campo valenciano, empujadas por los bajos precios que determinan una constante pérdida de rentabilidad que los agricultores no pueden resistir.

Los servicios técnicos de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja) protagonizaron ayer un hecho que ilustra de forma palpable lo que está sucediendo, en este caso en un producto tan típico de cada verano como es el de las sandías. Contactaron sucesivamente con varios asociados que en años anteriores plantaron este cultivo, con objeto de evaluar el estado de la producción, si habrá más o menos, si se empezará a cosechar pronto, qué niveles de precios se esperan... El resultado fue descorazonador: todos los agricultores consultados dijeron que ya han dejado de cultivar sandías, que no han puesto esta vez y que no lo harán más; que se hartaron de padecer precios ridículos, cada vez más pobres, y de esperar año tras otro a ver si el siguiente escampaba el mal fario y mejoraba la suerte que nunca les llegó.

No podía esperarse que fuera de otra forma. La campaña pasada se pagaron las sandías en el campo a entre 5 y 10 céntimos el kilo, cuando los costes medios están en 20. Una situación insostenible que se repite desde hace tiempo y que se agrava con el hecho de que los rendimientos decaen. Entre las plagas y las tierras 'cansadas', cada año llega antes el colapso de las plantas y se sacan menos kilos. Apenas se pueden ver ya sandías en la Huerta de Valencia, y la densidad de plantaciones se reduce continuamente en el Camp de Turia o en la Ribera, comarcas que fueron punteras tiempo atrás.

El descenso es constante. Si en 2014 se censaron 2.132 hectáreas de sandías en toda la Comunitat Valenciana, y ya era una cifra muy baja para lo que hubo, en 2018 sólo se plantaron 1.347. Sin embargo subió en el total de España hasta 2017, pasando de 9.675 hectáreas a 13.280, para bajar a 11.883 el año pasado. Otras regiones cogieron el testigo de la Comunitat Valenciana, aunque Murcia y Andalucía subieron para bajar en 2018, mientras que Castilla-La Mancha ha multiplicado por nueve su superficie, hasta alcanzar 3.679 hectáreas.

La inmensa mayor parte de la oferta que se consume en la Comunitat Valenciana llega de fuera, y no sólo de otras regiones españolas; AVA recuerda la afluencia creciente desde de países de América y África, como Brasil, Costa Rica, Marruecos o Senegal, donde radican plantaciones auspiciadas en ocasiones por firmas valencianas. Y la dependencia exterior todavía es mayor con los melones, que casi han desaparecido totalmente del campo valenciano.

Elemento esencial en esta evolución negativa es la apertura de Europa a la oferta hortofrutícola barata que llega de países africanos y americanos, con cuyos bajos costes no pueden competir los agricultores valencianos en sus campos de proximidad.