Reconversión sin ideas claras

La saturación citrícola obliga a cambiar de variedades pero nadie sabe qué elegir | La competencia en alza desde fuera de la UE complica cada vez más las ventas de la cosecha española al principio y al final de las campañas

VICENTE LLADRÓVALENCIA.

Una vez más se plantea la necesidad de afrontar una profunda reconversión en la citricultura española, y éste será uno de los temas preferentes, junto al de la modernización de las estructuras agrarias (en realidad ambos asuntos van bastante ligados), que el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, estudiará con el ministro de Agricultura, Luis Planas, en la reunión que el propio Puig ha anunciado que se celebrará a mitad de enero. La intención es sentar las bases de cómo afrontar en serio ambos cometidos, lo que incluye conseguir el compromiso del Gobierno central de que aportará fondos suficientes.

Ese es el objetivo al menos desde la presidencia de la Generalitat; al final veremos. Porque la cuestión es que, habiendo un amplio acuerdo en que hay que reconvertir muchos miles de hectáreas de cítricos, conforme se ve que coinciden las tablas de reivindicación de todas las formaciones agrarias, el problema está en que nadie sabe hacia dónde ir.

De repente ha estallado la evidencia de que nos sobra mucha oferta de variedades tempranas. Se vio algo ya en años previos, pero lo de este año ha sido definitivo. La oferta de Sudáfrica de variedades tardías es creciente y llega a Europa solapándose con la nuestra de variedades precoces, que poco combate comercial pueden presentar, en general, con la fruta que está en su plenitud de color y madurez.

Cultivos alternativos como caquis, granados o almendros también están saturados

Las cosas son como son, no como gustaría que fueran, y va siendo hora de que se convenzan muchos de que en esta situación poco se puede combatir por el lado puramente comercial. Las grandes decisiones de los acuerdos internacionales no son fáciles de voltear, obedecen a cuestiones de geostrategia y hondo calado; de altísima política. Y, además, no es muy defendible que se pretenda obligar a que el consumidor coma lo que está aún semiverde y medio seco, con el fácil argumento de que es local, cuando tiene a mano otra fruta que marca la diferencia porque viene de donde ya es primavera. Todos somos consumidores, luego podemos examinarnos por igual en lo que compramos, no nos limitemos a lo que producimos. Otra cosa es reivindicar que la pugna sea de igual a igual, sin ventajas graciosamente concedidas que asientan competencias desleales en cuanto a plagas, trazabilidad, tratamiento en frío, garantías fitosanitarias, etc.

De manera que, teniendo claro que hay que cambiar mucho de lo que ahora es de satsumas y mandarinas precoces, la gran duda es con qué injertar o replantar lo que se quite. Porque antaño estuvo claro que había que descongestionar el centro de la temporada, tendiendo hacia el principio y hacia el final. Sin embargo ahora el problema es triple: hay que huir del principio, el centro está saturado y la parte final quizás empezará a presentar problemas por la competencia de otros países, como Egipto y Turquía. Y encima tampoco se cuenta ya con las alternativas de años atrás: caquis, granados, almendros...., porque también presentan síntomas de saturación.

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