Japón mira a Parc Sagunt

Eino Brand. / lp
Eino Brand. / lp

Eino Brand y Rafael Campuzano Cofundadores de Inlet Seafish | En 1993 pasaron de competir a crear un negocio que hoy factura 55 millones y da entrada a Maruha Nichiro, el líder en productos del mar

INÉS HERRERO

Con 23 años, Eino Brand cambió su Holanda natal por Valencia, donde poco después comenzó a vender pescado, a comisión, como representante de una firma holandesa. Era el inicio de la década de los noventa y, «por casualidades de la vida», conoció al valenciano Rafael Campuzano, que trabajaba para otra compañía holandesa de pescado congelado.

«Nos encontramos en la calle, como competidores», recuerdan ambos sobre el inicio de una relación cordial que, en 1993, les llevó a fundar Inlet Seafish. La empresa, con sede en Parc Sagunt, cerró el año pasado con una facturación de 55 millones de euros y acaba de vender un tercio del negocio al gigante japonés Maruha Nichiro, la mayor compañía de productos del mar del mundo, con una facturación de 7.600 millones de euros.

De sus inicios en un piso de la Calle de Martín el Humano de Valencia dieron el salto a un congelador de alquiler en Mercavalencia, «considerado el punto neurálgico de comercialización de productos del mar y, por tanto, el lugar idóneo para comenzar» su andadura, señala Campuzano, responsable de la gestión comercial de la firma.

Brand, a cargo del área de compras, señala la mudanza a Parc Sagunt al cabo de quince años como el punto de inflexión en su trayectoria. Llegado el momento de tener instalaciones propias, con suficiente capacidad logística para flexibilizar el servicio, apostaron por instalarse en el llamado a ser el mayor polígono de Europa. En 2008 arrancó la construcción de su gigantesco frigorífico, con capacidad para 5.000 palés y una temperatura constante de veinte grados bajo cero. A los dos años Inlet Seafish se convirtió en una de las tres empresas instaladas en un enclave entonces prácticamente desierto, y que ahora roza el lleno, tras el desembarco de Mercadona y su efecto llamada entre proveedores y grandes firmas como la ilicitana Tempe, proveedora de calzado de Inditex.

Con cerca de tres décadas a sus espaldas como especialista en importación y distribución de pescado congelado -12.000 toneladas anuales- para hostelería, restauración y catering, pero también para enseñas comerciales como la cooperativa Consum, la empresa está inmersa en la ampliación de sus instalaciones para triplicar su capacidad, hasta alcanzar los 75.000 metros cúbicos y 15.000 palés.

Eino Brand y Rafael Campuzano acaban de dar entrada en la compañía al gigante japonés Maruha Nichiro, que adquirió un 33,3% de la compañía a través de su filial holandesa, Seafood Connection.

Esa alianza hace de Inlet Seafish la punta de lanza en el mercado español de la multinacional, convertida ya en un «socio estratégico» que aporta a la valenciana «mayor potencial» en España y «sinergias con las 187 empresas que posee en todo el mundo», en forma de «nuevos orígenes y mercancías que sean de interés para el mercado».

Según Campuzano, su «expectativa a medio plazo, en cinco o seis años, es duplicar la cifra de negocio actual» gracias al impulso de Maruha Nichiro. «Queda mucho por descubrir», apostilla Brand, quien no descarta entrar más adelante en el segmento industrial.

«Inlet sigue siendo el Inlet de siempre y además es lo que ellos quieren», recalca el empresario holandés, quien valora la incorporación al equipo gestor de «un compañero japonés, cuya principal función es introducirnos en la red de Maruha y ayudarnos a ver dónde están las sinergias». «Uno de los motivos por los que nos gusta este nuevo socio es porque conoce el sector de pesca, que es muy peculiar y hay que entenderlo», añade.

La empresa da empleo a una treintena de personas y cuenta con delegaciones de venta en Barcelona, Burgos, Madrid, Sevilla, Valencia, Portugal e Italia. Además, tiene oficinas dedicadas al seguimiento, inspección y compra de productos en origen en Cochin (India), Ho Chi Minh City (Vietnam), Reykavik (Islandia) y Shanghái (China).