Quien no esté inscrito en el 'Regepa' no podrá vender algarrobas

La obligada trazabilidad exige la identificación en el registro de productores agrarios | Las firmas valencianas que procesan garrofas se comprometen a relanzar el sector y velar por la máxima profesionalización

VICENTE LLADRÓVALENCIA.

Quienes no dispongan de la correspondiente inscripción en el Registro General de la Producción Agraria (Regepa) no podrán comercializar legalmente productos agrarios. Una condición que se aplica de forma amplia en el campo español, aunque hay subsectores en los que pervivían prácticas de cierta permisividad que están tocando a su fin, como es ahora el caso de la recogida y venta de algarrobas.

Las firmas valencianas que procesan las algarrobas (o garrofas) se han comprometido ante la Conselleria de Agricultura a velar por la máxima profesionalización del sector para proseguir en sus planes de relanzamiento del cultivo del algarrobo como alternativa real a otras producciones en crisis en el campo valenciano.

Los procesadores de algarroba basan tradicionalmente su actividad en trocear este fruto, separando las semillas de la pulpa. La semilla (el garrofín) ha valido dinero desde hace décadas, porque del mismo se obtienen valiosos derivados de uso alimentario, en especial la 'goma de garrofín', el aditivo natural E-410 que se emplea como espesante y gelificante. Sin embargo las valiosas semillas suponen sólo una media del 10% del peso de la algarroba, por lo que se intenta desde hace tiempo buscar para la pulpa (el 90% restante) mejores aplicaciones y con mayor valor que el acostumbrado destino de la alimentación animal.

El cumplimiento de la normativa servirá también para frenar los robos de cosechas

Los continuados esfuerzos han dado resultados y cada vez se está aprovechando más la pulpa para usos alimentarios, con una gama de productos dietéticos y componentes para enriquecer otros artículos que va en aumento. En países del norte de Europa y de América crece la demanda por este tipo de artículos alimenticios derivados de la harina de la algarroba y, en paralelo, las empresas procesadoras han desarrollado avanzadas tecnologías industriales de obtención que garantizan la idoneidad de sus productos y la completa trazabilidad desde su origen.

Una línea en alza es la ecológica, pues el cultivo de algarrobos es prácticamente ecológico por sí mismo, sólo hace falta acreditarlo según los protocolos oportunos.

Sin embargo, la cadena de suministro de la materia prima adolece hasta ahora de un problema de bajos precios, lo que ha ido convirtiendo el cultivo en marginal. El abandono de fincas ha propiciado que la aportación de la materia prima se base en cierta medida en la labor que realizan 'proveedores' de algarrobas que se limitan a recogerlas, en general de campos en semiabandono y a menudo quitándoselas a los dueños de plantaciones que aún se cuidan.

Cada verano, a partir de estas fechas, se reproducen las denuncias de agricultores que han sido víctimas de robos en sus campos de algarrobos. Esperaban a que los frutos terminaran de caer de los árboles y cuando fueron ya habían desaparecido.

Naturalmente, quienes roban algo así no es ni siquiera para consumo propio; lo hacen sabedores de que pueden venderlo de inmediato, lo que genera una espiral de la que se puede salir mediante la aplicación estricta de la exigencia del 'Regepa' y el compromiso general de profesionalizar el sector.

Como los recogedores 'espontáneos' de lo que presumen abandonado no han gastado en producir la algarroba (o cualquier otro producto), se pueden conformar con precios inferiores, y la generalización de un mercado con cotizaciones bajas desanima a los propietarios legales de los campos, que dejan de cultivarlos porque no les dan rendimiento. Lo cual ofrece a la vez más mercancía aparentemente abandonada a quienes se dedican a recogerla para venderla, aunque les paguen poco y de forma ilegal.

Como es lógico, una industria garrofera moderna y con ambiciones de crecer, diversificarse y exportar a países con alta demanda potencial para estos productos, tiene que garantizar cada día más a sus exigentes clientes la máxima trazabilidad en todos los aspectos, cosa que no se puede asegurar con la garrofa de procedencia dudosa y sin conocimiento exacto de los pasos dados durante el proceso de cultivo y recolección.

Los agricultores que solicitan cada año ayudas de la PAC quedan automáticamente inscritos en el 'Regepa'. Quien no realice este trámite puede solicitar su inclusión en el mismo en las oficinas comarcales de la Conselleria de Agricultura, acreditando las fincas que posea. La no disponibilidad del 'Regepa' impide que se puedan vender productos agrícolas, al entenderse que no los produce el interesado y se corta la trazabilidad. De este modo, el sistema sirve también para frenar los robos de cosechas.