La gran resaca de China

Varios ciudadanos chinos prueban vinos españoles durante una feria en Shanghái./Z. A.
Varios ciudadanos chinos prueban vinos españoles durante una feria en Shanghái. / Z. A.

Las exportaciones de vino al Gran Dragón se desploman por el freno de su economía, la guerra comercial y un mercado saturado

ZIGOR ALDAMACorresponsal. Shangái

En 2018 Lian Tianhong vendía una caja de seis botellas de Hello World, uno de los vinos producidos por la bodega castellanomanchega Finca La Estacada, por 420 yuanes (unos 55 euros). Ahora, sin embargo, aunque el precio en origen no se ha modificado, el mismo producto cuesta solo 360 yuanes (46 euros). «Las ventas han caído y tenemos que sacar el 'stock'», reconoce. Y el suyo no es un caso aislado.

El año pasado, por primera vez desde 2014, el valor de las exportaciones de vino a China se redujo. Y el dato fue especialmente malo para los caldos españoles, que se desplomaron un 12,6% hasta los 169,5 millones de dólares. Comparadas por volumen, las importaciones también se resintieron: un 8% a nivel global y un 13,7% en el caso de los vinos españoles. Peor incluso les fue a las bodegas locales, que redujeron su producción en torno al 37%.

Desafortunadamente, los datos relativos a la primera mitad de 2019 no son nada halagüeños. El volumen global de vino importado en China sufrió un descenso del 14,1%, y su valor cayó aún más, hasta el 19,4%. Por su parte, España continuó sufriendo más que la media: en valor, las importaciones se desplomaron un 24,2%, lo cual ha permitido que Italia le arrebate el cuarto puesto a pesar de que el volumen de sus exportaciones es sustancialmente menor, y en esa última variable el retroceso fue del 21,58%. Los vinos espumosos fueron los más afectados, con un descalabro del 27% y un precio medio de solo dos dólares por cada botella. Así, España vende cada vez menos y a menor precio.

Las ventas del sector, que presenta un problema de sobreoferta, pueden llegar a bajar un 10% este año

De hecho, se ponen en duda las previsiones que hace unos años señalaban a China como uno de los principales mercados del sector en 2020. Actualmente, según Wine Intelligence, 38 millones de ciudadanos chinos consumen vino al menos dos veces al año, y 23 millones lo hacen al menos una vez al mes.

«El principal problema es la economía china que, aunque los dirigentes quieran esconderlo, está hecha unos zorros», sentencia Alberto Fernández, director general de Torres para Asia, África y Oceanía. «Se nota en la mayoría de los sectores. La guerra comercial con Estados Unidos está provocando el cierre de muchas fábricas en el sur y el traslado de otras a diferentes países. En el caso del vino, el consumo ha caído mucho en la restauración, porque se han reducido los eventos corporativos, que es donde se bebe más. El consumo familiar es muy bajo todavía. Así, en mayo, las ventas de este canal cayeron en nuestro caso entre el 30% y el 35%, algo que nunca nos había pasado antes», explica.

«Lo primero que se quitan»

Qing Chi, directora general de WinoMi, coincide en esa percepción. «Nuestros principales clientes en China pertenecen al sector inmobiliario. Como no tienen buenos resultados, compran menos vino». Y la coyuntura también afecta al consumidor privado. «Hay una gran incertidumbre económica y el vino no es un producto de primera necesidad. Así que los consumidores es lo primero que se quitan», añade Carlos Miranda, propietario de Good Wine Trading, colaborador de la firma china Interwine, y formador en vinos españoles.

Fernández también percibe un cambio en los hábitos de la juventud, sobre todo la masculina, en la cual los 12.000 importadores de vino que operan en China habían puesto muchas esperanzas. «Están enfatizando el ahorro, salen menos y ya no tiran tanto del carro», señala el directivo de Torres. «Por otro lado, la celebración del 70 aniversario del establecimiento de la República Popular se nota mucho en el ámbito del ocio. Porque se ha traducido en un mayor control sobre el entretenimiento. Muchos clubes cierran antes y se están dando redadas que afectan al consumo», incide Fernández.

Pero el propio comportamiento del sector también tiene mucha culpa. «El número de chinos que beben vino ha crecido, pero no tanto como el 'stock' de producto», subraya Qing. Sobre todo, ha sucedido entre los vinos australianos. «Muchos chinos los han utilizado como inversión para lograr la tarjeta de residencia. Ahora lo tienen muerto de risa en almacenes. Algunos contratan a una o dos chicas para que lo vayan vendiendo, pero en realidad no se mueve», analiza Miranda.

Esto ha provocado algo impensable hace unos años: Australia ha superado a Francia, también muy afectada por exceso de 'stock', en las importaciones de vino en China. «Es una corrección necesaria para ajustar las existencias», apostilla Fernández, que no se muestra muy optimista de cara al futuro más inmediato. «No vemos que vaya a mejorar la situación. Es posible que el sector baje en torno al 10% en 2019. Nosotros estamos tratando de diversificar y de invertir en canales 'online' y puede que crezcamos un poco. Solo si la guerra comercial se termina solucionando esperamos que 2020 sea mejor», concluye.

Qing es más optimista, pero a largo plazo. «China sigue ofreciendo grandes oportunidades, pero la era dorada en la que cualquier bodega podía vender un contenedor sin apenas hacer nada ha terminado. Ahora hay que invertir muchos más recursos, comenzando por crear una buena imagen de marca porque el consumidor chino tiene mucho más conocimiento y ha elevado su nivel de exigencia», explica. No obstante, ella también cree que España cuenta con el producto adecuado «porque tiene vinos muy alcohólicos y con una gran relación calidad-precio», aunque señala que «debe invertir más en 'marketing'».

Las mujeres jóvenes y urbanas son la esperanza del consumo local

Puede que oscuros nubarrones ensombrezcan ahora el sector del vino en China, pero Carlos Miranda ve un brillante claro en las mujeres jóvenes y urbanas del gigante asiático. «Tienen un buen poder adquisitivo, interés por el vino y conocimiento creciente», señala el responsable Good Wine Trading. Además, rompen con la preferencia por vinos potentes y con altos taninos. «Buscan otros más dulces, aromáticos y frutales, lo cual propicia una mayor diversificación», añade.

Sobre todo las menores de 30 años viajan a menudo al extranjero y muestran un interés elevado por catas y cursos para adentrarse más en el mundo del vino. «También son de un trato más fácil, no participan de la cultura de beber hasta caer redondo y se guían más por los flechazos que sienten con los vinos. Lo compran de inmediato y sin regatear tanto», señala convencido Miranda.

Qing Chi, directora general de la firma WinoMi, coincide en sus apreciaciones, pero subraya que esta mujer independiente se encuentra todavía confinada a grandes ciudades como Shanghái, Pekín, o Guangzhou. «No se puede hablar de China como un mercado, porque las diferencias entre esas ciudades y el resto es enorme. El reto está en adentrarse en localidades de segundo y tercer nivel para lograr que adopten una mayor sofisticación», asegura.

Esta ejecutiva especializada en el sector también señala que el mercado del vino en China está muy polarizado. «Los hay muy baratos y otros muy caros, pero poco en la gama media. El comercio electrónico puede servir para llenar ese vacío, aunque es como un supermercado gigantesco en el que resulta muy difícil destacar. Por eso, creo que es un canal interesante solo para marcas que ya están bien establecidas en el país», indica.

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