Cae un 16% la exportación de clementinas

Cae un 16% la exportación de clementinas

Gran parte de la producción se ha quedado en los campos y lo que ha llegado a venderse ha salido a precios de saldo El aforo de cosecha anunció un 30% más, lo que obligaba a aumentar las ventas

VICENTE LLADRÓ

Cuando prácticamente está acabada la campaña de comercialización de las clementinas, y a falta de conocerse datos oficiales y globales de exportación (se difunden con dos meses de retardo), empieza a ser un clamor general que las ventas se han desplomado y de manera muy notable en el exterior, lo que induce a plantear la urgente necesidad de tomar decisiones que eviten nuevos desastres similares en el futuro.

Todas las firmas han exportado muchas menos clementinas que en la campaña anterior. La medida de descenso puede situarse en un 16%. Pero hay que tener en cuenta, además, que la temporada pasada hubo menos producción y que en la actual se partía de un apreciable aumento de cosecha, lo que debería haberse traducido necesariamente en un incremento de las ventas.

Si de salida ya había un 34% más de mandarinas en general (las satsumas también han padecido el descalabro), las clementinas aumentaban un 30% (porcentaje aún mayor en algunas variedades) y en cambio se ha exportado un 16% menos, el resultado tenía que ser catastrófico, como se traduce con toda visibilidad en la profusión de campos llenos de fruta colgando de los árboles, o que llenan el suelo. Porque los agricultores que no han podido vender sus clementinas aún están invirtiendo en esta acción extra, casi heroica, de tirarla, para que su permanencia en las ramas no condicione nada negativo y puedan volver a florecer y producir con normalidad. A ver si el año que viene hay mejor suerte...

Algunos expertos del sector comienzan a reconocer problemas de calidad de la frutaMuchas clementinas no tenían la plenitud gustativa de otros años y algunas estaban secasLas fitohormonas que se usan para aumentar los calibres reducen el jugo de los frutos

Las clementinas españolas, mayoritariamente de la Comunitat Valenciana, que antaño fueron las auténticas reinas del mercado y se llegaban a rifar y a guardar en cámaras para alargar su campaña, de repente se quedan en los árboles, se pagan a precios ruinosos y entran en una espiral preocupante de descrédito. ¿Qué está pasando?, se preguntan los citricultores en todos los pueblos. También los productores de satsumas, y los de naranjas Navelina y Nável, saldadas a precios irrisorios. Y las respuestas, lamentablemente, suelen quedan en lo más mediático, en la repetición de ideas recibidas: las importaciones que nos apartan. Desde luego, eso está ahí, pero ¿ya está todo? ¿Nos conformamos con esta explicación parcial? ¿Por qué nos aparta la competencia? Y sobre todo, ¿qué hacemos y qué podemos hacer para evitarlo?

Lo que más abunda estos días es mirar a las autoridades, a ver si los políticos resuelven algo. Y en ello andan, enzarzados en declaraciones y pidiendo cláusulas de salvaguardias hasta cuando ni siquiera existen en algún acuerdo al que aluden, y cuyas negativas consecuencias desatendieron en su día.

Entre tanto tenemos ante nosotros varios hechos relevantes que competen en ámbitos más cercanos, directamente enfocados a la producción. Las Clemenules acaban cada año antes sus campañas, se adelantan más y más y entran en descrédito comercial. Es evidente que no hay capacidad de sacar toda la producción en menos de dos meses. Ahora mismo, los exportadores ya están recolectando otras variedades que se pusieron para más tarde, como Tango, Nadorcott y Orri. ¿Influyen estrategias comerciales basadas en que son variedades patentadas o importa sobre todo que es fruta que hoy está más consistente y tiene mejor sabor en estos momentos? Se plantaron para más tarde, pero cada vez se adelanta más su recolección. ¿Estamos ante un proceso de dura sustitución? ¿Y qué pasará con todas nuestras clementinas? ¿Se tendrán que resignar los productores a perder su cuota de mercado y abandonar las plantaciones?

Los comerciantes profesionales suelen decir que ganan más con fruta cara que con la barata. Por tanto no es de su gusto pagar poco en el campo, prefieren lo otro. Ahora bien, si quien les compra no da más... Y cuando pueden, pasan a lo que tiene mejor demanda. Como las variedades de mandarinas tardías (ahora menos tardías), que están realmente de muy buen comer. Contra eso no se puede ir: el consumidor manda.

Esta es una cuestión de la que todos los expertos citrícolas hablan 'sotto voce' pero nadie se atreve a ponerla sobre la mesa. La calidad gustativa de la fruta es esencial y gran parte de las clementinas no tenían esta campaña buen 'comer'. Sería por las combinaciones meteorológicas del año, por la floración tardía, por las lluvias fuertes de octubre-noviembre..., pero faltaba cualidad gustativa, y además se notaba que la cutícula de los gajos era más gruesa y 'molesta'. Cuestión de textura.

Sin embargo, sobre estos puntos de la calidad no se dice nada en los foros, no se estudian, cuandoo es algo básico. Si una fruta 'come' bien, a cualquiera le entran ganas enseguida de repetir. Eso significa doblar o triplicar. Y lo contrario es quedarse en la mitad, o en menos, y así se determina fácilmente un proceso de hundimiento del consumo o de explosión repentina de las ventas. Y otro factor sobre la calidad: el uso y abuso de las fitohormonas. El calibre se ha convertido en factor determinante de calidad. La fruta se paga mejor si es gruesa, pero no es cuestión fácil que coja mayor tamaño, sobre todo en variedades de ciclo corto (menos tiempo para engordar). Ahí entra en juego el empleo de auxinas, que sí, promueven que aumente el calibre, pero a cambio de reducir el zumo interno. Y si el consumidor nota una fruta seca, no repite y le compra a la competencia.

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