Safta: más de un siglo yendo 'al cole' y aún más lejos

Stand de la empresa Safta en la feria Insights-X en la ciudad alemana de Nuremberg. /LP
Stand de la empresa Safta en la feria Insights-X en la ciudad alemana de Nuremberg. / LP

La empresa Safta de Alaquàs lleva desde 1908 produciendo material escolar para el mercado español e internacional. La cuarta generación de los Forment dirige la firma, fundada en la primera década del siglo veinte en un pequeño taller

Á. M.

La pizarra podrá ser negra para la tiza, blanca para los rotuladores o una pantalla interactiva. Los libros y cuadernos podrán ser en papel o digitales. Los almuerzos se envolverán en papel de periódico o de aluminio igual que el clásico chorizo, el salchichón o el pamplonés rivalizará con el chocolate en cualquiera de sus variedades sólidas o untables, pero habrá algo que un niño que va a la escuela es difícil que deje de llevar: su cartera.

Esta es una de las claves de la longevidad de una de las empresas centenarias valencianas que tiene unido su nombre al de la educación, Safta. El otro aspecto fundamental y gran secreto es haber conseguido una continuidad pese a los vaivenes de la historia y los cantos de sirena que llevaron a otros por puertos que les alejaron de su inicial vocación con suerte desigual.

Corría el año 1908 cuando Salvador Forment Barberá creó un pequeño taller en Alaquàs, donde se dedicó, por iniciativa de su hijo Salvador Forment Tárrega, a la fabricación de artículos escolares y de escritorio en madera. Ese mismo año salía el primer coche de una cadena de montaje en EE UU, pero la familia Forment no tenía idea de hasta dónde podría llegar.

El primer premio de la Lotería sirvió para impulsar la compañía hace 60 años

Con el siglo XIX recién despedido, los útiles del alumnado se concretaban en estuches, reglas, juegos geométricos, cajas para sellos o portacalendarios, que hoy se pueden admirar como brillantes trabajos de ebanistería y que en su día formaron parte de universos infantiles con pequeños jugadores del aro y la peonza, que soñaban con caballos de madera.

Sin embargo, el destino tenía guardado para esa España que se adentraba en la nueva centuria una sucesión de cambios y desventuras que terminaron por alcanzar su mayor fragor en la Guerra Civil. La familia Forment intentaba por todos los medios sacar adelante su labor. Si complejos eran los años para el resto del mundo, en el caso de ellos la desventura se cruzó entre padre e hijo en forma de dos incendios de su taller y, como si de una lucha contra los elementos se tratara, la terrible Riada de 1957, que inundó el local con ambos en su interior.

Todo parecía estar perdido y la labor de levantar el negocio en tiempos tan difíciles resultaba a todas luces titánica, pero un suceso inesperado dio una vuelta a la casa de los Forment Tárrega. El canto de los niños de la Lotería entonó el número que jugaba la madre y la fortuna tocó el hogar en todos los sentidos.

Este espaldarazo permitió que entraran en nuevos métodos de trabajo y se introdujeran en el uso de nuevas materias primas como el plástico y el nylon, con el fin de adaptar sus productos a la época de aquel momento. Ya con el hijo convertido en un veterano empresario, en 1971 la empresa se traslada a las actuales instalaciones, con más de 10.000 metros cuadrados de superficie, pasando a constituirse en sociedad anónima, con el nombre de Safta,S.A. En 1989 fallece Salvador Forment Tárrega y se hacen cargo de la compañía Salvador Forment Boscá, Vicente Forment Boscá y a su yerno, Ángel Miguel Martí Medina. Ángela, también nieta del fundador está ya entonces implicada en la compañía y será clave en el desarrollo futuro de la firma.

En enero de 1997 por motivos personales, Salvador Forment Boscá vende su participación de la sociedad a su hermano y a Ángel Miguel Martí, pero éste no será el único gran suceso de este periodo. En 2007, fallece Vicente Forment Boscá y sus acciones pasan a manos de su esposa, Elvira Climent Tello, y sus cuatro hijos. Con el cambio generacional, la empresa sigue su expansión y en el año 2009 Ángel Miguel Marti vende su participación en Safta a su cuñada, sus cuatro sobrinos y a Antonio Gómez, quedando la totalidad de la empresa en manos de la familia Forment Climent, según explica la propia firma.

Tras el fallecimiento también de Elvira Climent en 2014 la sociedad queda con cinco accionistas: Elvira Forment, Vicente Forment, Javier Forment, Salvador Forment y Antonio Gómez, tomando así el timón la cuarta generación de la familia. En la actualidad, la compañía supera los 15 millones de facturación y cuenta con un equipo de I+D que le ha permitido patentar un carro portamochila con sistema antivuelco y otras cualidades que le han permitido posicionarse con fuerza en el mercado.

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