La saga valenciana que puso el panty de moda

Establecimientos de la compañía bajo la marca Marie Claire./LP
Establecimientos de la compañía bajo la marca Marie Claire. / LP

La familia Aznar comenzó haciendo calzas de lana en el siglo XIX y terminó convertida en la reina de las medias de nylon

A. M.

Hay empresas con historia y empresas que son Historia. Cuentan en Vilafranca del Cid (Castellón) que Francisca Iñigo decidió un día que su vida tenia que ir más allá de dar hijos y cuidar la casa. «Quiero ser fabricanta», le dijo a su marido, Celestino Aznar, tratante de mulas, yeguas y caballos por los pueblos y las ferias de Cataluña, Castilla La Mancha y Valencia. En sus viajes también llevaba medias, calzas y toquillas que tejían tradicionalmente las mujeres del pueblo.

Sin embargo, 'la tía Francisca' tenía una idea mucho más industrial, gracias a que una de sus hermanas regentaba un pequeño taller de mantas en Calamocha (Teruel). En la comarca de Els Ports era tan tradicional el negocio ganadero y de artesanía lanar que el propio botánico Antonio José de Cabanilles citara al municipio en sus 'Observaciones' por la actividad textil en 1797.

La cuestión es que en 1907, su marido vendió parte de la yeguada y, con ese dinero montaron la primera fábrica de calzas de lana emplearon a cuatro hombres, diez mujeres y once niños, entre los que se contaban sus propios hijos. Esta estampa sería inaudita en la actualidad, pero hay que recordar que a principios de siglo era práctica más que habitual que se empezara a ejercer una profesión desde muy corta edad y la actividad de taller se consideraba una buena salida frente al trabajo del campo, especialmente en tierras tan inhóspitas como las de la zona.

La empresa nació del empuje de Francisca Íñigo en Vilafranca del Cid hace 110 años

Aznar asumió pronto la comercialización de la producción y, debido a sus visitas a Cataluña, en plena expansión textil, se interesó por las nuevas máquinas y el llamado 'punto inglés', que usaba la seda para la producción de medias. La compra de estas máquinas obligó a trasladar la fábrica fuera del pueblo, pero disparó la producción a pesar de padecer con mayor rigor el frío invernal, que generaba no pocos problemas por la compresión de los metales y la congelación de los líquidos lubricantes.

La calidad y los menores costes de producción que sus competidores catalanes permitió a Aznar una pujanza con la que decidió dejar el negocio de las cabellerías, aunque lo haría con un histórico contrato internacional: vendió sus mulas y yeguas al ejercito francés, que se pertrechaba al tiempo que los gobiernos cerraban acuerdos que, con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y su mujer en Sarajevo prendió la mecha de la Primera Guerra Mundial en 1914.

La nueva fortuna se destinó a adquirir maquinaria más moderna que permitía producir medias caladas o con costura, sacando más partido a la seda natural, al tiempo que se introducía la seda sintética o el 'rayon'. La Guerra Civil cortó en seco esta progresión y la siguiente generación tuvo que dedicar mucho esfuerzo para salir adelante a duras penas, pese a su simpatía con el nuevo régimen, que llevó a Celestino Aznar, hijo, a ser alcalde del municipio.

No será hasta los años 50 cuando llegue la tercer generación y se contrate al técnico catalán Francisco Senar (que llegaría a ser accionista). Esto reimpulsó la compañía, incorporando el nylon, cambiando la marca por la de Marie Claire e impulsando importantes campañas de márqueting que culminarían en los años 80 y 90 con el liderazgo en el sector en España, a pesar de la fuerte competencia internacional.

Los problemas generados por la crisis de los sectores tradicionales les llevó a vender en 1992 a los británicos de Harstone, pero seis años más tarde volvían con una complicada operación de recompra, respaldados por tres sociedades de capital riesgo: Espiga (16,88%), Bridgepoint (25,06%) y Dinamia (25,06%).

Las profundas diferencias entre los socios llevaron a consejos de administración marcados por la tensión y los enfrentamientos, terminando por salir la familia del órgano de decisión en 2005, pese a disponer del 33% del capital. Las ventas no marchaban bien y uno a uno los socios empiezaron a vender. Actualmente, la familia cuenta con diversas inversiones en el negocio agrario y financiero, conservando su condición de gran familia burguesa valenciana. Marie Claire está hoy participada por Benacantil Inversiones y la inglesa Webeba, factura 40 millones y disfruta de una buena situación económica. Mantiene la producción en España, tiene una filial en Reino Unido y produce con las marcas Marie Claire, Kler, Cherie, Onne y Andrea Bucci.

El día que Eugenia de Montijo pasó a ser Marie Claire

Los años 60 traían un aire nuevo a España. El fin de la autarquía en 1951 y la llegada a la edad adulta de la generación que nació tras la Guerra Civil hizo que surgieran estímulos muy distintos a los de sus mayores. La familia Aznar se había hecho un hueco en el mercado español de las medias con una marca que tomaba el nombre de la esposa española de Napoleón III, Eugenio de Montijo. Sin embargo, en el mundo donde la minifalda de Mary Quant reivindicaba un nuevo tipo de mujer, estas reminiscencias decimonónicas tenían poca cabida. Tras darle varias vueltas optaron por otro nombre de mujer, también vinculada con Francia: así nació Marie Claire. El éxito conseguido con el cambio les catapultó a un liderazgo que reforzó la presencia en televisión con su conocido eslogan de «Un panty para cada mujer».

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