Juan Velayos, el nuevo señor del ladrillo

Juan Velayos, el nuevo señor del ladrillo
Jesús Signes

La firma que gestiona se ha convertido en actor clave del negocio promotor valenciano en menos de dos años

Álvaro Mohorte
ÁLVARO MOHORTEValencia

Hace dos años, el nombre de la empresa que dirige era sólo conocido dentro del sector por los más inquietos, pero hoy ya es uno de los actores claves en el resurgir de la construcción de viviendas en Valencia. Neinor Homes es un buen ejemplo de la globalización de un sector que antes estaba dominado por inversores locales. El propio Juan Velayos es una muestra de este cambio.

Licenciado en Derecho por la Universidad de Abat Oliba CEU de Barcelona y MBA del IESE Business School, hoy supera en poco los 40 años con una trayectoria profesional que comenzó en Uría Menéndez Abogados, donde fue nombrado socio de las áreas de fusiones y adquisiciones (M&A), mercado de capitales e inmobiliario a los 31. De junio de 2007 a finales de 2011, ocupa el puesto de consejero delegado de Mixta África, liderando la entrada de socios financieros y de Renta Corporación, coordinando un proceso de reestructuración de 800 millones de euros en deuda y gestionando 1.000 millones de euros en activos.

Con 38 años, se incorporó a PwC para fundar el área inmobiliaria, asesorando a fondos nacionales y extranjeros en múltiples transacciones corporativas. Precisamente en este contexto entra en contacto con fondos norteamericanos como Lone Star, que recurrió a él para que en diciembre de 2014 se incorporara a Neinor Homes como consejero delegado.

«Nuestras plazas de origen eran Bilbao y el Sur. Enseguida pasamos a Barcelona y Madrid, pero con una visión de largo plazo nos orientamos pronto hacia Valencia y Málaga», señala Velayos. «Esta expansión se explica porque, desde un punto de vista macro, si quieres ser la referencia en España, no puedes dejar que estar en esta zona. Ya desde un punto de vista micro, llegar hace dos años se debe a que fue una de las zonas más castigada por la crisis y se tardó un poco más en recuperar».

«Veníamos de una época muy dura en Valencia, y los jugadores del pasado, después de 10 años de crisis, no estaban o, por edad, eran una generación que estaba de salida». Así es como «compramos todo el suelo finalista que encontramos y que encajaba con nuestras necesidades para ponerlo en actividad de forma inmediata».

Hace más de un año de eso y en este momento tienen proyectadas cerca de un millar de viviendas en Valencia, pero la lentitud de las tramitaciones ha hecho que no hayan obtenido licencia hasta ahora. Precisamente, la primera es en Malilla, donde realizaron una de sus operaciones de compra más sonadas, adquiriendo a la familia Pastor (Urbe) buena parte de la pastilla que está situada frente al Hospital La Fe.

En su opinión, el Ayuntamiento de Valencia está sobrecargado de trabajo, pero tiene equipos competentes y, a diferencia con otros consistorios de España, tiene voluntad de sacar proyectos adelante, aunque los plazos para la concesión de viviendas son demasiado largos y esto encarece los precios en un 5%, «porque el tiempo es dinero», señala.

Además, las propias reticencias al desarrollo de nuevos proyectos ha restringido la oferta, encareciendo la que hay. «Éste era un sector en el que no se había generado confianza y una visión industrial, y estaba muy vinculado a la oportunidad o, quien lo quiere llamar mal, a la especulación».

Sin embargo, no ahorra críticas a la falta de innovación en el sector. «La forma de construir no ha cambiado desde la época de los romanos. Se tarda de 18 a 24 meses en levantar un edificio porque, si llueve, se para; si un oficio no ha venido ese día porque es una empresa familiar y el hombre está en la cama con gripe, se para toda la cadena...».

Entiende que hay que desarrollar más los prefabricados y aplicar un modelo más industrial, del que no había habido necesidad hasta ahora. «Hay que ser más eficiente en la producción porque hasta este momento el margen de beneficio estaba en el suelo y no en la producción, como sí lo está en el resto de sectores». Además, considera que es una actividad muy atomizada y ni siquiera los más grandes pueden poner una fábrica de componentes. En otros países no ocurre así y Velayos plantea llevar a Neinor en esa dirección.

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