La empresa valenciana que ayuda a ordenar hasta 3.000 millones del patrimonio de las familias más adineradas con su tecnología
Fundada en Valencia en 2020, Atalaya incorpora una herramienta que aporta claridad y criterio a través de integración de datos y automatización de informes para organizar las grandes fortunas
La empresa valenciana Atalaya se ha consolidado en apenas un año de actividad comercial como uno de los actores más influyentes en la transformación ... del sector patrimonial español. La compañía, fundada en Valencia en 2020 y respaldada por emprendedores como Damià Tormo, Iker Marcaide y family offices —empresas privadas que gestionan íntegramente el patrimonio de familias de alto valor para preservar e incrementar la riqueza a través de las generaciones— como Kaiho y Sairacaz, trabaja ya con familias que, en conjunto, suman más de 3.000 millones de euros de patrimonio.
Su objetivo, como insiste su CEO Santiago Reyna en declaraciones a este periódico, no es gestionar ese dinero, sino ordenarlo, estructurarlo y ofrecer claridad en un momento crítico para la industria del 'wealth management'.
Ese momento viene marcado por la mayor transferencia de riqueza de la historia: 124 billones de dólares pasarán de una generación a otra en las próximas décadas. Y más del 85% del crecimiento neto del patrimonio ya procede de hijos y nietos con expectativas muy distintas: demandas de transparencia, tecnología accesible, información automatizada y una toma de decisiones mucho más ágil. En España, estudios de IESE y IE Knowledge Hub confirman que la profesionalización del family office es ya una obligación, no una opción.
En ese escenario, Atalaya ha construido una propuesta que combina tecnología modular y acompañamiento humano. Su plataforma integra Atalaya Data Fabric, que depura e integra todos los datos patrimoniales, y Atalaya Insights, que automatiza informes claros, visuales y actualizados. El diseño es completamente 'headless' y por módulos, con la premisa —como recalca Reyna— de que «cada familia es un mundo y la tecnología debe adaptarse a ellas», ya gestionen su patrimonio en Excel, con sistemas propios o con equipos de diez personas. La firma asegura haber reducido un 60% el tiempo dedicado al 'reporting' y aumentado un 25% la eficiencia interna de los equipos patrimoniales que trabajan con ella.
La compañía acumula anécdotas que ilustran ese cambio: desde familias en las que había que escanear grandes cantidades de documentación para empezar, hasta un cliente que dedicaba dos horas cada mañana a recopilar extractos bancarios para su director y que hoy lo resuelve automáticamente en diez minutos. Para Reyna, este es el verdadero valor de la plataforma: reducir tareas manuales, facilitar la visión global y devolver tiempo a quienes toman decisiones. De hecho, subraya que Atalaya no recomienda inversiones ni sustituye a asesores: su papel es «ordenar todo para que las familias, que ya están bien asesoradas, tengan criterio propio».
La parte tecnológica convive con un modelo relacional muy marcado: reuniones semestrales, escucha activa del contexto familiar y acompañamiento generacional. Reyna describe este proceso como una construcción de confianza a largo plazo, «sin prisas ni obligaciones de crecimiento», porque la compañía quiere ser sostenible antes que gigante. Por ese mismo motivo, explica, Atalaya se ha financiado con inversores privados sin grandes rondas externas y está cerrando ahora una ampliación interna para alcanzar el punto de equilibrio y consolidar el plan estratégico de los próximos 12 meses.
Otro de los pilares de la empresa es Atalaya Cobalt, la mayor comunidad independiente de family offices del país, donde más de 200 familias comparten oportunidades off-market, acceden a expertos, participan en programas para nuevas generaciones y fomentan una cultura de menor opacidad entre grandes patrimonios. Esta comunidad ha crecido mientras Atalaya expandía su reputación entre familias que gestionan patrimonios de mínimo 20 millones de euros, con estructuras de 20 a 30 a inmuebles, o líquidos de 4-5 millones de euros. Aunque lo relevante, insisten, no es la cifra sino la complejidad: cómo lo tengan organizado, si de forma sencilla o con un entramado societario numeroso.
La compañía —que suma 14 personas entre personal directo e indirecto— prepara ahora el lanzamiento de su IA propia en el primer trimestre de 2026, un agente conversacional construido internamente para garantizar la confidencialidad de los datos y que permitirá anticipar escenarios patrimoniales y mejorar la calidad de los informes. Junto a ello, reforzará la comunidad Cobalt, añadirá nuevas familias y cerrará alianzas con asesores fiscales, banca privada y gestores patrimoniales que podrán utilizar su herramienta con sus propios clientes.
Reyna asegura que «family offices de toda España están mirando lo que estamos haciendo» y reivindica la fortaleza del ecosistema emprendedor valenciano —Lanzadera, Columbus, Draper— como un terreno fértil que ha permitido que Atalaya «haya pasado de cuatro años predicando en el desierto» a consolidarse como referencia. Aunque contemplan salir a otros países, el CEO recalca que «España sigue teniendo muchísimo margen» y que la prioridad hoy es asentarse como socio tecnológico de referencia en el mercado nacional.
Vertiente social y futuro
Atalaya ha demostrado también su vertiente social: durante la dana de 2024 trabajó con DNA Valencia y AVE para trazar digitalmente todas las donaciones, mostrando que su tecnología también puede aplicarse al seguimiento de ayudas y emergencias.
La compañía, que no oculta la creciente llegada de consultas desde otros territorios, se prepara para un escenario en el que aumentará el número de family offices: por relevo generacional, por ventas de empresas sin sucesión o por operaciones corporativas que transforman grandes patrimonios. Y quiere estar ahí con una premisa simple: ofrecer orden, criterio y continuidad. Como resume Reyna, «nuestro propósito es acompañar y ayudar a transformar el patrimonio en una historia que continúa», una frase que sintetiza el papel de una empresa que ha emergido desde Valencia para responder a un cambio histórico en la forma de gestionar la riqueza en España.
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