Todo empezó en una Vespa

Todo empezó en una Vespa
Damián Torres

Domingo Ochoa y Miguel Castellanos son fundadores de Industrias Ochoa. El primero preside la compañía y ha recibido el reconocimiento del sector por 48 años haciendo empresa y cuatro crisis superadas

Á. M.

«Cuando vas por una autopista no puedes ir a 60 kilómetros por hora. Hay que pensar a lo grande», advierte Domingo Ochoa, director general y presidente del Grupo Industrias Ochoa, miembro fundador del Clúster de la Automoción en 2003 y premio a la Dedicación Empresarial por su labor en el sector. Junto a su hermano por parte de madre Miguel Castellanos, ha transformado en 48 años un pequeño taller en Xirivella en una referencia del negocio de la matricería y la estampación con clientes como Ford, Audi o General Motors, por citar su actividad en la automoción, que es la mitad de su producción en España y el 100% de la de sus plantas en México.

«Cuando empezamos, la empresa cabía en una Vespa», recuerda Castellanos. Su hermano y él montaban con una cortadora detrás del que iba de paquete y la caja de herramientas entre los pies del que conducía. Recibieron los primeros encargos de una empresa de calzado que necesitaba que alguien le hiciera hebillas para zapatos de señora, pero en casi medio siglo no siempre el viento sopla a favor ni es fácil mantener el barco flote.

«Hemos vivido cuatro crisis muy duras, pero hemos podido salir fortalecidas de todas», recuerda Ochoa. La primera fue la crisis del petróleo de 1973, que hizo que buena parte de la industria tradicional española cayera al no poder afrontar que se dispararan los costes de producción. Así fue como quebró su primer gran cliente y tuvieron que empezar a buscar alternativas, teniendo muy claro que tenía que diferenciarse de los demás, que sólo planteaban hacer las cosas más baratas.

Así fue como se centraron en impulsar el diseño, se abrieron al aluminio (llegando a hacer mecanismos para carpetas de anillas), incorporando ingenieros hasta convertirse en una referencia en el diseño asistido por ordenador CAD CAM y ganar unas habilidades que les convirtieron en 1984 en proveedor de piezas para la multinacional Ford en Almussafes, contribuyendo al mítico Fiesta, y desde el año 2015 contar con la Certificación Q1 que los acredita como proveedor de la firma a nivel global.

Ochoa recuerda el impacto de los vaivenes económicos de 1993, 2003 y, por supuesto, 2008, cuyo efecto demoledor les dejó entre los escasos supervivientes españoles en su actividad. Y eso que tenían poco a favor, ya que en 2007 se habían metido en la mayor inversión de la historia de la compañía. Una buena negociación de las condiciones a largo plazo y mucho esfuerzo les permitió afrontarlo.

«Esta última crisis fue resultado del dinero fácil y el ladrillo, pero seguimos cargando con el problema de los incrementos de costes y la falta de productividad», advierte. Su implicación en la ingeniería y en la innovación cree que son los motivos que les han permitido ser hoy lo que son.

«Los chinos son más baratos, pero los alemanes son el doble de caros y no tienen problemas. Se encargan de hacer las cosas más precisas, cumplen con las exigencias cada vez mayores y a ese modelo nos tenemos que acostumbrar», apunta.

Los dos hermanos se han repartido las funciones durante todo este tiempo con total confianza, destaca Castellanos, más centrado en los procesos productivos. «Si un día llega Domingo de un viaje y me dice que ha vendido la empresa, pues buen hecho estará», asegura. Sin embargo, advierte que ser familia no es garantía de nada y recuerda lo que apunta su hermano como claves de la empresa: confianza mutua, pasión, esfuerzo, constancia y entusiasmo.

En la entrega del premio a la Dedicación Empresarial que recibió el pasado jueves, Domingo Ochoa tuvo palabras de agradecimiento para su familia y sus colaboradores. Expresó su voluntad de seguir trabajando por el sector y presentó a David Ochoa como representante de la nueva generación familiar en la empresa.