Anecoop alcanzó la mayor facturación de su historia en vísperas de la peor crisis citrícola

Los buenos resultados de la campaña 2017-2018 contrastan con el pésimo desarrollo de la actual temporada naranjera y el clima derrotista que se ha instalado en el sector

VICENTE LLADRÓ

valencia. Anecoop logró en la campaña 2017-2018 los mejores resultados de su historia, alcanzando una facturación récord de 702,5 millones de euros, un 6% más, con algo menos de volumen comercializado (812.000 toneladas), y superando por primera vez los 900 millones de cifra de negocio (con casi un millón de toneladas) en el conjunto del grupo empresarial que encabeza.

También destacó la temporada pasada en sensibles mejorías de los precios de venta de Anecoop, lo que se tradujo en aumentos medios del 10% en las liquidaciones a los agricultores asociados en las 70 cooperativas y empresas hortofrutícolas y vinícolas de base.

Sin embargo, la asamblea general que celebró ayer Anecoop en Valencia estuvo marcada por un clima con hondo sabor agridulce. Por un lado, los magníficos resultados de la temporada pasada que se tradujeron en mejoras económicas para todos los socios, y por otro, la actualidad inmediata, la tristeza de estar inmersos en la peor crisis citrícola que se recuerda, lo que ha extendido un hondo sentimiento de pesimismo y hasta derrotismo en todo el sector.

Mir: «El minifundio lo tiene muy difícil. Sólo hay futuro para quien esté organizado y bien dimensionado»

Sin embargo, Alejandro Monzón, presidente de Anecoop, advirtió que «es el momento de reflexionar qué podemos hacer para hacer frente a esta situación adversa», citando la necesidad «diversificar producciones y presentaciones y optimizar la gestión para dar respuesta al consumidor y hacer que la agricultura sea económicamente sostenible».

Tras señalar la paradoja de que la asamblea «va a ser triste, cuando debería ser una fiesta», Joan Mir, director general de Anecoop, explicó que en esta campaña citrícola «han coincidido tantos factores negativos que ha sido muy difícil gestionarla». En contra de lo que suelen decir muchas voces, rechazó que haya causas unívocas, como centrarse sólo en achacar los problemas a las importaciones de Sudáfrica, si bien reconoció que hay sensibles diferencias de costes y exigencias de todo tipo entre España y el resto de la UE y los países terceros.

Monzón y Mir indicaron que no son partidarios de sistemas proteccionistas a ultranza, al estilo Trump, pero «tampoco que esto sea un coladero». Su modelo es que haya libre competencia con normas iguales para todos y reciprocidad de trato en todas las instancias.

Por otro lado señalaron que «ante todas las dificultades que se nos presentan, o nos ponemos las pilas todos, productores, comercializadores, instituciones, gobernantes..., o lo vamos a tener muy difícil». Reconocieron que hay cierto retroceso del consumo de cítricos en Europa, lo que exige «mucha publicidad y campañas promocionales que no hacemos», y recordaron que en la citricultura valenciana, como gran parte de todos los sectores agrarios, se arrastran desde hace mucho tiempo graves deficiencias estructurales que hay que empezar a corregir. Mir vaticinó que «el minifundio lo tiene muy difícil» y que sólo tendrá futuro «quien esté debidamente organizado y tenga una dimensión adecuada que le permita producir bien lo que demanda el mercado y conteniendo los costes».