Citricultores de La Plana piden la salida de la UE

La geografía citrícola de La Plana, y también de otras comarcas valencianas, presenta esta anómala estampa; campos alfombrados con las clementinas que no se pudieron vender. /
La geografía citrícola de La Plana, y también de otras comarcas valencianas, presenta esta anómala estampa; campos alfombrados con las clementinas que no se pudieron vender.

Nace en Nules una nueva asociación de agricultores que defiende la anulación de los acuerdos preferenciales con países terceros

VICENTE LLADRÓ VALENCIA.

Los intentos de constituir en Castellón una organización de citricultores al margen de las asociaciones tradicionales ha cristalizado en Nules, donde se ha constituido una Associaciò de Llauradors que integra a varios cientos de propietarios y trabajadores del campo y aspira a extenderse en otras poblaciones de La Plana.

El 'estreno' de esta nueva formación agraria tiene relevancia porque surge fuera de las ya existentes, lo que muestra gran dosis de desencanto sobre la trayectoria de las veteranas y la falta de respuestas a los problemas, y también por lo novedoso de sus actuaciones y las reivindicaciones que plantean.

Para empezar han remitido cartas a todos los ayuntamientos de las zonas citrícolas de la provincia de Castellón, proponiéndoles que aprueben mociones en contra de las políticas agrarias desplegadas hasta el momento desde todas las instancias: europea, nacional y autonómica.

Siguiendo la tendencia del 'brexit', la Asociaiò de Llauradors de Nules llega a pedir la salida de España de la UE. Algo que, evidentemente, queda alejado de lo accesible, pero que denota un estado de enfado y hasta de crispación que se va extendiendo y que tiene sus razones. Por ahí se empieza. Seguro que en Inglaterra también se iniciaría el proceso por poca cosa, o la suma de muchas pocas cuestiones.

¿Por qué reniegan de la UE? Sus planteamientos son bien fáciles de entender: «Nuestra cosecha de clementinas (Clemenules sobre todo) se ha quedado en los campos, que están alfombrados de fruta, no tenemos dinero para podar y abonar, en muchos casos ni siquiera llegamos a recibir la ayuda del 'pago único' porque somos demasiado pequeños, nadie nos atiende, se llenan la boca todos los políticos con grandes palabras pero nuestra fruta se queda sin vender, estamos en la ruina, nadie se interesa por nosotros y en cambio no paran de conceder nuevas ventajas a nuestros competidores de países terceros. ¿De qué nos vale estar en la UE?, quizás fuera seríamos como esos países terceros a los que miman desde Bruselas y los países del norte de la UE, tal vez entonces valieran de nuevo nuestras clementinas que ahora se quedan en el campo».

El descontento es amplio e intenso y alcanza a otras cuestiones. Por ejemplo, al papel de los eurodiputados españoles que votaron a favor del acuerdo de la UE con Sudáfrica, por el que los cítricos de este país pueden entrar en Europa sin pagar aranceles hasta el 30 de noviembre. La ausencia de arancel significa igualdad de precio en el mercado, pero no hay igualdad de costes en la producción, ni igualdad de exigencias fitosanitarias, ni control de plagas al entrar. Además, sumar esas ventajas preferenciales hasta el 30 de noviembre significa entrar en competencia directa con la producción local que ya está madura, aunque desde el propio Gobierno español se desmintiera (vaya metedura de pata). La propia ministra Tejerina dijo que los cítricos de Sudáfrica no molestarían a los españoles. ¿Cómo que no?, si aquí empieza la campaña el 1 de septiembre y hasta cerca de Navidad se vio fruta sudafricana en los lineales de los supermercados.

En consecuencia, los enfadados citricultores de Nules (y de otros muchos pueblos), además de cuestionar el papel de la UE, piden la dimisión de los eurodiputados españoles que votaron en contra de sus intereses y a favor de Sudáfrica. Los argumentos que exhiben son sencillos pero demoledores: «Son eurodiputados con nuestros votos, cobran grandes sueldos con nuestro dinero pero luego defienden a los que quieren apartarnos del mercado; pues que se vayan con ellos, o que cumplan para lo que fueron elegidos».

Porque una opción -remota en la práctica, pero llamativa- que ofrecen a las instituciones consiste en que se anulen los acuerdos preferenciales con países terceros que perjudican a los agricultores europeos. Cuestión de principios. Entre tanto reclaman a los ayuntamientos que retiren la bandera europea de los balcones. «Para qué la queremos -dicen- si no sentimos que nos represente, no nos defiende todo lo que significa esa bandera azul con estrellas; nuestros cítricos se pudren en el campo y nadie viene a apoyarnos de verdad».

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