Máximo riesgo en la Comunitat ante la Xylella

Máximo riesgo en la Comunitat ante la Xylella

Un mapa del IVIA indica que las zonas más proclives a ser infectadas coinciden con las áreas citrícolas

VICENTE LLADRÓValencia

El Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) ha situado sobre un mapa de la Comunitat Valenciana las áreas con diverso riesgo de infección por la Xylella Fastidiosa en los vegetales sensibles a la misma, que son más de cien especies.

La diferenciación de los distintos niveles de riesgo se basa en la climatología dominante en cada zona, sobre todo en el régimen de temperaturas mínimas invernales, y su plasmación en el mapa se identifica con cuatro colores: rojo, amarillo, azul y blanco.

El color rojo identifica las áreas de máximo riesgo y coincide casi en su totalidad con la franja más al litoral, donde se ubican mayoritariamente las plantaciones de cítricos, que también pueden ser afectadas por la temida bacteria, no sólo los olivos. La mayor parte de las áreas olivareras quedan enmarcadas por la siguiente franja, de riesgo intermedio, coloreada en amarillo, y la más al interior, azulada, con riesgo más bajo. Las zonas sin prácticamente riesgo, por ser las más frías, aparecen en blanco y únicamente son pequeños enclaves muy al norte y al oeste de la provincia de Castellón, lindando con Teruel, y también al norte de la de Valencia, en el extremo de Los Serranos y en el Rincón de Ademuz.

El IVIA recuerda que la detección de esta dolencia en Baleares representa en estos momentos «una de las principales amenazas para importantes cultivos de la Comunitat Valenciana, entre ellos olivos, almendros, cítricos y vid».

Aunque la plasmación de las zonas de riesgo en un mapa representa «resultados preliminares», proporciona «una primera aproximación de las áreas con clima potencialmente más favorable para el desarrollo de esta enfermedad, en el caso de que la bacteria se introdujera en nuestro territorio», informa el centro investigador en su página web.

Este estudio se basa en los criterios del profesor californiano Alexander H. Purcell y han sido empleados en otros países para «estimar el impacto potencial» de las dolenciasdes causadas por esta bacteria.

Lo más llamativo es que además de saber hasta dónde puede alcanzar el desastre, cuya fuente de propagación está ahí al lado, en las islas Baleares, poca cosa se está haciendo para intentar evitar que llegue a producirse. Y no es que desde la Comunitat Valenciana y los organismos de la Generalitat pueda hacerse mucho, salvo vigilar si llega el mal, puesto que el asunto está en el terreno de la autonomía balear, que hace lo que puede y da señales de estar desbordada en este campo, sin que las peticiones de ayuda sean atendidas desde el Gobierno central y desde Europa.

La Conselleria de Agricultura de Baleares sólo tiene cinco técnicos ocupados en este asunto, cuando la gravedad debería obligar a desplegar muchos más medios. Pero Baleares no tiene en la agricultura una gran fuente de recursos económicos, mucho más lo es el turismo, y de ahí que intente quedarse en un mero plan de contención, que implica eliminar sólo árboles enfermos, y no van a la erradicación, que incluiría eliminar especies hospedantes en cien metros alrededor. Intentan no lastimar su paisaje, aunque el riesgo es que pueda desaparecer casi todo, y tampoco tienen presupuesto para hacer más. Lo reclaman a Madrid y Bruselas, pero no hay respuesta, Y entre tanto, en la Comunitat Valenciana nos resignamos a ver en los mapas hasta dónde podría alcanzar la calamidad cuando la bacteria dé el salto.

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