Agricultura desde el cielo

Vuelo. Un dron evoluciona sobre un viñedo en Requena, durante la jornada organizada por COAG para mostrar a agricultores interesados las posibilidades de usos con estos aparatos. / lp
Vuelo. Un dron evoluciona sobre un viñedo en Requena, durante la jornada organizada por COAG para mostrar a agricultores interesados las posibilidades de usos con estos aparatos. / lp

La organización agraria COAG realiza una demostración práctica de estos aparatos en Utiel-Requena con el concurso de expertos en su manejo El uso de drones se extiende a labores de vigilancia y tratamientos fitosanitarios

VICENTE LLADRÓ VALENCIA.

La aumento del número de aplicaciones en las que son útiles los drones está siendo exponencial. Conforme se perfeccionan estos aparatos y crecen sus capacidades técnicas y su autonomía de vuelo surgen nuevas posibilidades de uso, o se presentan otras en las que nadie pensaba aún, pero enseguida se ponen manos a la obra los técnicos para ofrecer soluciones a lo que se plantea. En consonancia, se multiplican también las empresas que ofrecen servicios con drones y las escuelas para enseñar a manejarlos. Al mismo tiempo, las normativas van cambiando para contemplar esta nueva realidad que no va a dejar de crecer. El viernes pasado, sin ir más lejos, el Consejo de Ministros aprobó un decreto que amplia el campo de acción y dispone un marco de regulaciones, disminuyendo a la vez las restricciones para volar de noche y en núcleos urbanos.

Unas de las actividades en las que los drones han estado presentes desde el principio han sido las de agricultura y ganadería, si bien en algunos aspectos ha ido más por delante la teoría que la práctica, las expectativas que las opciones reales. Sin embargo, conforme van aumentando las prestaciones y también se abaratan los servicios, se abren las posibilidades muchos hipotéticos usuarios que veían esto muy lejano y distante comienzan a valorar que quizá convendría probar. Y de hecho se está probando, y la mayoría de los que prueban, repiten.

Con estos objetivos muy presentes, la organización agraria COAG de la Comunidad Valenciana organizó el pasado fin de semana una jornada divulgativa sobre los usos de drones en agricultura. La convocatoria contó con una parte teórica, que se desarrolló en Utiel, y otra práctica, con vuelos de aparatos, en una finca de vid en Requena.

Los nuevos aparatos llevan cargas cada vez más grandes y con más autonomía de vuelo

Para el buen fin buscado fue esencial el concurso de una empresa especializada, 'A3Sdrones', cuyos responsables, Eduardo Torres y Alejandro Aparicio, se encargaron de explicar todos los detalles, contestar las preguntas de los agricultores y realizar las demostraciones de vuelos. También se contó con la colaboración del Ayuntamiento de Utiel, la escuela de pilotos de drones 'EagleDron' y el fabricante Parrot.

Agricultura de precisión

El marco general se entronca en lo que ahora se conoce de forma extensa como 'agricultura de precisión', que consiste en lograr los máximos resultados con el menor uso de recursos y elementos de producción que sea posible y, naturalmente, sin generar desperdicios ni contaminar.

Desde ese punto de vista genérico, lo primero que se planteó con los drones, y lo que más se ha extendido, es todo lo referido a levantamientos topográficos, detección de áreas con problemas de riego o en las que se vean condiciones apropiadas para que haya ataques de plagas...

La verdad es que el abaratamiento de los drones y la incorporación a bordo de nuevos sensores y otros dispositivos permite emplearlos para cubrir servicios de detección y análisis para los que no son útiles vuelos de aviones o helicópteros convencionales o los satélites, bien porque no alcanzan el detalle de resolución requerido o porque se necesita información en tiempo real.

Todo ello está haciendo que el abanico de usos se esté ampliando sin parar y que entre las aplicaciones se encuentren ya, por ejemplo, la vigilancia contra robos de cosechas, que tanto preocupa en el campo valenciano, y la aplicación directa de productos fitosanitarios. Porque si un dron realiza vuelos para detectar grados de humedad en parcelas, conteos de árboles, comprobaciones de áreas tratadas, etc., de igual manera puede efectuar batidas para otear si hay gente extraña donde no debe y descubrir vehículos ajenos. Y del mismo modo, realizar tratamientos plaguicidas muy localizados e incluso de herbicidas.

Eduardo Torres reconoce que «esto está avanzando a pasos agigantados» y que las labores de vigilancia ya exigen hoy en día el concurso de drones. Pone como ejemplo las evoluciones de la Unidad Militar de Emergencia en casos de incendios un otros sucesos. Un dron puede servir para ver desde el aire cómo evoluciona un frente del fuego, sin necesidad de que vayan personas hasta lugares de gran riesgo, o para realizar análisis del avance de las llamas por la noche. Del mismo modo puede plantearse su utilización para eventuales rescates de personas en lugares de peligro, evaluando anticipadamente cómo deben actuar los equipos.

Por lo que se refiere a tareas de fumigación, en la actualidad hay drones preparados para efectuar aplicaciones selectivas, porque pueden cargar varios kilos (hasta entre 5 y 10) y volar, esparciéndolos, durante media hora. Cuando está a punto de agotar su energía, regresa al punto de base y tras cargar las baterías, emprende de nuevo el vuelo, retomando la aplicación exactamente donde la interrumpió.

Aplicaciones selectivas

Esto no va a sustituir, desde luego, al tractor con el atomizador que efectúa el tratamiento a toda una plantación, pero imaginen la situación siguiente, por otra parte tan habitual. Se realiza un trabajo de evaluación del nivel de ataque de araña roja en una finca de clementinos. Un dron realiza pasadas dirigidas en especial a los puntos donde los responsables de la finca saben por experiencia que casi siempre empiezan y se repiten los ataques. La información del dron es volcada a una 'tablet' u ordenador y el ingeniero agrónomo evalúa cuándo y con qué producto tratar. Por supuesto, con tractor y a toda la superficie. Sin embargo es conveniente seguir vigilando pocos días después, y quizá convenga repetir aplicaciones muy localizadas en esos puntos críticos, para lo que ya no es necesario usar el aparato grande, basta con enviar cómodamente al dron con los datos de la ubicación exacta a tratar. Y da igual que sea de día o de noche; cuando no sople viento.

En el caso de aplicaciones contra herbicidas aún parece más efectivo el uso de un dron, y ya no sólo de forma selectiva, incluso a todo el terreno. Imaginen una plantación leñosa (frutales, cítricos, vid, olivos...) El dron puede ir en línea conforme se le marquen las coordenadas, sin salirse un ápice, llegar al final y dar la vuelta por la hilera siguiente, volar a un palmo del suelo sin tropezar con nada, detectar a tiempo posibles obstáculos inesperados y esquivarlos, cargar líquido plaguicida para varias hectáreas (puede llevar producto puro o casi puro, en máquinas manuales a pilas ya se hace así a veces), y cuando se le acaba el caldo o se va agotando la carga de energía, regresa a la base para reponer lo que le falte y regresar.

Según explica Eduardo Torres, un 80% de los usuarios actuales de drones contratan en cada ocasión el servicio requerido a empresas especializadas, como la suya, pero un 20% ya tiene interés en disponer de su propio aparato, y le dan el servicio requerido, asesorando también en todo lo concerniente al adiestramiento y los permisos oficiales.

Más