Carcaixent, cuna del cultivo de la naranja en España

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Un grupo de mujeres eligen naranjas en el Almacén de la Ribera. :: Archivo del Ayuntamiento de carcaixent/
SELECCIÓN Un grupo de mujeres eligen naranjas en el Almacén de la Ribera. :: Archivo del Ayuntamiento de carcaixent

Un sacerdote plantó el primer campo de cítricos en la Ribera en 1781 en un terreno yermo y empleó norias, perforó pozos y construyó balsas de riego. Hoy una ruta recuerda el máximo esplendor de estas frutas en la comarca y su situación actual

El párroco Vicente Monzó Vidal plantó el primer campo de naranjas en 1781 en Carcaixent. Nacido en el municipio de Albaida, el sacerdote era un apasionado de la agricultura y adquirió unos terrenos en la partida de la Bassa del Rei, unas tierras yermas poco valoradas cerca de la antigua ermita de Santa Bárbara, para cultivarlos. Poco antes había probado esta fruta en el huerto del Monasterio de las Dominicas, que las empleaban para obtener mantequilla de azahar. Desde entonces le rondó la idea de cultivar estos cítricos él mismo y vislumbró un gran futuro para ellos. No se equivocó.

Monzó se unió al notario Carlos Maseres y el boticario Jacinto Bodí para lograrlo. Mandaron traer desde Murcia unos pies de limonero injertados de naranjo dulce y los plantaron en los terrenos de la Bassa del Rei pero estos eran de secano y el agua era insuficiente. Para solventar estos problemas perforaron pozos en cada cultivo, montaron las antiguas norias construidas por los árabes y construyeron balsas para riego y pequeñas casas de labor. «Sabían los de Carcaixent que los naranjos prosperan en terrenos areniscos si se benefician con estiércol y riegos; convidávales la naturaleza de los campos y el agua la ocultaba la tierra; empezaron a taladrarla con pozos, hizieron norias y convirtieron los arenales en bosques de naranjos», relató el botánico Cavanilles en sus 'Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia'.

Estas plantaciones no tardaron en proliferar hacia la Muntanyeta y el Barranquet. El sacerdote Monzó había «electrizado con su ejemplo a muchos vecinos, y ya se ve gran multitud de huertos de igual naturaleza», relató el botánico Cavanilles. Alzira y otros municipios de la comarca de la Ribera acogieron naranjales, que se extendieron por toda la costa mediterránea. Era el principio de un negocio que alcanzó su máximo esplendor en las primeras décadas del siglo XX cuando este cultivo vivió su época dorada.

La comercialización comenzó con el intercambio con los mercaderes que llegaban en burro a vender trigo. Despúes llegó la venta a otros países. El primer país en consumir la naranja de Carcaixent fue Francia a principios del siglo XIX. Hasta allí llegaban partidas por carretera o por mar. En 1826, a petición de los importadores, el fruto se envolvía en papel de estraza y luego se empaquetaba en cajas de madera, tal y como se desprende de los documentos del Archivo Municipal y que recoge la web de naranjasecologicas.com.

Este embalaje resultó ser todo un éxito. Aumentó el precio y se plantaron nuevos campos, aunque este papel moreno, fabricado en Buñol y Anna, dejó de usarse unos años después. En 1848, el comerciante mallorquín José Catalá Broseta comenzó a empapelar de nuevo el fruto como dos décadas atrás y lo hizo en el primer almacén que se estableció en Carcaixent. En 1859, sustituyó aquel papel por otro de seda blanco que comenzó a importarse del extranjero.

En 1870 el Reino Unido descubrió las bondades de la naranja y comenzó a consumirla. El primer envío, a modo de prueba, constó de medio centenar de cajas. Fueron los hermanos Fournier, dos músicos franceses, quienes, al ver los frondosos huertos de naranjos, atisbaron las posibilidades de hacer negocio. Los galos acudieron al despacho de Sagrista Coll, consignatario de la línea de vapores de Barcelona-Liverpool, para contarle su idea de exportar la «manzana de oro» al Reino Unido. En cambio, la idea agradó al agente de aduanas José Aguirre, quien a los pocos años se había convertido en el mayor intermediario entre los comerciantes valencianos de las zonas productoras y la casa corredora de frutas Dart Roggers, ampliando su negocio a la cebolla y el cacahuete, entre otros.

Poco a poco el azahar fue tomando todo el campo y el negocio que generaba provocó un gran desarrollo local. En 1854 llegó a Carcaixent el ferrocarril de la línea de Valencia a Xàtiva y una década más tarde entró en funcionamiento el tranvía Carcaixent-Gandia-Dénia. La comercialización se multiplicó gracias al ferrocarril. En plena temporada de naranja, salían cada día varios convoyes cargados de naranjas. Más de 10.000 operarios se encargaban de la recolección y confección por lo que se necesitaba traer gente de fuera. La población de Carcaixent comenzó así a crecer. Muchos de ellos se establecieron en los huertos cercanos a la ermita de Santa Bárbara, y después se levantó otro barrio junto a la Muntayeta y un tercer núcleo en las Barracas de San Antonio.

Confección de envases

En paralelo, comenzó a tejerse toda la industria necesaria para la comercialización de este producto. A mediados del siglo XIX se levantó la primera serrería para la confección de envases. Después se estableció un taller de reparación tras instalarse en el municipio en 1876 la primera máquina de vapor para sacar agua. También se pusieron en marcha varios talleres para imprimir el papel que sirve de envoltura a la naranja.

En 1916 logró el título de ciudad en reconocimiento de su prosperidad. La localidad vivió una auténtica revolución industrial con la naranja y llegó a contar con más de un centenar de almacenes.

A principios del siglo XX los cítricos se exportaban a países como Francia, Reino Unido, Alemania y Holanda. Pero la I Guerra Mundial frenó este negocio en la Ribera y también en la Safor y Sagunto. Las exportaciones volvieron a remontar alcanzando un máximo histórico en 1930, gracias a las mejoras en el transporte. Tanto es así que España se convirtió en el principal exportador mundial de naranjas. Pero la Guerra Civil española y el inicio de la II Guerra Mundial volvieron a perjudicar este comercio. El máximo esplendor de la naranja se vivió en las décadas centrales del siglo XX, con un significativo aumento en la producción y exportación. Después se produjo una crisis en el sector citrícola y en la actualidad aún tiene un peso importante pese a la fuerza que ha cobrado en las últimas décadas el sector de los servicios.

Hoy en día, la superficie destinada al cultivo de cítricos en la Comunitat ronda el 30% y es la autonomía que produce el 65% de todos los cítricos de España y la que exporta las tres cuartas partes de fruto al extranjero. Otro dato revelador es que el sector citrícola valenciano cerró la temporada 2012-2013 con un récord de ventas al exterior al colocar en los mercados casi tres millones de toneladas de mandarinas y naranjas. Alemania, Francia, Reino Unido y Países Bajos son los principales consumidores de este cultivo tradicional.

En pleno siglo XXI, la huella de la naranja es notoria en la localidad que la vio nacer. Carcaixent cuenta con una ruta que pone de relieve la importancia histórica de este cítrico. El recorrido desvela en cuatro horas los tesoros arquitéctonicos del cénit de la naranja, así como los procesos de comercialización del cultivo desde el siglo XIX hasta la actualidad. El año pasado cerca de 4.000 personas participaron en esta iniciativa. Muchos de ellos fueron escolares extranjeros (el 80%, procedentes de Francia). También la han visitado personas de Alemania, Bélgica, Reino Unido, Australia, Noruega e Italia.

La catedral de la naranja

Durante la ruta se visitan tres pilares básicos para conocer la historia de este cítrico y el porqué Carcaixent es conocido como la cuna de la naranja. La primera parada es un almacén de principios del siglo XX (1903), un edificio conocido en la comarca como «la catedral de la naranja». Se trata de una estructura de estilo ecléctico, antiguamente propiedad de la familia Ribera, que retrotrae al visitante a los inicios de la historia de la fruta dorada. Actualmente es de propiedad municipal y se utiliza para actos culturales.

Después, ya en un almacén moderno, se descubre el proceso de elaboración de las cajas de naranja, desde que el producto llega del campo hasta que finaliza su recorrido en la tienda o supermercado.

La ruta concluye con un paseo por alguno de los huertos monumentales de naranjos que existen en la localidad, un momento que permite disfrutar del aroma del azahar así como recoger naranjas directamente del árbol.

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