Calderas de biomasa para mover las bombas de riego

Un hombre descarga astillas en una planta de biomasa. :: j. garcía/
Un hombre descarga astillas en una planta de biomasa. :: j. garcía

Los regantes buscan alternativas viables a la red eléctrica

V. LLADRÓ VALENCIA.

La iniciativa de la Federación de Comunidades de Regantes de la Comunitat Valenciana (Fecoreva) no puede estar más en línea con el gran concepto de moda medioambiental de ser sostenibles: se propone utilizar calderas de biomasa para producir la electricidad necesaria que mueve las bombas de riego, sin depender del suministro de la red eléctrica.

La mayoría de los cultivos necesitan la aportación de agua de riego para tener un buen desarrollo y alcanzar producciones rentables; las plantas cultivadas se convierten al final de sus ciclos productivos en materia seca cuya eliminación resulta muchas veces problemática, lo que es particularmente costoso en casos como la paja del arroz o los restos de poda de viñedos y plantaciones arbóreas. Sin embargo todos estos residuos vegetales componen una biomasa que es energéticamente aprovechable; precisamente el material que usan las modernas calderas alimentadas por pelets o astillas de madera.

En la gran mayoría de los casos, estas calderas de biomasa se utilizan para calefacción; en algunas localidades, como Enguera o Sinarcas, para calentar lugares públicos y en redes de servicio colectivo. Así mismo se utilizan de manera creciente en sectores industriales, sustituyendo otras fuentes de energía por resultar más barato.

Como el fluido de transmisión del calor es el agua, ésta se puede emplear también para mover turbinas que impulsen generadores eléctricos. En realidad las grandes centrales térmicas de producción eléctrica son movidas por vapor de agua; las nucleares también.

Las comunidades de regantes están barajando y probando diversas posibilidades para abaratar a toda costa su factura energética. El recibo de la luz se ha puesto imposible, especialmente en lo que concierne a los términos fijos de potencia, se consuma o no. Esto encarece sobre manera el servicio porque en agricultura es habitual que durante determinados meses no se riegue, y por tanto no se consume energía. En cambio, con el actual sistema de tarifas eléctrica, aunque no se consuma, se paga por la potencia contratada, y eso supone a veces más del 40% del total.

En los últimos años ha habido negociaciones con los ministerios de Agricultura e Industria para intentar que se concediera la opción de cambiar dos veces al año de contratación, para no tener que pagar durante varios meses por lo que no se utiliza. Pero no se ha conseguido nada, pese a las múltiples promesas recibidas.

De manera que los agricultores siguen buscando alternativas. La primera, y más directa, es la de instalar paneles fotovoltaicos, cuyo precio se ha abaratado casi a la séptima parte en cuatro o cinco años, al tiempo que se ha perfeccionado el desarrollo tecnológico para su aprovechamiento directo. Se trata de utilizar la electricidad que se genere al momento, sin acumuladores. Los plazos de amortización son asombrosamente cortos: alrededor de cinco años.

Pero también es factible instalar plantas de generación con la biomasa que se produce al lado. Y aerogeneradores. O combinar varias opciones de este tipo.

 

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