El Valencia Basket del futuro

Las plantillas masculina y femenina del Valencia Basket posan en una foto para la historia del club taronja. / j. monzo
Las plantillas masculina y femenina del Valencia Basket posan en una foto para la historia del club taronja. / j. monzo

La entidad taronja saca músculo con sus equipos masculino y femenino

JUAN CARLOS VILLENA

valencia. El Valencia Basket del futuro arrancó ayer en la Fonteta. Por primera vez en las más de tres décadas de historia de la entidad, el club tendrá a dos equipos profesionales jugando en la máxima competición nacional, la Liga Endesa y la Liga Femenina. Las jugadoras de Rubén Burgos fueron las grandes protagonistas de la puesta de largo puesto que subieron ese escalón simbólico que puede asimilarse a otro techo de cristal que salta por los aires. La pasada campaña, el equipo de la Liga Femenina 2 se situó en la foto junto al filial masculino de la EBA, como cúspide de la cantera que se germina cada día en L'Alqueria del Basket. Un año después, las mujeres que defenderán la camiseta taronja en la máxima competición, con el objetivo de asentar la marca y devolver a Valencia al lugar que le corresponde por historia, compartieron espacio con los hombres de Jaume Ponsarnau. Un mismo club y dos puntas de lanza. Un espejo para los 560 niños y niñas que volvieron a soñar, mientras desfilaban las estrellas, con elegir alguna vez la música con la que ser presentado en el templo de Hermanos Maristas. Una costumbre que, con el doble de presentaciones sobre la pista, convirtieron por unos minutos la pista central del pabellón en un festival veraniego más de los que se celebran por toda la Comunitat.

La cantera es el mejor termómetro para testar el paulatino crecimiento del proyecto taronja. Esta temporada, el Valencia Basket tendrá 51 equipos, uno más que la pasada campaña y que constituye un nuevo récord para las pistas de una Alqueria que en unos días cumple un año de existencia. Sin duda, la base es un nexo de unión para todos los estamentos del club. El símbolo lo protagonizó el presidente Vicente Solá, que abandonó por unos minutos el palco para vivir, con el orgullo de un abuelo, la salida a la pista de su nieto Mateo, que juega en el Prebenjamín. Nacho Rodilla, una de las dos leyendas que tienen colgada su camiseta en el techo de la Fonteta, también vivió de forma especial el momento en el que el Cadete A saltaba al parquet. En él jugará este año su hijo, Marc Rodilla.

Marina Lizarazu tuvo el honor de ser la primera jugadora de la historia del Valencia Basket en ser presentada con todos los honores. Los decibelios subieron con la salida de las jugadoras valencianas, con el regreso de Anna Gómez o el sentimiento de permanencia de la capitana Esther Díaz como trazos más destacados. Otra jugadora de la tierra, Irene Garí, no pudo contener la emoción durante la interpretación del himno regional. No era para menos. Para las jugadoras que han picado piedra desde que Juan Roig decidió rescatar las categorías inferiores del Ros Casares tras la desaparición del primer equipo, muchas de ellas ya no están en el club pero también se merecen el aplauso, el de ayer fue un día de reconocimiento máximo. En la tarima, a la misma altura de un equipo que fue campeón de la ACB en 2017.

El presidente Vicente Solá vive a pie de pista la salida de su nieto, jugador del Prebenjamín

La presentación del equipo masculino tuvo su primer pico de intensidad con la entrada de Matt Thomas, recién llegado de masacrar los registros del concurso de triples, y se cerró con la Fonteta puesta en pie para recibir a Rafa Martínez, que se está recuperando de su operación en la rodilla. El eterno capitán. La presentación terminó, por primera vez, con la interpretación del himno nacional. Unos escasos silbidos fueron apagados con una cerrada ovación de la familia taronja.

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