Pánico a la involución taronja

El taronja Matt Thomas intenta defender al jugador del Iberostar Tenerife Thadd Mcfadden. / efe
El taronja Matt Thomas intenta defender al jugador del Iberostar Tenerife Thadd Mcfadden. / efe

Los dos partidos seguidos en la Fonteta ante el Gipuzkoa y el Andorra marcarán el futuro del entrenador catalán El Valencia Basket cierra filas para buscar salida a la crisis del proyecto de Ponsarnau

JUAN CARLOS VILLENA TENERIFE.

El Valencia Basket completó ayer el viaje de regreso más triste en lo que va de temporada. No es para menos, después de la indigna derrota frente al Iberostar Tenerife del sábado dejando para la hemeroteca la tercera peor paliza de la historia del club en la ACB (100-66). Los miembros de la expedición no abandonaron los rostros serios desde que abandonaron el Santiago Martín de La Laguna. Cuando todos los jugadores ya estaban en el autobús aún no habían salido de la zona de vestuarios Vicente Solá, Paco Raga, Jaume Ponsarnau, Juan Maroto y Borja Comenge. Un primer gabinete de crisis, después de que el director general departiera por teléfono, para intentar evitar el naufragio del proyecto en pleno noviembre.

El mayor pánico en la entidad taronja no es tener que despedir al entrenador, algo que ya ha ocurrido en otras ocasiones, sino caer en el bucle de la involución. Desde que el club tocó el cielo en junio de 2017 ganando la ACB la sensación de dar pasos hacia atrás no abandona la Fonteta. Asumida la marcha de Pedro Martínez, largamente explicada y que comenzó con el paso del entrenador de querer marcharse y la inacción del club acto seguido para querer retenerle, el nivel de baloncesto del equipo comenzó a resentirse con la marcha de tres jugadores cuyos roles, dos temporadas después, nadie ha sabido reemplazar: Luke Sikma, Romain Sato y Pierre Oriola. Esa primera vía de agua, unida a la plaga de lesiones que tienen, por ejemplo, sin jugar 14 meses a Antoine Diot, uno de los jugadores mejor pagados de la plantilla, han ido desencadenando lentamente la actual situación. Despedir a Jaume Ponsarnau sería señalar como único culpable al entrenador. El Valencia Basket cortó su relación con Perasovic en enero de 2015. Desde entonces han pasado cuatro entrenadores por el banquillo taronja. Si Ponsarnau no llegara a enero de 2019 serían 5 en 4 años. No suena a proyecto estable.

Pasado el calentón, y siempre dejando el asterisco puesto sobre las decisiones que pueda tomar hoy en club ya en Valencia, el gran problema deportivo en el arranque de temporada, la Liga Endesa, aún puede enderezarse. Con un balance de 4-5 los dos partidos que los valencianos tendrán seguidos en la Fonteta, frente al Gipuzkoa y el Andorra con el parón por medio de las ventanas FIBA, marcarán el proyecto de Ponsarnau y las opciones de salvar la Copa del Rey, el primer objetivo de cada campaña. El envite del miércoles en Belgrado servirá para testar la respuesta fuera de casa, otro de las grandes lagunas en el arranque de curso.

Antes de regresar de tierras tinerfeñas, el técnico de Tàrrega volvió a reconocer a LAS PROVINCIAS que de las cosas que menos entiende del negocio del baloncesto es la poca paciencia con los entrenadores. Ya lo expresó con el despido de Agustí Julbe en Fuenlabrada y ahora con el de Pedro Martínez en Vitoria: «Son cosas que me niego a entender pero que asumo porque forman parte de nuestro trabajo y de nuestra realidad. Lo que va a pasar es que Pedro Martínez irá a algún equipo y lo hará mejor porque es un entrenador enorme y referente». ¿Sería injusto entonces que le despidieran a usted?. Tras unos segundos de reflexión, la respuesta: «Lo que quiero es ser justo con mi trabajo y cada día vengo a trabajar para dar el máximo e intentar convencer a mis jugadores de dar el máximo. Voy a machacarme, a ser autoexigente y a mejorar y trabajar con el equipo. En Tenerife no estuvimos a la altura».

Uno de los aspectos que marcó el encuentro entre el Iberostar y el Valencia Basket fue el estado de la pista del Santiago Martín. Un problema, con los jugadores resbalando. El conjunto valenciano se quejó por el estado de la pista y Vidorreta, en su rueda de prensa, contestó a ese malestar: «Las pistas resbalan para los dos equipos. A nosotros nos pasó en Gran Canaria y respondimos igualmente. Respeto lo que diga Ponsarnau pero no creo que fuera el factor fundamental. No percibí un cambio en su plan defensivo hasta que vieron que éramos superiores tácticamente». El reencuentro con el técnico vasco de Raga y Solá fue cordial.

 

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