La octava final pasa por Tierra Santa

Rafa Martínez, Dubljevic y Van Rossom, los supervivientes del equipo que ganó la Eurocup de hace cinco años, ayer en Kazán. / j. bermejo
Rafa Martínez, Dubljevic y Van Rossom, los supervivientes del equipo que ganó la Eurocup de hace cinco años, ayer en Kazán. / j. bermejo

El Valencia Basket vuelve a la pista donde ganó su último título europeo

JUAN CARLOS VILLENA

kazán. Cuando el vuelo chárter del Valencia Basket aterrizó ayer en Kazán, tras cinco horas y media de vuelo, Bojan Dubljevic, Sam Van Rossom y Rafa Martínez no pudieron evitar esbozar una sonrisa puesto que la postal era muy parecida a la vivida hace cinco años, en un viaje que terminó con el baño de gloria del tercer título europeo de la historia de la entidad. El vuelo privado, algunos de los acompañantes más allá de la expedición deportiva que también repetían en el avión y la sobriedad de uno de esos aeródromos que trasladan a la etapa soviética, permitieron un regreso al pasado que se confirmó nada más llegar al Basket Hall, pese a que el equipo entrenó en una pista auxiliar porque se estaba celebrando un concierto. Sobre las tablas del pabellón que es un calco exacto al de Krasnodar el Valencia Basket conquistó su último título europeo, frente a un Unics donde ya jugaba Kaimakoglou pero que no se vistió en la final por una ciática.

Finiquitar hoy la serie en territorio ruso, tras el 69-64 del primer partido disputado el martes en la Fonteta, clasificaría a los valencianos para su octava final europea y permitiría soñar con emular aquellas imágenes de celebración del 7 de mayo de 2014 donde Juan Roig fue el epicentro de los festejos. El propietario del club estaba tan eufórico por el rotundo triunfo, el Unics nunca tuvo opciones de victoria, que prometió una prima doble en el vestuario, para euforia general de unos jugadores que amagaron con meterle en la ducha, y que acabó sacando a bailar a Velimir Perasovic en el avión de regreso, en una de las imágenes más icónicas en los más de treinta años del club taronja.

En caso de llegar a una nueva final lo que no se repetirá es la doble presencia valenciana que permitió una foto con la Senyera. Juanjo Triguero y Larry Abia, que saborearon el triunfo de hace un lustro, no tienen sustitutos de la tierra en la plantilla. Un hueco que, a medio plazo, deberá llenar el talento que se está formando a fuego lento en las entrañas de L'Alqueria del Basket. El legado que sí que mantiene el Valencia Basket es su apuesta firme por le jugador nacional. Otra de las postales de aquella noche mágica en el corazón del antiguo Tatarstán fue la de Pablo Aguilar envuelto en la bandera española, que no se quitó hasta el aterrizaje en el aeropuerto de Manises al borde de las cinco de la madrugada. La fiesta de celebración fue dentro del avión.

Los taronja, a batir la mejor marca de victorias seguidas en el torneo, superando las 13 de 2017

La prueba de fuego para el conjunto de Ponsarnau será de primer nivel. El Unics Kazan no ha perdido ningún partido en su pista esta temporada en la Eurocup, su balance es un impoluto 10-0, y contando la VTB se eleva a un 20-1, donde equipos como el CSKA de Euroliga no consiguieron llevarse el triunfo. Si algo quedó demostrado en el primer partido de la serie en la Fonteta es que el nivel físico será extremo, como ya quedó patente en el duelo ruso de cuartos de final entre el Unics y el Lokomotiv.

Cerrar vías de agua

En los segundos partidos de las series cortas los entrenadores siempre realizan ajustes para cerrar vías de agua. A buen seguro que Dimitris Priftis intentará contener la superioridad taronja en la pintura, simbolizada en el gran último cuarto de Will Thomas y en la sobria actuación de Tobey. Hasta hoy no podrá combatir la ausencia de Sastre, puesto que el Valencia Basket ocultó la información de su ausencia hasta que no terminó el entrenamiento táctico del Unics. En la guerra, cualquier detalle es decisivo.

En el bando taronja, Ponsarnau ya avisó nada más terminar el primer envite que su equipo debía mejorar la lectura de la defensa del conjunto ruso, que colapsó el ataque del Valencia Basket en el primer cuarto, tener una mejor lectura en el juego del pick & roll y liberarse de unos nervios que atenazaron al equipo durante el tramo en el que el Unics elevó su máxima renta de ocho.

El conjunto de la Fonteta tratará de conseguir la mejor racha de victorias en la Eurocup de su historia, en la actualidad está trece empatada con la de 2017, en un partido donde otra de las claves será el despertar de los tapados, de los jugadores que no tuvieron incidencia en el primer partido de la serie y que tienen calidad suficiente como para decidir un punto que puede ser clave. Dubljevic y Labeyrie en el bando español y Jamar Smith, Henry, que firmó un 2 de 12 en tiros de campo y Lockett, que regresa al equipo tras superar su lesión, serán varios nombres a seguir de cerca.

Una de las claves del partido, que afecta a los dos equipos, será la mejora en los porcentajes de tiro. En el primer episodio de la semifinal, el punto de mira desviado llevó a un acumulado de 10 de 44 en triples. Un porcentaje muy alejado del habitual tanto en el Valencia Basket como en el Unics. Tan sólo Matt Thomas y McCollum afinaron la puntería. La mejora en el tiro fue una de las claves que apuntó ayer Dimitris Priftis, el técnico griego del conjunto ruso, tras el entrenamiento vespertino de su equipo: «Tenemos que mejorar con respecto al primer partido aspectos como mantener la calma en el último cuarto y jugar nuestro baloncesto. No me sorprendió el potencial del Valencia Basket el martes porque todos sabemos que es uno de los equipos más fuertes de la competición, uno de los favoritos al título». La anécdota de su rueda de prensa fue su rostro cuando fue preguntado por la prensa valenciana por el aspecto ambiental, clave en la Fonteta: «Nuestros seguidores no son tan pasionales».

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