«El lunes volvemos»

Los aficionados que
 acudieron a la
 Fonteta no dejaron
 de animar hasta el
 final. / irene marsilla
Los aficionados que acudieron a la Fonteta no dejaron de animar hasta el final. / irene marsilla

La Fonteta sufre con el equipo desde la distancia y se cita con la misma ilusión para el partido definitivo con el deseo de levantar la Eurocup 1.500 personas no paran de animar al Valencia Basket a 1.794 kilómetros de Berlín

LOURDES MARTÍ VALENCIA.

«Entregue la meua vida i el meu honor al Valencia Basket. Esta nit i totes les que estan per vindre. Sóc l'energia que porta la passió...». Es parte del 'juramento' de los aficionados del conjunto taronja en la final de la Eurocup. La entidad se ha inspirado en la serie Juego de Tronos para motivar a los seguidores en estos partidos definitivos y relegar del trono al Darussafaka turco y que el Valencia Basket lo ocupara en 2019.

La grada taronja tiene asumida su misión. A 1.794 kilómetros del Mercedes-Benz Arena, en la Fonteta, alrededor de 1.500 personas se dieron cita para ver el partido que estuvo a punto de darle la Eurocup al Valencia Basket. El marcador se convirtió en una estructura con cuatro pantallas. Una a cada lado. No había detalle que perder. Fernando Sahuquillo acudió desde Torrent junto a tres amigos: «Nos planteamos ir a Berlín pero no pudimos por trabajo, al final para verlo en nuestra casa, decidimos venir aquí, que es también nuestro hogar y así hacer valer el factor Fonteta».

Maxi y Pam saludaban, animaban, se fotografiaban con los aficionados ataviados con camisetas naranjas, senyeras y bufandas. El club había facilitado aplaudidores. Faltaban cuatro minutos para arrancar la final y los asientos de las gradas centrales se iban llenando poco a poco. El primer tiempo fue de calentamiento. Pocos cánticos. San Emeterio fue el primero en levantar de sus butacas a los aficionados. Antes del descanso, caras de concentración y sufrimiento por ir por debajo en el marcador. Los niños se olvidaron del mal resultado momentáneo. Centenares de pequeños aficionados aprovecharon para pisar el parqué en el que juegan sus ídolos y lanzar a canasta. Todo valía para intentarlo. Globos, pelotas de basket, de fútbol, balones de playa. Era su momento. Dejar la oportunidad de sentirse San Emeterio o Labeyrie no entraba en sus planes. Nunca el entretiempo fue tan entretenido.

Mientras, los adultos fueron a las barras del pabellón a comprar algo que llevarse a la boca. Eran las 21 horas y el hambre apretaba. Un porción de pizza por aquí, un cartón de palomitas por allá. Refrescos y sobre todo agua para aclarar la garganta. Quedaba mucho por delante. «¿Reservar fuerzas para el lunes?, no», afirmaba Pablo. El Valencia Basket se metía en el partido y la afición, con ellos. Cuanto más sonaban los pitos en el pabellón alemán, más gritaban en Valencia. Sonidos totalmente opuestos. «Dos minutos para ser campeones», comentaba Cynthia. «Nos ha traído aquí casi a la fuerza porque nunca habíamos visto un partido de baloncesto, pero creo que nos hemos enganchado... es muy emocionante», interrumpía su amiga Marta.

Van Rossom fue el que desató la locura, una vez más. Sonó la marcha Radetzky. La Fonteta se paró durante 9,2 segundos. 83-83. Prórroga. Los asientos se volvían incómodos. Ya no quedaban uñas. El Alba Berlin se escapaba por momentos: «Cinco puntos de diferencia a falta de un minuto de la prórroga es mucho», decía Óscar a su amigo. Pero un triple de Van Rossom, otra vez, devolvió la ilusión. Pam no podía estar quieto. «Sí se puede», bramaba la grada. La Fonteta silbó a Sikma. Un ex de Valencia Basket posponía la fiesta para el lunes. En el mismo lugar, 20.30 horas. Esta vez sí o sí, la Eurocup debe ser para Valencia.