San Emeterio: «Es más seguro invertir en Coca-cola que en un piso»

Un veterano. El cántabro, de 35 años, posa en las gradas de la Fonteta./Jesús Signes
Un veterano. El cántabro, de 35 años, posa en las gradas de la Fonteta. / Jesús Signes

El jugador cuenta su vida a través de sus dos grandes pasiones: el baloncesto y las inversiones

CAYETANO ROS

Al preferir las canchas a los quirófanos (sus padres han sido médicos), Fernando San Emeterio labró una carrera asombrosa como jugador de club y de la selección. A los 35 años, sigue compitiendo y preparándose para la vida detrás de las canastas. Este domingo se presenta, en su cuarta temporada, con el Valencia Basket (La Fonteta, 19.00 contra el Burgos).

Pregunta. «No sé cómo lo he hecho», declaró hace casi10 años tras cruzar la cancha, anotar y darle, tras el tiro libre adicional, la Liga al Baskonia frente al Barça. ¿Se deja llevar por los instintos?

Respuesta. No, soy bastante reflexivo, frío, pero fue un momento especial: venía de un año con pocos minutos en Vitoria y un verano en que se me comunicó que me buscara equipo. Al final me quedé y lo viví así.

P. ¿Cómo se controla la tensión entre la canasta y el tiro libre?

R. Primero sales corriendo, hay euforia por haber empatado, después miro y veo que quedan décimas para el final, calma, que si meto el tiro libre, la liga está. Encima el Barça venía de ganar la Euroliga y era el megafavorito. Concentración y pensar que no tienes que hacer otra cosa que algo que haces muchas veces, con más presión. Y lo tiras. Creo más en tirarlas 'cagao' y meterlas 'cagao'..., claro que el brazo se encoge, pero hay que superarlo. Hay gente que dice: 'A mí no me afecta'. Pues claro que sí, hay que meterla con miedo.

P. ¿Y cómo evitar que se encoja el brazo?

R. Entrenándolo y creando la tensión con apuestas de dinero con un compañero, por ejemplo, poniéndote en situaciones parecidas, o el recuerdo de otros partidos.

P. Tras ese clímax, ¿piensa que ya no vivirá nada mejor?

R. Esos momentos hay que saborearlos, pero son muy efímeros. Al día siguiente, la vida sigue. Siempre tienes la ilusión de que vuelva a pasar.

P. ¿Qué le ha hecho perder los nervios?

R. Pocas cosas, algún momento de frustración, pero soy tranquilo: si tú haces bien tu trabajo, eres disciplinado y sigues tus rutinas, siempre irá bien.

P. ¿Su primera canasta?

R. Mi padre me compró una canasta para la habitación y fuimos a coger piedras al río Pisuerga para el contrapeso. Mis padres casi se olvidaban de mí, metido horas en la habitación. Después me apuntaron a la escuela del Fórum.

«Creo más en tirar las canastas 'cagao' y meterlas 'cagao'..., claro que el brazo se encoge, pero hay que superarlo»

P. ¿Algún precedente familiar?, ¿eran muy altos en casa?

R. Mi padre es neurocirujano y mi madre intensivista, los dos médicos. Mi padre mide 1,84 y mi madre 1,72, medio altos, pero nada... Yo, 1,98, altura suficiente para jugar al baloncesto, pero tampoco nada que llame la atención fuera. Ellos veían el baloncesto como una distracción a los estudios. En Bachillerato, yo sacaba malas notas y tuvieron el dilema de si sacarme del baloncesto para centrarme en los estudios. Acertadamente, me dejaron seguir, que es lo que a mí me apasionaba. Ellos no tenían la ambición de que fuera jugador; yo sí.

P. ¿No pensó en ser médico?

R. Nunca, desde pequeño les preguntaba a mis padres qué había que estudiar para ser jugador de baloncesto. Ellos me inculcaron ser normal, ser humilde e intentar ser el mejor en lo que hagas con trabajo y humildad. Esa ha sido mi carrera y mis padres están orgullosos. Cuanto más trabajas, más suerte tienes.

P. Pero sin talento tampoco llegas. ¿Cuál es el suyo?

R. Técnicamente siempre se me ha dado muy bien llegar al aro con la mano derecha. Ahora, con la edad, hay que buscar otros recursos. Y dominar un poco todo: no he sido un 10 en nada, pero sí un 7 en muchas cosas.

P. ¿Cómo ha evolucionado su juego?

R. Un compañero, Chapu Nocioni, me dijo hace siete años:'Tienes que empezar a jugar de espaldas al aro, a postear porque, con la edad, ya no se llega de cara al aro sino de espaldas'. Es así. Casi naturalmente he ido buscando eso y se ha convertido en una baza de mi juego.

P. ¿Ha sido muy listo en la cancha?

R. Eso dicen, no he sido físicamente un portento y eso lo tienes que compensar con ver lo que va a pasar antes de que pase. Saber cómo está el equipo, cómo está el rival, cómo puedes ayudar.

P. ¿Los jugadores de baloncesto son más inteligentes que los de fútbol?

R. Eso es un mito como el de las rubias y las morenas. Habrá de todo.

P. ¿Quién le ha impresionado en una pista?

R. Juan Carlos Navarro, no solo por lo que se ve, sino que, cuando lo conoces, te das cuenta de que mentalmente era muy fuerte. Él decía: 'aquí y ahora' y así era en los momentos claves. Y lo que está haciendo ahora la selección es en parte ese legado.

P. ¿Qué entrenador le ha marcado?

R. Te marcan con los que juegas bien. Manel Comas fue el primero que apostó por mí; Dusko Ivanovic te hace ver que lo te da te los has ganado con tu sudor (e hice el mejor baloncesto); y luego también Pedro Martínez en una etapa de desarrollo en Girona y luego en Valencia con esa Liga en un año espectacular.

P. Usted ha sido un matagigantes: derribó al Barça con Baskonia y al Madrid con el Valencia Basket. Es una historia holiwoodiense.

R. Me gusta ese rol. Hubo otro que lo logró: Walter Herrmann ganó con Unicaja y Baskonia. Una Liga con uno de estos equipos se saborea más. En el Madrid y el Barça son clubes donde el fútbol es lo más importante. O ganarla por primera vez en Valencia, donde ibas por la calle y en vez de darte la enhorabuena te daban las gracias. Nos impactó.

«En un mundo globalizado, la economía crece. Esto crece y no para. Y cada vez son más países que entran en el primer mundo»

P. ¿Qué diferencia a la afición del Valencia de la del Baskonia?

R. En Vitoria el baloncesto es algo muy arraigado, es casi una religión en una ciudad mucho más pequeña, mucha masa social. Aquí es una ciudad grande, con mucha oferta de ocio, la gente que viene es porque le apasiona y cuando tienes que estar. En el playoff de la Liga y de la Eurocup fueron espectaculares. Está creciendo y ahora más con el posible nuevo pabellón.

P. ¿Dónde hay más presión?

R. Allí vas al supermercado y todo el mundo te comenta; aquí se dispersa mucho más. Pero al final la presión te la pones tú mismo y solo sientes la de fuera cuando las cosas van mal.

P. ¿Qué le sigue motivando?

R. Me encanta la sensación de competir y medirme a compañeros y a rivales. Hay días y días, pero como ahora se entrena tan poco porque hay tanto partido, pues mejor.

P. Al final, ¿siguió estudiando?

R. Estudié hasta Selectividad y mis padres, casi por no tener mala conciencia, me apuntaron a una carrera: Periodismo. No fui ni por la facultad y al año lo dejé. No me arrepiento pero ha sido más adelante cuando he tenido más inquietudes más allá del baloncesto.

P. ¿Cuáles?

R. El mundo de la inversión y las finanzas.

P. ¿Su primera inversión?

R. Una casa que compré en Valladolid con mi segundo sueldo.

P. ¿Y la última?

R. Un piso en Valencia, que es donde creo va a ser nuestra residencia. Invierto en Bolsa a través de los fondos de inversión, el mejor activo para conservar el capital y hacerlo crecer.

P. ¿Ha ganado más o ha perdido?

R. Sí, va creciendo, no es una inversión en Bolsa de especulador, sino comprar en fondos de inversión que confían en empresas y esperan su crecimiento.

P. ¿Entiende la Bolsa?

R. Lo entiendo bastante bien todo. Hay una parte de la que hay que huir, pero hay otra parte muy buena: la economía no para de crecer y las empresas buenas también.

P. ¿La economía tiene un crecimiento ilimitado?

R. En un mundo globalizado, la economía crece. En 2008 tenías la sensación de estancamiento, pero si echas la vista atrás 30 años, en los setenta, te das cuenta de que esto crece y no para. Y cada vez son más países que entran en el primer mundo.

P. ¿La inversión más segura sigue siendo el mercado inmobiliario?

R. No. Es más seguro comprar acciones de McDonalds o de Coca-cola que un piso. Coca-cola se seguirá vendiendo.

P. ¿Dónde aconseja invertir?

R. Yo compraría el Índice Mundial, donde están todas las empresas del mundo (las más grandes, Google por ejemplo, pesan un poco más), y me olvidaría de un dinero que no vas a necesitar en 10 años. Las que vayan mal se saldrán de ese Índice. Un 5% es lo que te da históricamente.

P. ¿Mercadona estaría en ese Índice?

R. Mercadona, desgraciadamente, no cotiza en Bolsa y no está, pero sería un 'empresón' para comprar y olvidarte. Es una de esas empresas que crece y crece. Yo sin duda invertiría si saliera en Bolsa.

P. ¿Qué le parece estar sin Gobierno tantos meses?

R. Buff, no sé, yo como invierto a largo plazo y muy globalmente, es algo que no me afecta.

P. ¿Qué ha pagado de IRPF?

R. Pues bastante desgraciadamente porque 'sablan' bastante. Te sabe mal que te quiten algo que te has ganado currando. El deportista profesional gana bastante dinero, pero luego no ganará. Y si ahora te quitan mucho, ¿quién te lo dará luego cuando no haya ingresos?

P. ¿Cuál es su plan b?

R. Algo vinculado al baloncesto: entrenador, director deportivo, asistente, entrenador de cantera; o algo nuevo como esto que me estoy formando: orientar a jugadores nuevos y asesorarlos financieramente.

P. ¿Cuándo se retira?

R. Tengo contrato hasta este verano, pero mi idea es seguir jugando hasta que no dé más. No me planteo parar de momento.

P. ¿Nos recomienda un libro o alguna serie?

R. Soy más de libros y de videojuegos. No era muy lector, pero desde hace cuatro años estoy leyendo mucho; 'Todo se puede entrenar', de Toni Nadal, muy recomendable para entender cómo se le ha educado a Rafa para ser así. La filosofía es contraria a lo nuevo, hacer sufrir en la manera cómo Rafa entrenaba, no buscar excusas, para forjar ese carácter que tiene. El superarse a uno mismo, el disfrutar sufriendo, el estar cómodo en la incomodidad, para ser mentalmente duro y no rendirte ante cualquier adversidad. Algo importante que como padres (tiene una niña de siete años, Daniela) debemos pensar: estamos sobreprotegiéndolos demasiado.

P. ¿Va a educar así a su hija?

R. Pues sí, me gustaría pero cuesta. El baloncesto no le va. Prefiere el tema artístico: la música, teatro, cine, la rama artística.

P. ¿Le da rabia no haber entrado en la selección española para el Mundial?

R. Sí, porque he estado muchos años y me hubiera gustado, pero hubo entendimiento con el seleccionador: no se me podía garantizar un puesto entre los 12, e ir a pelear un puesto que, biológicamente, me iba a desgastar para luego no ir. Era un riesgo innecesario.

P. ¿Tuvo el sueño americano?

R. Sí, pero mi juego, por mis condiciones físicas, no encajaba en la NBA.

P. ¿Cuál ha sido su principal fracaso?

R. Aquel año en el Baskonia me prometí a mí mismo que, si me quedaba, se iban a arrepentir. Y así fue. Ese año fue para escribir un libro, una historia brutal, yo buscando equipo, se lesiona un jugador, se va otro y sabía que si jugaba bien, cuando volvieran los lesionados, no me podrían echar.

P. ¿Qué espera de esta temporada?, ¿qué piensa de Ponsarnau?

R. Es un entrenador que le gusta más convencer que exigir. El jugador lo hará 100 veces mejor convencido que si lo hace obligado. Ponsarnau se ha asentado en esa figura de entrenador ya de Euroliga. Es complicado porque es Euroliga y hay grandes equipos, pero vamos a hacer un buen año.