Un enigma llamado Pablo Pérez

Pablo Pérez, con la camiseta del Valencia Basket. :: acbphoto/
Pablo Pérez, con la camiseta del Valencia Basket. :: acbphoto

El base ha terminado su cesión en Valladolid y dispone de contrato hasta junio de 2017

JUAN CARLOS VILLENA VALENCIA.

El presente de Pablo Pérez en el Valencia Basket es complicado de analizar, puesto que para hacerlo hay que poner encima de la mesa múltiples factores y la mayoría de ellos no son objetivos, sino percepciones sobre el recorrido que puede tener en el baloncesto profesional teniendo en cuenta su talento. La perla manchega fue la última apuesta de cantera del conjunto taronja fuera de la Comunitat, puesto que en las últimas temporadas el timón de la entidad de Juan Roig con respecto a los equipos de base se ha virado para centrarse en los jóvenes talentos de la tierra, que tendrán cabida en el ambicioso proyecto de LAlqueria del Basket. No hay más que analizar las plantillas de los equipos punteros de la ACB desde infantiles hasta juniors para darse cuenta de que la entidad de la Fonteta no ha entrado en los últimos años en la 'carrera de los becados', algo que tiene cada año en la Minicopa ACB un efecto demoledor. Nunca se sabe el sistema que es más fiable pero lo que es un dato objetivo es que, en la actualidad, Pérez es la última perla, con permiso de Josep Puerto.

La presión, de momento, no se puede decir que haya sido positiva para un jugador del que se lleva escribiendo demasiado tiempo que estaba destinado a reinar en la Generación del 97. El desarrollo físico de los deportistas de cantera suele marcar el futuro más inmediato de los mismos, y con el manchego ese está siendo otro de los motivos que puede estar frenando una progresión que ha dejado de ser exponencial en los últimos años.

El Valencia Basket sabe que tiene que tomar una decisión con el base, que tiene contrato con la entidad hasta junio de 2017. Sin traumas, puesto que lo primero que el club ha buscado siempre con el jugador es la mejor formación personal y deportiva. Aunque el conquense sigue siendo muy joven, cumplió 19 años el 27 de febrero, está en un momento donde no puede quedarse en tierra de nadie. El recorrido en Valencia es muy extremo con el actual modelo, donde te haces un hueco en el primer equipo o en el conjunto de Liga EBA. Pablo Pérez esta en medio, puesto que el cuerpo técnico del equipo ACB considera que no está preparado aún para ocupar una de las doce fichas, no se va a dar baja a ningún jugador para darle entrada aunque el puesto de base esté resentido desde la lesión de Van Rossom, pero tampoco sería comprensible que en el último año de contrato se evalúe su capacidad a medio plazo en la actual cuarta división del baloncesto español.

El pasado verano, Chechu Mulero decidió que una cesión a LEB Plata era una buena oportunidad para que evolucionara, puesto que en la Fonteta no iba a pasar de entrenar con el primer equipo teniendo por delante a Van Rossom, Vives y Diot. El caso es que, tras su cesión en un gris Valladolid, descendido, las dudas no se han disipado. Más allá de los números, los informes que ha traído el base desde Pucela siguen indicando los altibajos ya detectados en su última temporada de taronja. La calidad del jugador es indiscutible. El paso que ahora tiene que dar es intentar paliar el evidente déficit de progresión física con otros jugadores de su rango de edad.

«Los últimos escalones siempre son los más difíciles». Esa es la definición con respecto al presente del base que hizo ayer Chechu Mulero a LAS PROVINCIAS. Cuando Pablo Pérez llegó a Valencia en 2011 procedente del Estudiantes, junto a su hermano Alberto, el desparpajo de ese chaval de 14 años ya había comenzado a asombrar al baloncesto español. Dos años después, tras el oro en el Europeo U16 de Ucrania, la ilusión fue en aumento. Perasovic confió en él tras una buena pretemporada en 2013 donde suplió la presencia de Van Rossom en el Eurobasket. El 19 de octubre de ese año se convirtió, con 16 años, 7 meses y 23 días, en el jugador más joven en debutar con la camiseta del Valencia Basket. Dos años y medio después, su futuro es una incógnita.

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