Pau Ribas: «Aceptar jugar sin que te paguen es como prostituirse»

Pau Ribas: «Aceptar jugar sin que te paguen es como prostituirse»

Pau Ribas, escolta del Valencia Basket, destaca que la clave de la temporada ha sido la unión y que Rafa Martínez y Lishchuk «tienen una influencia máxima en el equipo y la afición»

JUAN CARLOS VILLENAVALENCIA

Pau Ribas es el ejemplo perfecto de que se puede charlar tranquilamente con un deportista al que sacar algo más que los tópicos habituales. Y mejor hacerlo sin la vorágine de la competición. De forma tranquila. El escolta catalán quiso compartir unas horas de sus vacaciones con LAS PROVINCIAS, y volvió a demostrar que no tiene pelos en la lengua.

La remontada en Barcelona. «Llegabas al hotel y sentías que el equipo tenía cosas que no habías visto en otros vestuarios. Fue una oportunidad muy grande».

El arbitraje en la ACB. «Hay que ser mentalmente más duro aunque los errores fastidian. El respeto arbitral se gana con el tiempo. Ser juez no es nada fácil».

El cambio de Chechu Mulero. «El nuevo director deportivo nos conoce más. Siempre hay que ver el lado bueno, creo que nos podremos comunicar mejor con él».

-¿Aún tiene en mente la gran temporada que han firmado?

-Hicimos una gran temporada pero, personalmente, me hubiera gustado hacer un poco más. Pero lo más importante es que fue una gran campaña para el club, la afición e incluso para la ciudad.

-¿Fue una lástima no poder rematar una faena de sobresaliente?

-El equipo tenía potencial para llegar a la final de la ACB y haber luchado por el título. Fue una pena porque, lo digo por experiencia, estas cosas no pasan habitualmente a la mayoría de jugadores. A veces no aprovecharlas es una pena.

-Acabada la ACB, lo que queda claro es que la Liga se hace muy larga y el playoff muy corto.

-Estoy a favor del sistema de playoff. La temporada regular es muy larga y no hay igualdad de condiciones. Porque no es lo mismo disputar un partido por semana que jugar dos cuando tienes Euroliga o Eurocup. Lo más justo es un playoff, y más justo aún porque todo el mundo lo sabe al principio. No vale de nada decir aquello de hemos hecho una gran temporada regular pero hemos llegado justos al playoff. Lo más importante es que nos ganamos el respeto en la liga regular y también en las eliminatorias.

-¿Cambiaría el sistema de competición?

-La Liga es muy larga, y más como está montado aquí donde los equipos entrenan mucho y fuerte. Es una pena que el final sea tan rápido. Te pongo el ejemplo de la eliminatoria contra el Cajasol. Fueron grandes partidos contra un gran equipo. Y sólo fueron tres, puedes tener un mal día y te vas fuera. La Liga Regular es tan larga que te da oportunidad a meter muchas veces la pata, eso le resta importancia. Se tendría que cambiar el formato, aunque hay muchos intereses y es complicado hacer feliz a todo el mundo.

-También habría que cambiar alguna regla más.

-Tendría que reinar la lógica, no puede ser que tengas lesionados y no puedas poner a un jugador tuyo en playoff. Es absurdo, porque además estás pagando su contrato. No poder hacer cambios penaliza al equipo, a la calidad del playoff, al espectáculo y a la ACB.

-¿Y el formato?

-Hay muchos equipos que luchan por nada, pocas plazas para disputar las competiciones europeas y casi siempre nadie baja ni sube. Son cosas que penalizan al espectador. No me imagino a un aficionado del Burgos, que llevan dos años ascendiendo sin poder jugar la ACB, que motivación puede tener la próxima temporada.

-¿Ejemplos como el de Burgos simbolizan el delicado momento del basket español?

-Para nosotros al fin y al cabo es nuestro trabajo, y te pagan para jugar y ganar partidos. Y si no juegas en un sitio lo harás en otro, aunque hay un componente emocional que afecta. Pero el verdaderamente afectado es el aficionado, que paga para ver a su equipo y ve que pasan cosas no deportivas ya sea para subir a ACB o jugar Euroliga. En el baloncesto actual no se cumple en ocasiones la esencia del deporte.

-Que tu afición te ovacione tras caer eliminado sí que es esencia del deporte.

-La afición lo vio así en ese momento pero también durante la temporada. Sentimos que han estado muy orgullosos por el trabajo y el rendimiento del equipo. Para mí el carácter y el orgullo te sirve para devolver el 2-2 a Valencia en semifinales y el plus ganador es lo que te lleva a la final. Hicimos un buen partido pero los equipos grandes son los que consiguen esas cosas. Como hizo San Antonio, que perdió la final en 2013 y se levantó para ganarla este año.

-Es un buen espejo para ustedes en 2015.

-No sabemos si seremos un año más viejos o jóvenes porque aún no sabemos que equipo vamos a tener al completo. Sabemos que será más complicado porque jugaremos Euroliga y hemos dejado el listón muy alto, pero en Valencia quiero hacer más cosas. Y la ilusión nadie me la quita.

-Veo que sigue dándole vueltas a lo de la oportunidad perdida.

-Es jodido porque sabes que estas cosas pasan pocas veces. Meterle mano al Barcelona no es fácil y más en las condiciones en las que se produjo la remontada, con poca gente. Llegabas al hotel y sentías que el equipo tenía cosas que no habías visto en otros vestuarios. Fue una oportunidad muy grande que perdimos por pequeños detalles.

-¿Ha visto repetido el quinto partido de la semifinal?

-Lo vi la misma noche. Es difícil explicar cómo el hambre o la ambición en ocasiones no te dejan tomar buenas decisiones, pero no creo que el problema fueran los últimos minutos. Antes tuvimos momentos de precipitación cuando veíamos que nos remontaban. Ellos exprimieron mejor sus opciones.

-¿Afecta en la pista la labor arbitral tanto como parece desde fuera?

-Es distinto a otros deportes, porque tienes más oportunidades de sobreponerte a eso. Hay que ser mentalmente más duro aunque los errores fastidian. Hay equipos que se saben sobreponer más a esas cosas. Y eso también forma parte de la experiencia, el respeto se gana con el tiempo. Hay jugadores más respetados que tienen más fácil presionar. Ojalá algún día tengamos ese status.

-Vamos, que los errores son como una balanza.

-Seguramente hemos sido beneficiados en algunos partidos. Ser juez no es nada fácil y mientras lo hagan con humildad y objetividad para mí los errores arbitrales tienen poca importancia.

-¿La clave de la temporada fue que el vestuario no se desconectó y que aceptó la exigencia máxima de Perasovic en el trabajo?

-Ha habido suerte por la dinámica mental de los jugadores y del equipo. Hay jugadores que funcionan mejor con exigencia y otros con manga ancha. La suerte ha sido que hemos encontrado un grupo que quería ganar, que le daba igual entrenar mucho. Podías estar más cansado o no, pero lo que queríamos era ganar partidos.

-Le llaman Cultura del Esfuerzo a eso.

-Quien diga que pensábamos en jugar el quinto con el Barcelona tras el 0-2 es mentira. Lo único que queríamos era ir al tercero y ganarlo. Y luego ganar el cuarto. Hemos tenido a grandes profesionales y a gente que se ha dejado la piel hasta el último segundo. Eso es difícil de encontrar en los tiempos que estamos.

-Chechu Mulero le calificó de 'revoltoso' en una entrevista a LAS PROVINCIAS. ¿Su personalidad es buena o mala en su trabajo?

-No se si eso es bueno o malo. Si te beneficia o no. Lo que está claro es que me siento cómodo como soy. Habrá compañeros o entrenadores que les guste más y otros que sea al revés. Era un chaval que medía 1,60 cuando tenía catorce años y era así ya. He tenido la suerte de cruzarme con mucha gente que me ha ayudado a saber que se puede hacer y que no. Pero la esencia mía es la que es. Tengo claro quien me gusta ser.

-¿De qué jugador ha aprendido más este año?

-Hay muchas cosas de muchos jugadores. Pero destacaría a Rafa, porque después de una temporada en la que mucha gente decía que no era el jugador de antes dio un paso adelante. Siendo tu rival de posición es muy complicado, y siempre ha sido el primero en ayudarme cuando no estaba bien o lo pasaba mal por ciertas cosas. Eso es difícil de ver en compañeros que juegan en tu puesto, y más cuando acababa contrato con 32 años. Lo más fácil hubiera sido decir yo voy a lo mío y que se espabile. Hay pocos jugadores de la calidad personal de Rafa Martínez.

-¿Se ha sentido desaprovechado esta temporada?

-Me he sentido demasiado diferente a lo largo de la temporada. Cuando vuelves de una lesión necesitas un tiempo, pero había momentos que me sentía importante y otros menos. Pero eso es porque el equipo es un gran equipo. Aunque es obvio que he tenido una importancia diferente a la de la temporada anterior.

-¿Y cuales son los motivos?

-La pasada temporada el equipo era distinto y necesitaba que el balón pasara más por mi mano. Este año me ha tocado actuar más desde la oscuridad y tienes que adaptarte a todo. A todo el mundo le gusta brillar en el sol, pero hay muy pocos que brillen en la oscuridad. Aunque este año he metido alguna canasta que ha decidido una eliminatoria. Ahora lo que tengo es que seguir mejorando.

-Rafa Martínez ha renovado su contrato y el club ha expresado su deseo de renovar a Lishchuk. ¿Es importante retener a los símbolos?

-En el deporte actual es muy importante que se valoren a las personas, a los símbolos de los equipos. Más aún cuando el rendimiento de esos jugadores ha sido bueno y cuando ese gran rendimiento se traslada al vestuario y muchas áreas.

-¿Los capitanes han sumado esos dos rendimientos?

-Han sumado más de dos. No se la filosofía del club pero en mi equipo siempre tendría a Lishchuk y a Rafa Martínez. Y no sólo aquí, en cualquier equipo. Son jugadores que le aportan a Valencia Basket unas cosas que otros no lo hacen. Su implicación y influencia es máxima en el equipo y en la afición. Son cosas que también se pagan en el deporte.

-¿El compromiso es el motor del deporte profesional?

-En el deporte es un error mezclar sentimentalismos. Si en la pista aportan, esos jugadores son válidos para un equipo. Y si encima se suma ese compromiso, es un valor inmenso. Los jugadores con más implicación rinden mejor, eso no me lo puede negar nadie.

-¿Ha sorprendido en el vestuario el cambio en la dirección deportiva?

-Sorprende primero la marcha de Toni Muedra porque dentro de la plantilla no era una opción que se contemplaba. Porque su trabajo ha sido bueno para el club. Pero está claro que la entidad toma decisiones para mejorar, y ahora todos tenemos que seguir trabajando para ello.

-Ahora tienen a un nuevo director deportivo que les conoce a la perfección.

-El efecto que tiene en la plantilla es mínimo aunque está claro que ahora tendremos un componente diferente con el nuevo director deportivo porque nos conoce más y lo conocemos más. Nos podremos comunicar mejor, siempre hay que ver el lado bueno. Y luego nadie sabe si Chechu Mulero puede llegar a ser el mejor director deportivo.

-¿La gran pérdida en el cambio es para Perasovic?

-El trabajo de Chechu Mulero en el cuerpo técnico ha sido muy bueno porque se acoplaron muy bien el primer y segundo entrenador. Ahí están los resultados. Pero ahora hay que confiar en la figura de Carles Durán, que también viene a darlo todo para ayudar a mejorar al equipo.

-¿Los cambios en las plantillas son el mejor ejemplo de que el aficionado debe enamorarse del escudo?

-Si se va un jugador viene otro. Lo que permanece es el club. Y lo digo yo que soy de Badalona. De pequeño me acuerdo de muchos jugadores, pero lo que más recuerdo es que era de la penya. Y eso te acompaña toda la vida.

-Aunque no me negará que, puestos a elegir, mejor el rendimiento de un jugador como Doellman aunque sepa que se marcha.

-Eso es lo mínimo que se le debe pedir a un deportista, y más a nosotros que somos de élite. Hay mucha gente detrás que trabaja y la esencia de nuestro deporte es dar lo máximo.

-¿Se va a cumplir el deseo de Juan Roig de un Valencia Basket en la Final Four?

-Es un deseo de Juan Roig y mío porque como jugador lo que me queda es ganar una Euroliga, aunque de momento está lejos. Tenemos que forjar un buen equipo y que nadie dude que trabajaremos para llegar a lo máximo, nuestra ambición siempre es mejorar. Porque si no yo no estaría en Valencia.

-Aunque no siempre los equipos ganadores son los que ganan títulos.

-Recuerdo a aquel Valencia Basket que casi se mete en una Final Four con Pesic. Disfrutaba viendo como estaba la Fonteta y como jugaba aquel equipo. Esas cosas no son títulos pero son páginas históricas para que todo el mundo las recuerde. A eso es lo que aspiramos.

-¿Ese ejemplo simboliza también al actual Valencia Basket?

-Este año no llegamos a la final de la ACB pero siempre se recordará que siete jugadores le ganaron dos veces seguidas al Barça en el Palau. Eso me gusta, como parte de este equipo y como aficionado al baloncesto. No sólo se vive de títulos, también se vive de sensaciones y de emociones. Y tengo la suerte de haber vivido grandes gestas con el Baskonia ganado la ACB o con el mejor Joventut de la historia después del que ganó la Euroliga.

-Porque el baloncesto puede cambiar en un instante.

-Pongo un ejemplo. Uno de mis mejores amigos en el baloncesto es Fernando San Emeterio. Decían que se iba de Vitoria y al año siguiente el equipo ganó la ACB con una canasta suya y al siguiente fue MVP. Y mucha gente le decía 'no sirves', cada uno que piense lo que quiera.

-¿Cómo parte activa de la ABP sigue defendiendo el actual sistema de cupos?

-Defendemos lo que nos parece normal y bueno para el baloncesto nacional. Los que quieran defender otra cosa, que lo hagan. Y no lo hago por mi, porque ya tengo 27 años y no tengo problemas en mi carrera deportiva. Pero he sido entrenador de jugadores que ahora tienen 18 años y espero que haya varios que tengan carrera, me sabe mal que tengan menos oportunidades de las que he tenido yo.

-Esa es la teoría. ¿Pero la práctica no es que los cupos se han quedado obsoletos?

-Los cupos nacieron con una filosofía y está claro que, como todo en la vida, hay gente que lo utiliza para bien y otros para mal. Ese es el problema. La medida intentó proteger a los jugadores de aquí, para que pudieran jugar en su propia liga. Y eso beneficia a la ACB y al aficionado. Hay gente que lo habrá utilizado para ganar más dinero, pero lo más importante es el bien común.

-Explíquese.

-He vivido mucho baloncesto porque mi padre ya jugaba. Y ahora me da pena que no haya un Barça con Epi, Solozabal y Jiménez o un Joventut con Jofresa, Villacampa o Montero. Y los pabellones llenos. Todas esas cosas hay que recuperarlas, porque la afición estaba más identificada entonces.

-¿Aceptarían el mercado libre si los clubes triplicaran la inversión en la cantera?

-Ese paso se ha dado cambiando el concepto de cupos españoles por el de jugadores formados aquí. En nuestras canteras. Y el cambio es a mejor, es más justo. El problema es la intención, porque ahora en los campeonatos de categorías inferiores ves a todos los equipos con la mitad de la plantilla extranjera. Y ahora los agentes se mueven con jugadores de 14 años. Siempre hay interesados en este mundo, y el mundo del baloncesto no es una excepción. Es muy complicado encontrar el camino correcto.

-¿Qué rescataría de la época dorada de la ACB?

-Lo que echo de menos, como aficionado, es que la gente se sienta identificada con un club. Con una idea y con unos nombres. Ahora se mueven en la ACB los jugadores más rápido que en la NBA, donde los cambian como cromos. Eso no ayuda a la estabilidad.

-Eso suena apocalíptico.

-Hay jugadores que sí lo hacen, que permanecen. Y volvemos a lo de antes. Con la renovación Rafa cumplirá aquí ocho años. Y Lishchuk de momento lleva cinco. Son ejemplos reales, como el Barça de Navarro o el Real Madrid de Felipe Reyes. Creo que el aficionado quiere eso.

-¿Y se atreve a poner la frontera donde la ACB viró su camino?

-Hubo un momento donde alguien descubrió que había otro baloncesto distinto, donde la moda era empezar a fichar jugadores de fuera. Y donde el dinero se movió muy rápido. Pero hemos llegado a un punto donde el baloncesto no interesa como interesaba antes. Eso es así de duro.

-Pero la selección, por ejemplo, sí que interesa.

-La selección tiene un apoyo espectacular y ese es un ejemplo de lo que quiere el aficionado. Al aficionado de la Fonteta seguro que le gustaría ver a más valencianos en el equipo. Pero las cosas no nacen de la nada, se trabajan con el tiempo. Si hay pocos es porque tenemos un problema, porque con la estadística de población deberían salir más.

-¿Ese trabajo depende sólo de la cantera del Valencia Basket?

-No hablo de la cantera del Valencia Basket sino del basket valenciano. Pero igual que salieron Luengo, Rodilla o Claver tienen que salir más. Hay que dar esas oportunidades. ¿De quien están colgadas las camisetas en la Fonteta? Eso no lo puede negar nadie. El Manresa que ganó la ACB tenía a Creus, Capdevila, Peñarroya o Singla. Que me diga ahora alguien de carrerilla la plantilla del Manresa. Y el año que viene serán otros.

-Eso usted también lo ha vivido en Badalona.

-Recuerdo ir a una cena del Joventut siendo pequeño. Era jugador de la cantera e iba con mi padre porque estaba invitado como exjugador. Y una señora, que tenía más de ochenta años, le dijo a mi padre que ya no iba al baloncesto porque disfrutaba más con aquellas generaciones de la penya. Esa imagen me quedó marcada. Jugarían mejor o peor pero eran de allí. Cuidar a la gente de la casa es lo mejor para enganchar a la gente al baloncesto.

-¿Los culpables sólo son los clubes?

-El problema no es del jugador sino de la ACB. Lo que se promueve es lo que hay, y no me siento cómodo con el baloncesto actual.

-¿Hay que eliminar el derecho de tanteo?

-No tiene sentido que los clubes hablen de mercado libre cuando se mantiene el derecho de tanteo. ¿En qué empresa uno cuando acaba su contrato está atado por una regla así? Aquí la empresa tiene el derecho de igualar una oferta aunque el jugador decida jugar en otro equipo. Que no tengas decisión propia cuando acabas un contrato no es normal. Es legal porque existe una norma en una liga privada, pero dentro del estatuto de los trabajadores lo dudo.

-¿Es lo único que cambiaría?

-En el baloncesto hay muchas cosas que hay que regular, porque por ejemplo los pagos no te los garantiza nadie. Y en los últimos años hemos visto ejemplos dolorosos en la ACB.

-Como en Valladolid.

-Hay situaciones que no son buenas para nadie. No entiendo como los jugadores han podido acabar la temporada allí. Porque no vale todo, tener a un equipo que gana tres partidos penaliza a la ACB, hace que los partidos contra ese equipo no los vea nadie y que la liga sea peor.

-¿Ha sido un precedente peligroso?

-Es un precedente peligroso porque ningunea el trabajo de mucha gente. Y hace que nuestro trabajo tenga mucho menos valor. Recuerdo que hasta no hace nada para ganar en Valladolid las pasabas putas. Si no perdías el partido, que también era normal.

-¿Hace autocrítica como miembro de la ABP en ese ejemplo?

-Siempre habrá algún jugador que diga yo quiero ir a jugar a Valladolid y me da igual que no me paguen, porque es un escaparate y el año que viene tendré un mejor contrato. Aceptar jugar sin que te paguen es como prostituirse.

-Acabemos con una sonrisa. ¿Su convocatoria para la selección es una recompensa al trabajo?

-Ir a la selección es un premio al trabajo en tu club, significa que haces bien las cosas. Todo el mundo quiere jugar un Mundial o unos Juegos Olímpicos. El que diga que no es mentira. Pero la mala suerte que hemos tenido en mi generación es que por delante hemos tenido a un grupo muy muy bueno. Así es el deporte, cuando hay jugadores mejores que tú lo único que puedes hacer es entrenar y trabajar.