El destino cruzó hace doce años a Rafa Martínez y Lishchuk

Rafa Martínez y Lishchuk saludan a los aficionados del Valencia Basket. /
Rafa Martínez y Lishchuk saludan a los aficionados del Valencia Basket.

El Europeo de Lituania en 2002 sirvió para que los dos jugadores se conocieran

JUAN CARLOS VILLENA VALENCIA.

En julio de 2002, las selecciones U20 de España y Ucrania disputaron la primera fase del Europeo de Lituania en la localidad de Alytus. Y en aquella concentración se conocieron dos jóvenes llamados Rafa Martínez y Serhiy Lishchuk. Siete años después el destino cruzó sus vidas, tras el fichaje del ucraniano por el Valencia Basket. Aquel recuerdo del Europeo fue el primer argumento que utilizó el catalán para que el recién llegado, que mostró una gran timidez en sus primeros días, se sintiera como en casa. España ganó aquel partido de la primera fase 71-75, aunque Lishchuk tuvo una mejor actuación que su actual compañero, al anotar 15 puntos y capturar 4 rebotes. En el día a día del conjunto taronja son como Zipi y Zape. Inseparables. Y el mejor símbolo para que esa amistad sea eterna se produjo en Kazán, cuando levantaron juntos el título de la Eurocup en una imagen para la historia del basket español.

Durante las celebraciones de ayer por las calles de Valencia LAS PROVINCIAS quiso unir a los dos amigos durante unos minutos. Aunque tan sólo hacen falta unos pocos segundos para darse cuenta de que entre ambos hay un 'feeling' especial. «¿Qué quieres, que nos besemos?», bromeó Rafa al fotógrafo ante la carcajada instantánea de su compinche ucraniano. Lishchuk se emocionó al recordar cómo se gestó el momento de la recogida de la Eurocup en tierras rusas: «Me ofreció levantar la copa juntos y durante el partido me lo recordó. Fue un gesto muy importante para mí y que me acompañará toda la vida».

El capitán del Valencia Basket tiene claros los motivos por los cuales el pívot se ha convertido en uno de sus mejores amigos. «Es más que un compañero, me ha apoyado siempre en los buenos y malos momentos. Siempre ha creído en mí, me ha tratado muy bien y lo considero parte de mi familia», reconoce mientras Serhiy redobla el tratamiento familiar al definir lo que supone el de Sampedor: «Es mi hermano de sangre. Los dos somos de la generación del 82 y es muy buena persona. Estamos cinco años juntos y me hizo mucha ilusión cuando vine recordar aquel Europeo en Lituania».

Martínez recuerda que el gran ambiente en el vestuario de la Fonteta fue clave para la adaptación del ucraniano «porque cuando llegó a Valencia nunca había salido de su país y le ayudamos para que su adaptación fuera buena, porque tenía un poco de miedo al llegar. Nos dimos cuenta muy pronto de que se trataba de una persona excepcional. Recuerdo que, junto a compañeros como Matt Nielsen o Víctor Claver, le acogimos desde el primer instante como uno más de la familia».

Lishchuk no se cansa de repetir que se siente como un valenciano más, y su amigo confirma que no se trata de ninguna pose: «Su sentimiento valenciano es real. Es verdad que estamos habituados, sobre todo en el fútbol, que se exageran las cosas pero puedo asegurar al cien por cien que adora Valencia y que se siente como uno más. Si por él fuera estaría aquí toda la vida». Hermanos de sangre, familia... ¿Renovación para los dos? «Ojalá. Pero como siempre digo el deporte da muchas vueltas y nunca sabes donde puedes acabar», puntualiza Rafa.