Los brotes verdes del nuevo pupilo de Ferrer

Carlos Gimeno golpea de derecha dutante la final de ayer. /AFP/Ben Stansall
Carlos Gimeno golpea de derecha dutante la final de ayer. / AFP/Ben Stansall

Recién cumplidos los 18, su éxito en Londres debe servir como punto de inflexión tras dos años lastrado por una lesión en el pie

Moisés Rodríguez Plaza
MOISÉS RODRÍGUEZ PLAZAValencia

Hace cuatro años, Carlos Gimeno estaba casi en el mismo lugar que hoy. Acababa de ganar la Copa del Sol y recién iniciada la adolescencia se veía en la rampa de salida de una carrera tenística. Sabía que había dejado atrás los tiempos en que cogía las palas de madera en la playa o la raqueta en la pista con fines lúdicos. Quería ser jugador profesional y pronto iba a comprobar lo complicado que es hacerse un hueco entre los mejores. Una lesión en el escafoides le ha lastrado hasta el punto de pasar casi tres años parado.

«Es muy duro de aceptar cuando te sucede algo así. Has de mentalizarte de que no hay que tirar la toalla, aunque parezca que ese mal momento no va a pasar», recuerda Carlos Gimeno. Sufrió una fractura por estrés, estuvo un año parado y, después de disputar tres torneos, tuvo que volver a detener su carrera. «En este tiempo he mejorado mucho físicamente, pero sobre todo me ha servido para ser más fuerte mentalmente», indica el valenciano: «Lo he comprobado esta semana, especialmente a la hora de no irme del partido y seguir centrado tras perder un primer set».

Aquel chaval que entrenaba con Paco Almendros, se puso después en manos Javier Giménez. De toda esta travesía por el desierto, cuando se le pregunta a quién está especialmente agradecido, cita a Miguel Maeso y al fisioterapeuta Ramón Punzano. Desde hace alrededor de un mes trabaja en la academia de David Ferrer, de quien en poco tiempo se ha convertido en alumno aventajado.

Mochizuki, hijo de un taxista que ha entrenado con Nishikori, no bajó el ritmo en todo el partido«No he estado cómodo y he cometido fallos tontos. Han influido los nervios», admite Gimeno

Ha entrenado en pista con Javier Martí e Israel Bier, aunque en ocasiones lo ha hecho también con el propio extenista de Xàbia. «Antes de venir a Wimbledon me dijo que tengo que sacar bien, cortar los golpes, jugar abierto y, sobre todo, ser muy agresivo», indica el valenciano. ¡Y vaya si lo ha hecho!

Sólo el muro japonés Mochizuki ha podido frenar a Gimeno en su primer torneo en hierba. «Siempre he sido un jugador de arcilla, pero me he sentido muy cómodo sobre esta nueva superficie», precisa. Brotes verdes, y nunca mejor dicho. Sabe por experiencia que ahora no debe tener prisa. «Primero haré el Campeonato de Europa esta misma semana y luego, ir avanzando en los Futures», señala, sin marcarse ningún plazo y sin precisar si irá al US Open júnior.

«Es cierto que después de este torneo tengo una buena ocasión para despegar», admite Carlos Gimeno. Terminar de pulirse para ser el tenista que lleva dentro el niño que empezó a jugar a las palas en la playa de La Pobla de Farnals y que soñó ser como Djokovic.