El Zurdo es un triunvirato

Tres hermanos. Hugo, Domi y Emi Peris gestionan el trinquet de Bellreguard. / m. r.
Tres hermanos. Hugo, Domi y Emi Peris gestionan el trinquet de Bellreguard. / m. r.

La cuarta generación de trinqueters considera que la pilota debe ir hacia los grandes eventos y convertir las canchas en un punto de encuentro

MOISÉS RODRÍGUEZ

Emilio Peris quiso ser jugador de escala i corda. «Decían que no se le daba mal, tenía mucha fuerza», destaca Hugo, su hijo mediano. Pero no. La vaqueta le reclamó para una misión mayor: convertirse en el paladín del raspall. Cuando tenía 23 años, Domingo, su padre, sufrió una trombosis y tuvo que hacerse cargo de Gandia, el trinquet de referencia en la modalidad. «Tenía dos hermanos, uno mayor, pero él cogió las riendas. Destacó por su carácter y personalidad, pero era lo que tocaba. Entonces las figuras eran hombres con peso en la sociedad», indica Domi, su vástago menor. «Dedicó su vida a la pilota. Nació en el trinquet de Gandia y murió cuando iba a una reunión para conseguir dinero para la Fundación», señala Emi, el primogénito. Emi, Hugo y Domi son el triunvirato de la cuarta generación de El Zurdo, la empresa con más historia en la gestión del deporte autóctono.

«¿Qué nos deja el papá? Pues un oficio. Una forma honrada de ganarnos la vida y que nos ha inculcado desde pequeños», comenta Emi. «Estábamos preparados para llevar la empresa; para que se fuera ya, no», indica el hijo mayor de Emilio Péris. Fue el primero en entrar en el negocio de la pilota, aunque sus dos hermanos ya hacían sus pinitos antes de que cerrar el trinquet viejo de Gandia. «¿Quién es el patriarca? Celia, nuestra madre. Cada uno tiene su forma de pensar y ella es la que hace un poco de enlace», subraya.

«Mi padre ya no estaba al pie del cañón, pero era una especie de embajador, hacía de relaciones públicas», comenta Domi. Emilio Peris insistió a sus hijos que aprendiesen a marxar partidas, a llevar escuelas de pilota y dejó en sus manos el día a día del trinquet de Bellreguard, el que gestiona la empresa familiar desde un año antes del cierre de la cancha de Gandia.

«Ya se había quedado obsoleto», apunta Emi. Los tres hermanos coinciden con que el futuro pasa por abrir el nuevo trinquet de la cabecera de la Safor. «Igual que Valencia, son plazas que no puedes comparar con el resto. Hemos de olvidar la pilota tradicional, ir a eventos importantes y captar público para esos días», reflexiona el mayor de los Peris, que precisa: «Bellreguard no lo dejaremos. Es una marca y nos acogió como su fuera nuestra casa cuando cerramos el viejo trinquet de Gandia».

«La ilusión de mi padre era que el nuevo se convirtiera en un sitio de encuentro. Que pudieras vivir la partida en la escala, pero también estar hablando o mirar el móvil sin miedo a recibir un pelotazo», indica Hugo. «A pequeña escala, que el trinquet sea como el palco de los campos de fútbol, lugares donde se cierran negocios. Él recordaba que cuando no había móvil la gente acudía allí en busca de otros a los que sabía que iba a encontrar. La partida era algo secundario», añade.

Los Peris apuntan que el nuevo trinquet se empezó a construir con esta vocación. «Una instalación moderna, que hay muy pocas así», incide Domi. Pero la obra se paró por falta de financiación. También hay un problema con el Ayuntamiento de Benirredrà, el término con el que linda y que amenaza con volver a acudir a los juzgados si se retoman los trabajos. «Ya les archivaron la primera denuncia», destaca Hugo.

El triunvirato de gestores de El Zurdo admite que el futuro de la pilota y el suyo es incierto. «No sabemos cómo va a funcionar la Fundación, pero de una forma u otra nosotros seguiremos estando», señala Emi. «Desde luego estamos ante una ocasión para dar el cambio», reconoce el mayor de los Peris.

Hugo y Domi se habían marchado un instante. Regresan con la caja del material para arreglarse las manos. Van a jugar a raspall con dos amigos. «No somos una empresa al uso. Queremos lo mejor para la pilota, que eso nos beneficia a todo», señala Domi. Los tres tienen clara esa máxima que les inculcó Emilio Peris, el padre, al que tienen siempre presente. «Hoy habría venido un rato a vernos, y seguro que nos diría que no jugamos nada», concluye Hugo con una sonrisa.