Pilota valenciana

Waldo escribe su epílogo en casa

Waldo Vila, ayer en el centro del trinquet de Oliva durante el homenaje. / José Tomé
Waldo Vila, ayer en el centro del trinquet de Oliva durante el homenaje. / José Tomé

«Ahora ya sí puedo decir que me he retirado», asegura tras el homenaje en Oliva | Cientos de aficionados, pilotaris y familiares se congregan para reconocer a la mayor figura del raspall: «Sueño que sigo jugando»

Moisés Rodríguez Plaza
MOISÉS RODRÍGUEZ PLAZAValencia

«Un pilotari nunca se retira. Muchas noches sueño que sigo poniéndome los dedales y jugando», comentó Waldo Vila con los ojos vidriosos. Hablaba ante cientos de personas: aficionados, compañeros de losas que lo han sufrido y otros ahora en activo que lo tuvieron como referencia, y familiares. «La verdad es que me he emocionado al ver a los que estaban y pensando en los que no», admitió a la salida de su casa, el trinquet de Oliva, donde la mayor leyenda del raspall escribió ayer su epílogo como profesional.

De los ausentes se acordó sobre todo de Pepe Vila, su padre. Sí estaba presente Isabel, la madre de un pilotari irrepetible que hace algunas semanas disputó su última partida profesional en Piles. Los chavales de la escuela de Oliva y pilotaris le hicieron un pasillo hacia el centro del trinquet. Allí recibió una placa de reconocimiento por parte del club local y de la Fundació, en la que ha trabajado unos meses como director deportivo. No faltaron al acto el más grande de la pilota, Paco Cabanes 'Genovés' y el exfutbolista Andrés Palop. «Tenía que despedirme de mi gente y en casa. Ahora ya sí puedo decir que estoy retirado», señaló Waldo Vila.

La jornada culmina con la final del Trofeu Gregori Maians, en el que vencen Marrahí y Brisca (25-20)

Mantuvo la compostura durante todo el acto. «Me ha costado al ver a Pepe Boscà. Sin él, puede que hoy no hubiera pilota en Oliva. Hacía tiempo que no coincidía con él, sé que está mal de las piernas, y me he emocionado», admitió. Waldo recordaba ayer decenas de anécdotas de este panadero que invirtió mucho tiempo y dinero en mantener abierto el antiguo trinquet. «Una vez, harto de tanto esfuerzo, dijo que se lo dejaba. Era cuando yo empezaba. Fuimos a convencerle, le prometimos que le ayudaríamos y que si era necesario no cobraríamos. Al final se lo pensó y siguió. Igual, hoy estoy aquí gracias a él», concluyó el legendario resto.

La final del Trofeu Gregori Maians estuvo también a la altura de la situación. Marrahí y Brisca, natural de Oliva, se impusieron a Moltó y Canari en el último juego (25-20). A los vencedores les costó cerrar la partida a pesar de que habían protagonizado un inicio arrasador.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos