El trinquet con capucha

Pablo de Borriol. El pilotari profesional se ha volcado en la iniciativa para recuperar el frare. / m. r.
Pablo de Borriol. El pilotari profesional se ha volcado en la iniciativa para recuperar el frare. / m. r.

Una helada tras la que se despobló el interior de Castellón fue letal para un juego que se extendió hasta el sur de Cataluña El primer Autonómico de la modalidad de frare se celebrará en Traiguera y Xert

MOISÉS RODRÍGUEZ

traiguera. «Tenía la mano como esto», afirma orgulloso Delfín Querol mientras da golpecitos a la puerta de hierro de su casa de Xert. En diciembre cumplirá 90 años y es una de las personas que a principio del siglo XX mantuvieron viva la modalidad autóctona del trinquet amb frare. «Jugábamos entre nosotros, cuando podíamos. Recuerdo una vez que teníamos que ir a segar con mi padre y llegamos tarde. Me dio un buen coscorrón», relata. Un juego popular. Esta es una de las grandes características de este tipo de pelota a mano que se extendió en el interior norte de Castellón, pero del que también hay vestigios en el sur de Cataluña, hasta la ribera del Ebro.

«Se jugaba mucho en el Alt y Baix Maestrat en 1900. Luego en la década de los 60 hubo una helada y, como consecuencia, una despoblación de la zona. El frare entró en decadencia», señala Lluís Ramos, del Club Pilotari de Castelló, que está realizando una tesis doctoral sobre el trinquet amb frares. Además, esta entidad abandera un proyecto para recuperar la modalidad.

La primera gran iniciativa en ese sentido ha sido el Campeonato Autonómico, que tendrá lugar el próximo fin de semana principalmente en Traiguera, aunque también habrá partidas en Anroig, una pedanía de Xert. Traiguera fue la última localidad donde se jugó de forma regular al frare. Fue a principio de este siglo a través de un club que llegó a contar con 85 socios. «Nosotros antes éramos una colla de amigos que jugaba con raqueta. Uno conducía una ambulancia entre San Mateo y Castellón. Paraba en Borriol, donde hay afición a la pilota a mano. Compró guantes y pelotas y aquello nos gustó más», comenta Amador Peset, que lideró aquella iniciativa.

«Nosotros jugábamos por divertirnos y ya está. Una vez pedimos una ayuda al Ayuntamiento de Traiguera para organizar un campeonato y la secretaria nos dijo que teníamos que estar federados. No sabíamos ni lo que era la escala i corda o el raspall, pero nos pusimos en contacto con la Federació», precisa Peset. Aquel club siguió en marcha hasta una nueva despoblación, cierto es, menos agresiva que la de los 50: «De las seis personas que lo llevábamos, tres se marcharon a vivir fuera del pueblo y los otros teníamos demasiado trabajo, así que todo se acabó».

Amador Peset destaca que aquel club llegó a contar con escuela, pieza que destaca como clave para impulsar cualquier iniciativa relacionada con la pilota. «Había un grupo de chavales. Les enseñaba Antoniet. La verdad es que el hombre lo hacía muy bien. Pero claro, si al final no pueden competir, se aburren y lo dejan», lamenta. De sus palabras han querido aprender en el Club Pilotari de Castelló a la hora de diseñar este nuevo proyecto.

Para empezar, el campeonato del próximo fin de semana está abierto a todos los colectivos y de las diferentes edades. «Habrá competición de varias categorías y recreativa, y nos hemos puesto en contacto con grupos de inclusión. En Androig, donde el trinquet es más reducido, jugarán los chavales: «Nuestra intención es introducir la modalidad en Jocs Escolars, que haya un reglamento y fundar en la Federació un comité de frare».

La modalidad, curiosamente, mantiene un halo de vida lejos de su tradicional área de influencia: en Sueca, en el instituto Joan Fuster. De nuevo en el ámbito educativo. «Es una modalidad dinámica y divertida, ya lo estás viendo», indica Ramos en la cancha de Traiguera, una tarde de esta semana. Acudió junto al profesional de escala i corda Pablo de Borriol, que respalda la iniciativa. Casi de forma inmediata, un grupo de niños se acercaron a jugar.

La sal y la pimienta la ponen los frares, una especie de tamborí que hay en los extremos de la pared frontal. Está coronado por una capucha similar a la de los frailes capuchinos -de ahí el nombre de la modalidad-, que convierten el rebote en imprevisible. Su origen no está claro. Una posibilidad es que se colocaran adrede para dinamizar el juego. La otra, que como en casi toda la Comunitat, la pilota se practicaba en las paredes de las iglesias: los frares podrían ser cuñas empleados para apuntalar la construcción.

Amador Peset, mientras el club de Traiguera estuvo en marcha, realizó un trabajo de campo entre los practicantes de pelota a mano de toda España. «En las federaciones vasca y navarra me contestaron que veían semejanzas con el trinquete francés», señala. Documentó instalaciones en Villafranca, San Mateo, Tirig, La Jana o Canet d'en Roig, pero también otras en la provincia de Tarragona, en localidades como Ulldecona o Tortosa.

Toda esa documentación se halla hoy en el Museu de la Pilota. Muchos trinquets están en desuso, como el de La Salzadella, que es hoy un taller de carpintería. El proyecto que parte con el campeonato de la próxima semana pretende recuperar estampas como la de una tarde en Anroig. «Colocamos una pala para que la gente pudiera ver la partida», señala Delfín Querol. La primera piedra está puesta. El Ayuntamiento de Traiguera y la Diputación de Castellón han colaborado en poner a punto el trinquet. Va de bo.