UN CAFÉ EN PELAYO CON...

Guillermo Alandes: «Al tocar por primera vez una pelota de vaqueta pensé que era lo mío»

Guillermo Alandes, en la escala del trinquet de Pelayo. /Damián Torres
Guillermo Alandes, en la escala del trinquet de Pelayo. / Damián Torres

«En otros deportes hay un prototipo pero aquí no. Cada jugador tiene una forma de expresión y eso es lo que gusta a la gente», argumenta «A una persona no le mueve el dinero, sino la ilusión. Mi familia lo ha dado todo porque veía que yo disfrutaba en el trinquet»

MOISÉS RODRÍGUEZ

Guillermo Alandes es de El Puig. «...de Santa María», recalca. El joven habla con entusiasmo del municipio de l'Horta Nord, donde se ha criado y donde también descubrió su pasión: la pilota. «Si tuviese que vivir en otro lugar no sabría qué hacer. Hay un sentimiento de pueblo y por sus tradiciones muy grande. Como si fuera una familia», afirma. En esa frase ha citado su otro pilar. El que le sostuvo desde niño cuando descubrió la vaqueta y el que le ha mantenido desde que decidió convertirse en deportista de élite. Y en ello está: de momento, en 2018 ha realizado su primer escarceo con el Individual. «Hay que ponerse unos objetivos y mi ilusión era disputar un mano a mano, algo que era impensable hace un año», especifica.

Lo dice con una sonrisa, la misma que exhibe durante toda la conversación. La disfruta porque, al fin y al cabo, es sobre pilota. «Me pasaba hace años con Pigat III, que hacía un quinze bonito y era tal la emoción que sentía por cómo le había pegado, que me reía. Él me decía que no tenía que reírme, pero yo es que sólo pienso en disfrutar cada día. Es lo que tengo que hacer para rendir», proclama Guillermo Alandes.

¿QUIÉN ES GUILLERMO ALANDES?

Su trayectoria
Frontón
Modalidad en la que se inició en la pilota.
Resto
Demarcación en la que empezó en escala i corda, es mitger.
Magisterio
Carrera universitaria que acaba este curso.
En la pilota
El Puig
Su pueblo, se inició en la Penya d'Amics del Frontó.
Pilota 3.0
Se entrena en el grupo de Puchol II.
Individual
Su reto de este año, se ha quedado a un paso de octavos.

A sus 23 años, ha tenido que pararse a pensar y reconstruirse. «Quise darle un giro a mi vida deportiva. No como un ultimátum, sino porque pensé que si quería ser pilotari debía hacer las cosas de otra forma. Había llegado un momento en que había perdido la alegría que había tenido de niño por jugar a pilota», relata. Tiene recuerdos muy nítidos de esos inicios en El Puig.

«Hay que formarse... pero no sólo el deportista de élite, cualquier persona que se quiera un poco»

Descubrió la vaqueta por un guante de escay. «Se lo había hecho mi abuela a mi abuelo para que jugase la partida de fiestas. Yo cuando me encuentro con algo me gusta investigar qué hay detrás, por ejemplo me pasa cuando veo una escultura», comenta. Y cuando escarbó, aquello le gustó. «Nunca he sido de fútbol. Como soy una persona grande, me sentí más identificado con deportes como el baloncesto o el rugby. Pero cuando toqué por primera vez una pilota, pensé que esto podía ser lo mío», recuerda.

Empezó a jugar. Él solo con aquel objeto esférico, golpeándolo con la mano para que rebotase en una pared. «Yo iba al colegio a la otra parte del pueblo, así que he pasado muchas tardes jugando solo», indica. Hasta que un buen día le hablaron de la Penya d'Amics del Frontó. Se siente agradecido a Juan Vicente Santacatalina, que le inició en la modalidad que practicó muchos años, hasta que una mañana, en Faura, conoció el trinquet. «Me volví loco. Era un deporte más violento y rápido y estabas cara a cara con el rival, no había una pared por medio. Al frontón le tengo cariño, pero esto era lo que me gustaba», afirma.

Agradece el respaldo que tuvo entonces de Juanvi y Ricardo, los técnicos que le guiaron. Pero sobre todo, pone en valor a su familia. «Para mí es importante y siempre han estado ahí. Mi padre sobre todo, pero también mis tíos. Han ido de arriba para abajo para que yo jugase a pilota», señala. «Al final yo pienso que no es el dinero lo que mueve a una persona, sino la ilusión. Mi familia lo entiende así, vio que yo disfrutaba y lo dio todo para que jugase en el trinquet», incide.

«La modernización de la pilota pasa por adaptarse a la sociedad, facilitar que la gente venga al trinquet»

Desde hace un tiempo se ha puesto en manos de Agustín Larre y Domingo Palacios. «Ellos me están ayudando a valorar lo que estoy haciendo y a disfrutarlo», comenta. Y a convertirse en lo que tanto admira desde niño, en un pilotari de élite: «Normalmente, en otros deportes hay un prototipo de jugador. Yo la figura del pilotari la percibo como la de una persona que tiene su forma de expresión. Cada uno, la suya propia y eso es lo que gusta a la gente».

Y en ello está Guillermo. En disfrutar con la vaqueta, independientemente del dinero que pueda ganar en el trinquet. «No voy a estar siempre viviendo de esto, o malviviendo de lo que pueda hacer después. La pilota se acaba. Me tengo que formar, eso es evidente», comenta para de inmediato puntualizar: «Pero no sólo un deportista de élite, por muchos millones que gane. Cualquier persona que se quiera un poquito. Si no haces tú por ser productivo, ¿quién lo va a hacer por ti?».

Ese es el motivo por el cual pasa de puntillas por la situación de la pilota profesional. «La modernización es la adaptación a la sociedad. No hay que competir con otros deportes, sino facilitar a la gente que venga al trinquet. Nuestro público es gente que también le gusta otras modalidades, pero le faltaría algo si no puede ir a ver una partida», indica Guillermo. Deja claro que dejará la vaqueta el día que deje de disfrutarla. De momento, no consigue dejar de sonreír al hablar de pilota.

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