La reconstrucción de Moltó

Moltó raspa una pelota durante la final. A la derecha, alza el trofeo ante Marrahí. / funpival
Moltó raspa una pelota durante la final. A la derecha, alza el trofeo ante Marrahí. / funpival

El pilotari, presente en las últimas ocho finales de torneos oficiales pese a haber tocado fondo hace un año, gana una partida decantada por el saque El resto de Barxeta conquista su tercer Individual de raspall (25-20)

MOISÉS RODRÍGUEZ BELLREGUARD.

«Quería volver a disfrutar como cuando empecé con mi tío y estoy contento por eso. Me emociono y todo, porque la pilota es mi amor». En este momento, a Alfonso Moltó se le quiebra la voz. Sonríe, traga saliva y sigue hablando. No rompe a llorar de milagro. Ha conseguido domar sus emociones durante una mañana en la que ha culminado su reconstrucción. Hace ahora un año tocó fondo. Llegó a plantearse la retirada. Parece mentira en un pilotari que ha disputado las últimas ocho finales de campeonatos oficiales en raspall. Todas desde la Copa de 2016. Pero es así.

«Me había visto superado por la presión que me impuse a mí mismo». Habla de 2017, cuando estaba a cuatro juegos de cumplir su sueño: conquistar el Fris Grec para exhibirlo en el salón de su casa. «Yo percibí que aquel día no estaba, que algo no iba bien», confesaba ayer su madre, esta vez con una sonrisa de oreja a oreja. La derrota de la final del Individual de 2017 contra Ian en La Llosa de Ranes pudo apuntillar al hoy tricampeón del mano a mano.

«No veía solución, pero a veces te encuentras con gente a la que no conoces de toda la vida pero que son amigos y estás cuando los necesitas», comenta con una sonrisa cómplice. Es la grandeza de la pilota. Que es un mundo tan pequeño que un deportista de élite, un periodista -o speaker- puede tender la mano que salve una leyenda. «Me presentó a un psicólogo. Parte de este triunfo le pertenece a David, hemos trabajado mucho», sostiene.

Moltó afirma sentirse liberado en un año en el que cuantitativamente ha ganado menos que en el que cayó en el fondo del pozo. En 2017 encadenó Lliga y Copa antes del varapalo en el Individual. En 2018 perdió las finales de los dos campeonatos por equipos, pero ayer venció. Con su tercer mano a mano, está otra vez a dos títulos -los cinco alternos- de conquistar el Fris Grec grande. El del salón de su casa. «Sí, y para mí es importante, sabéis que es un torneo que me encanta prepararlo y disputarlo», recuerda.

Y la partida de ayer la llevaba más que estudiada. Sabía, como Julio Marrahí, que la receta del triunfo empezaba por ganar la reballà. Quien arrancase en el saque tendría una gran ventaja. «Pues he estado a punto de empezar en el resto, pues me sentía confiado. Pero he preferido no inventar en una final y arrancar pegando desde el dau», señala.

Como podía suponerse con dos pilotaris que tienen un lanzamisiles por brazo, tanto Moltó como Marrahí fueron superiores con su saque. «Lo traía muy ensayado, el saque del Individual es una acción de ataque muy importante», admite Moltó, que sólo concedió dos quinzes desde el dau en toda la partida, ambos en el último juego.

«Los dos hemos estado muy fuertes con nuestro saque. Tendría que haber afrontado la partida de otra manera, pero ya estás cansado del campeonato y hay más presión por tratarse de una final», comentaba Julio Marrahí.

El resto de Villanueva de Castellón también estaba relativamente contento después de la final. Viene de un calvario de lesiones que se ha prolongado casi tres años. «Me hecho daño en el antebrazo sacando, pero tampoco ha influido en la partida. Lo importante es que he encontrado continuidad, que las lesiones no me están impidiendo nada. El año que viene, más», proclamó.

Trinquet repleto

Que la partida iba a ser dauera se vio desde el inicio. Con el trinquet de Bellreguard repleto y las apuestas tirando a rojos -a favor de Moltó-, ambos pilotaris afrontaron la final como un pulso de cañoneros. Los que habían ido a rojos concediendo ventaja los de azules enseguida empezaron a temer por su travessa.

Moltó sumaba en el dau, pero Marrahí, también. «No me salió la partida como yo quería. Tenía que haber cambiado, buscar más cosas como jugar más por bajo», se lamentaba el de Villanueva de Castellón. Porque lo cierto es que si Moltó inquietó desde el resto -tuvo val i 30 para cerrar la partida con 20-15-, Marrahí no inquietó el saque de su rival.

Sólo hizo dos quinzes desde el resto y en el último parcial. «Yo cometo un error y luego hago un saque que no va bien. Son cosas que pueden pasar, por eso el Individual se decide muchas veces por detalles. Pero estaba tranquilo», afirma Moltó. Mantuvo su patrón de juego para, a la tercera ocasión para cerrar la partida, poner el 25-20 definitivo. Para igualar a Gorxa en el palmarés del Individual de raspall con tres títulos. Para ponerse a dos de llevarse el Fris Grec grande a casa.

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