El primer Fris Grec femenino es de hormigón

Arriba, Ana realiza un saque ayer y abajo, con el Fris Grec. / fpv
Arriba, Ana realiza un saque ayer y abajo, con el Fris Grec. / fpv

«Me hacía mucha ilusión ganarlo», afirma tras levantar un trofeo que no había alzado ninguna mujer y que sí recibían los pilotaris profesionales Ana de Beniparrell logra el Individual de raspall al vencer a Mar de Bicorp (25-15)

MOISÉS RODRÍGUEZ ALCÀSSER.

El primer Fris Grec femenino es de hormigón. Pero de hormigón armado. Dura como las estructuras que han de mantener en pie un edificio. Pero no la réplica de la representación que data del siglo IV a. C. y en la que aparecen seis hombres jugando a pelota a mano. No. La primera mujer que ha tenido el honor de recibir un trofeo que hasta ahora se concedía a los campeones del Individual de las dos modalidades profesionales, la escala i corda y el raspall. «Me hacía mucha ilusión ganarlo, estoy muy contenta», afirmó Ana Puertes minutos después de doblegar a Mar Giménez en la final del mano a mano de raspall en Alcàsser (25-15).

Ana fue pétrea. Tanto durante la partida como cuando concluyó. «Cuando me he visto val-net en contra con mi saque y que si lo perdía pasaba al resto, creía que se me escapara. Pero Carlos (su entrenador) y mi padre (Toni) me han dicho que me tranquilizara», explicó. Se aferró a su saque, durísimo y al que Mar sólo pudo atacar en esos tres quinzes que la hicieron soñar con la remontada. Le dio la vuelta al juego y, después de que la de Bicorp salvase la primera oportunidad de partida, nada puedo hacer a la segunda. Ana se arrodilló, alzó los brazos y sonrió. No derramó una lágrima

Fue lo más parecido a la euforia. Porque la primera mujer que alza el Fris Grec, es de hormigón. Dura de pelar. Ella no llora, como sí hizo su hermana, Noelia, que saltó desde la escala para abrazarla con el rostro desencajado por el llanto. «Yo no soy de llorar. De todas formas, es que desde arriba se sufre más, como no puedes hacer nada...», comenta Ana de Beniparrell.

De Beniparrell. Como Mar lo es de Bicorp. Ambas poblaciones se volcaron con sus heroínas, dos pilotaris ya reconocibles entre los aficionados del deporte autóctono. Esa presión de ver gente conocida en la escala y saber que la partida se emitía en directo por televisión la gestionó mejor Ana. La chica de hormigón, sin fisuras en su patrón de juego desde el primer quinze. «Los nervios me han gastado una mala pasada, pero estoy contenta porque lo he dado todo», admitió Mar tras la partida.

Eso a pesar de que, como apuntó en la previa, la suerte le sonrió y le permitió empezar en el saque. «Yo sabía que tenía que romper en el primer juego porque luego se complicaría. Después me he centrado en coger fuerzas en el resto y en hacer con tranquilidad mi saque», comentó Ana.

Desde el 5-0, ambas jugadoras aprovecharon para sumar con esa ventaja. Mar fue de menos a mucho más y Ana mantuvo su nivel. No permitió que la erosionasen ni el calor ni las acometidas de su rival. Tras una hora de partida y con 20-15, la de Bicorp pasó el resto para jugarse el todo o nada. «Era consciente de que era ahora o nunca, así que he sacado todas mis fuerzas», reconoció.

Levantó un val-net con el que Mar empezaba a relamerse. Sabía que igualar a 20 era sinónimo de cobrar una enorme ventaja al afrontar el juego decisivo al saque. Pero Ana reaccionó y certificó su victoria. «Ahora, a descansar un poco y a preparar el torneo de parejas de septiembre», subrayó. Está lanzada y quiere ir a por un campeonato que casi le hace más ilusión porque puede ganarlo con la otra Puertes, la que sí se emociona, su hermana.

Noelia estaba orgullosa de ver a Ana alzar la réplica del Fris Grec, un trofeo hasta ahora reservado a los hombres. Alcàsser vivió en ese sentido un momento histórico, un gesto hacia la igualdad en el trinquet. El profesionalismo de la mujer en la pilota, no obstante, parece lejano, igual que a Ana levantar el modelo grande de ese galardón. El que sólo tienen Genovés, Sarasol, Álvaro, Soro III, Pasqual II y Waldo. Para ello hay que ganarlo tres veces seguidas o cinco alternas. «¡Déjame disfrutar este!», protesta Ana. Pero ella puede, porque es de hormigón.

 

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