UN CAFÉ EN PELAYO CON...

«Las mujeres jugarán como profesionales en el trinquet»

Moncho, en la escala del trinquet de Pelayo. / Irene Marsilla
Moncho, en la escala del trinquet de Pelayo. / Irene Marsilla

Jordi Moncho, pilotari y responsable de la tecnificación de la femenina en raspall | «Las chicas sufren en el trinquet y quieren más. Las ves con una sentada en la mano y le tiran igual. Desde octubre han progresado mucho» | «Cuesta, pero la igualdad debe producirse en todos los campos. Incluso puede haber algún campeonato mixto»

Moisés Rodríguez Plaza
MOISÉS RODRÍGUEZ PLAZAValencia

Jordi tiene dos pasiones: el deporte y la enseñanza. Moncho es una estirpe de aficionados a la pilota de Manuel. A su tío y a su padre les encanta y él, tras un tira y afloja entre el fútbol y la vaqueta, acabó decantándose por los segundo. Respecto a su otra vocación, estudió Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, más el máster posterior, con la intención de algún día ejercer como profesor. «Estoy en la bolsa, este año me he quedado a dos puestos de entrar», precisa. Por ahora, sigue en el raspall profesional y encabeza el incipiente proyecto de la tecnificación femenina.

«Yo empecé con los chicos. Estaba con el Moro en Bellreguard, había un muy buen grupo. Al crearse el Cespiva se unificó la tecnificación y estuve un par de años fuera, hasta que se ha empezado con la femenina», señala Jordi Moncho. «Era un mundo nuevo para mí, aunque ya iba a pitar finales y veía que tienen nivel», indica el resto de Manuel.

¿QUIÉN ES JORDI MONCHO?

Su trayectoria.
Fútbol: Fue portero, llegó a jugar en un infantil del Valencia.
Xeraco: Allí acudió por primera vez a tecnificación de raspall.
Gandia: Natural de Manuel, debutó en El Zurdo en 2004.
Tecnificación: Dirige el grupo femenino que arrancó en octubre.
Educación física: Su formación, quiere dedicarse a la enseñanza.
Pilotari: Ha sido subcampeón del Individual y de la Lliga de raspall.

La tecnificación femenina de raspall ha empezado este año. «Al principio no tenían claras las posiciones. La punter se iba debajo de la escala a defender, y si en esa demarcación se pierde la posición, es más complicado entrar en juego. En el raspall profesional normalmente el resto está en la escala y el punter defiende más en la muralla», comenta Moncho. «Y luego se iban muy atrás, esperaban la pelota. Estamos incidiendo en esos parámetros. Después tienen cosas muy claras, como por ejemplo al atacar, que buscan la izquierda de la rival», detalla.

«Me gusta enseñar los valores que transmite el deporte, como el respeto y el compañerismo»

A Moncho se le percibe encantado con una tarea que en este primer año se ha llevado a cabo un par de veces al mes. «Las chicas sufren mucho en el trinquet y siempre quieren más. Además, son muy puntuales, incluso están antes de la hora que toca. Cuando se están enrollando las manos, a veces ves que tienen una sentada -una moradura- y le tiran igual. Nosotros en ocasiones no somos capaces. Desde octubre han progresado mucho», asegura.

«Cuando empecé pensaba en disfrutar, de lo contrario no vale la pena. Luego sí que tienes más presión»

El responsable de la tecnificación femenina considera fundamental el papel de la mujer en la pilota del futuro. «Creo que jugarán partidas profesionales en el trinquet. Todo cuesta, pero pienso que sí porque la igualdad debe existir en todos los ámbitos», señala Moncho: «Se pueden hacer muchas cosas, incluso algún campeonato mixto».

Este tipo de partidas se han llevado a cabo en jornadas festivas, como el Dia de la Dona. Hay quienes consideran que no podrían celebrarse a nivel competitivo. «Igual no le pegan tan fuerte como los chicos por fisiología, pero ya te digo que la juegan muy bien jugada y sus partidas son muy bonitas de ver», indica Moncho, que se echa a reír cuando se le pregunta si alguien aún califica a la mujer como el sexo débil: «¿Débiles? ¡Nosotros no pariríamos! Las ves sufrir en el trinquet y entrenando... Están ahí aguantando dos horas de leña, con trabajo físico y técnico, y aún quieren más».

Y él disfruta. Porque Moncho quiere dedicarse a la enseñanza. «Me encanta el deporte, pero sobre todo lo que me gusta es eso. Especialmente, transmitir los valores que tiene el deporte. Está la combatividad, pero para mí lo más importante es el compañerismo y el respeto. Y después, lo principal, que es beneficioso para la salud», señala.

Ha trabajado en ello tanto en el trabajo de final de carrera como en el del máster. «Si recriminas a un compañero, te estás perjudicando a ti, a él y al equipo», argumenta. Para ambos proyectos, echó mano de la pilota. «En el del máster tenía un grupo de alumnos de esos que no estudian y logré que se involucraran. No traían ni las libretas y conseguimos que vinieran con dedales, esparadrapos, cartas... y llegaban puntuales», recuerda.

Él es feliz con la pilota, aunque empezó en el fútbol. Era portero, como su hermano. «Me encanta como deporte, pero no los valores que transmite. En el trinquet ibas a jugar y padres cuyos hijos estaban en contra veían la partida juntos en la escala. En el fútbol se insultaban y cuando llegué a juvenil en algunos sitios te recibían a pedradas. Yo iba a disfrutar y la rivalidad se traducía en violencia», lamenta.

Asegura que él concebía el deporte como un medio para pasarlo bien. «Yo pensaba en disfrutar, de lo contrario no merece la pena. Luego sí que tienes más presión», reconoce. Se refiere a aquellos años en los que soñó ser portero de Primera y en los que de repente se enamoró de la pilota. «Cuando empezaron a anunciarme en los trinquets decidí dedicarme exclusivamente a la vaqueta. Ya resulta complicado compaginar las partidas y entrenar con los estudios y el trabajo», desliza el resto de Manuel.

 

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