UN CAFÉ EN PELAYO CON...

Mateu Lahoz: «La pilota es un deporte muy rico en valores y que no elimina a nadie»

Antonio Miguel Mateu Lahoz, en el trinquet de Pelayo. / damián torres ¿Qué se pide en el bar? Nada «He reservado para comer, pero cafeterías hay muchas y prefería esta charla en el trinquet», argumenta.
Antonio Miguel Mateu Lahoz, en el trinquet de Pelayo. / damián torres ¿Qué se pide en el bar? Nada «He reservado para comer, pero cafeterías hay muchas y prefería esta charla en el trinquet», argumenta.

«Cuando me retire me encantaría practicarla y disputar la partida de fiestas de mi pueblo. Pero porque me lo gane, no por un privilegio» «Me gusta que la figura del árbitro no sea necesaria, que el propio jugador levante la mano concediendo un tanto al rival»

MOISÉS RODRÍGUEZ

Después de someterse a la sesión de fotos, Antonio Miguel Mateu Lahoz contesta un par de whats apps. Avisa a su mujer de que llegará un poco más tarde a comer y luego se zambulle en Pelayo. «Habría estado más tiempo aquí. Observándolo. Al final son 151 años de historia de deporte y es la leche que esté en el centro de Valencia», responde ante la disculpa por un retaso de cinco minutos. A partir de ahí, sentado en la escala, conversa pausado, sin prisas y siempre sonriente durante casi una hora.

Apasionado del deporte, ha practicado numerosas modalidades y también lo ha enseñado: por ejemplo, fue monitor de natación. Con ocho años jugaba a fútbol en el Estivella, pero una lesión le iba a impedir rendir a primer nivel. Su hermano le propuso probar con el arbitraje y empezó a los 14. Sobre su fama de dialogante, Mateu Lahoz replica: «Eso son cosas que se dicen, pero en el campo no te da tiempo... Luego si puedo charlar con ellos, ¿cómo no voy a hacerlo, si es un deporte que me encanta?».

La realidad es que a él le seduce casi cualquier deporte. Como una globalidad. Y en ese saco está la pilota, una modalidad con la que está más relacionado de lo que pudiera parecer. «¿Definirla en dos palabras? Raíces y valores, los que se pueden transmitir». Ahora tiene como pilares a tres mujeres -«mi madre, mi hermana mayor y Cris (su esposa), que me gana a diario»-, pero también le marcó la figura de Pepe, su padre, fallecido a los 54 años: «Yo estoy disfrutando de la salud que lamentablemente él no tuvo». Jugaba la partida de la Baixà en Algímia d'Alfara, su pueblo. «Él era buenísimo en el tiro al plato y en la pilota, que también practicó mi abuelo paterno, Miguel. Yo me llamo Antonio Miguel por él. Cuando me retire del arbitraje me gustaría jugar a pilota y poder participar en esa partida. Pero no por privilegios, sino porque lo merezca», comenta.

«La figura de Paco Genovés habría que estudiarla como creador de una cuna de pilotaris»

Para arbitrar, aparcó para esta actividad su otra gran vocación: la enseñanza. Su siguiente gran encuentro con la pilota se produjo cuando estudiaba INEF, lo que actualmente se denomina Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. «Estábamos haciendo un curso de pilota en L'Eliana y vino un par de días el mítico Paco Genovés. Percibí que no estaba allí con nosotros por obligación, sino porque disfrutaba de ello. Me parece que es una figura a estudiar como el generador de una cuna de pilotaris», afirma el colegiado, que reconoce una asignatura pendiente en el deporte autóctono: «El paso de la badana a la vaqueta. Me faltó la paciencia para aprender el ritual de prepararse las manos y la técnica. Le daba de impacto bruto, de cuando jugaba a frontenis».

Antonio incide en que el deporte transmite valores. Por ejemplo, del fútbol, del universo donde trabaja, desliza: «Debemos seguir vendiendo lo bueno que tiene. Su fuerza es gigantesca y hay gente que se lo curra a diario, con mucho esfuerzo, y siempre en equipo». A la pilota le otorga un valor añadido: «Es un deporte muy rico en valores y no elimina a nadie. Como profesor he visto que, cuando decides incluirla en una unidad didáctica, hay modalidades y posibilidades de adaptarla para que todos participen».

La charla con Mateu Lahoz no es para hablar del VAR o de otros asuntos del universo fútbol. Es inevitable hacer referencia, eso sí, al arbitraje, extrapolándolo a la pilota. «Yo tengo la influencia de un amigo, Raúl, que está trabajando por difundirla. Y la denominación de home bo está muy bien puesta, porque el árbitro no hace falta. Me gusta que en acciones muy rápidas, en las que la pelota da dos botes, sea el propio jugador quien levante la mano rápidamente para conceder el tanto. Los árbitros somos necesarios hasta cierto punto, me gustaría que en mi deporte, al menos en prebenjamines y esas categorías, fueran los propios padres los que pitasen».

Han pasado ya muchos años desde que aparcase en Aielo la docencia. «Los pilotaris comparten vestuario, hay un respeto mutuo más allá de rivalidades. Como profesor vocacional, me gusta que el deporte sirva para que se inculquen esos valores», señala Mateu Lahoz, seguro de que volverá a la enseñanza y de que se valdrá de la vaqueta.