Pilota

Hermanos y polos opuestos de la vaqueta

Joaquín, Sanchis, junto a sus hijos Carlos y Raúl, todos ellos pilotaris profesionales. / consuelo chambó
Joaquín, Sanchis, junto a sus hijos Carlos y Raúl, todos ellos pilotaris profesionales. / consuelo chambó

Carlos juega a escala i corda y Raúl se decantó por el raspall | Hijos del también pilotari Joaquín, el primero lleva un año perfecto al ganar la Lliga y la Copa y el segundo está a punto de salir de una larga lesión

Moisés Rodríguez Plaza
MOISÉS RODRÍGUEZ PLAZA

Cada viernes que no hay otro compromiso más relevante, los Sanchis acuden a la partida de raspall de Genovés. Joaquín, pilotari profesional de escala i corda en los 80, y sus hijos Carlos (jugador en la modalidad per dalt corda) y Raúl (de raspall). Cada uno se coloca en un lugar diferente del trinquet. «Luego comentamos la partida durante la cena», precisa Carlos sonriente. «En otras casas, en la comida se habla de fútbol o de política. En la nuestra no... ¡pero también acabamos discutiendo!», precisa.

Son dos generaciones vinculadas a la pilota y quién sabe si la tercera viene de camino. Susi, la hermana de Carlos y de Raúl, está casada por José Cabanes 'Genovés II'. Difícil que el hijo de ambos, que llegará en pocos días, no tenga una vaqueta entre sus primeros juguetes. Como seguro que sucedió con los hermanos Sanchis, que siguiendo el ejemplo de su padre han llegado a profesionales. Con distinta elección y, de momento, suerte.

Al menos en 2018, un año que marcará a ambos. Carlos lleva unos meses perfectos después de haber conquistado la Lliga y la Copa, esta última como mitger, demarcación en la que quiere consolidarse en la escala i corda profesional. Esas alegrías las ha compartido con él Raúl mientras luchaba contra su segunda lesión de menisco. «Estoy a punto de volver. Reconozco que podría prepararme más, pero ahora que he echado de menos el trinquet estoy más motivado», admite.

Raúl se decantó por el raspall porque formaba parte de su vida. «Tenía a los amigos aquí y te acostumbras a ir a unos determinados trinquets. Desengancharte para jugar a otra modalidad es como marcharte a otro lugar», señala. «¡No, la oveja negra no me siento por ello!», asegura. «A mí me gusta ver más el raspall. Antes se suponía que al aire ganabas más y aguantabas más años. Hoy en día que el jugador cobra poco dinero, da igual, donde más se disfrute», apunta el padre, Joaquín, que triunfó en la escala i corda.

En parte por sus consejos, Carlos eligió también la modalidad per dalt. «Me gustan las dos, pero consideré que tenía más facultades para la escala i corda. Además, creo que es la modalidad reina», asegura. Los dos jóvenes han seguido un consejo del padre. «La pilota está bien, pero en comparación, peor que nunca. Hay más dinero, pero los sueldos son de risa, no sé lo que pasa. Los pilotaris han de trabajar porque del trinquet no pueden vivir», lamenta Joaquín.

Carlos estudió para maestro y trabaja por horas en un colegio. Raúl iniciará el grado en enfermería este curso en Valencia. «Tiene facultades para triunfar», desliza su hermano. «Pero ha de trabajar más. Hay algunos con facultades innatas, pero yo les digo que no deben fijarse en esos. Deben esforzarse si quieren llegar lejos», comenta Joaquín.

Raúl vuelve tras dos operaciones de menisco y quiere pelear por ser mitger de referencia de raspall después de haber disputado una final de Lliga. «A la próxima, a ver si puedo ganarla», afirma. «Yo quiero consolidarme, a ver si me respectan las lesiones y gano otra Lliga, pero en el medio», indica Carlos.

La conversación tiene lugar en el trinquet de Genovés. Esta vez no esperan a sentarse en torno a la mesa para discutir. «Nosotros somos más tradicionales. Piensan que ellos saben el doble. Están casi todos operados del hombro porque hacen caso a los fisios y en cuanto pasas por el quirófano pierdes fuerza. Nosotros teníamos nuestras técnicas y te recuperabas en un mes o dos», instruye Joaquín. «¿Ves? ¡Así siempre! Si respondes, ya nos enganchamos», dice Carlos sonriente.

 

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