La consagración de Seve

La consagración de Seve

«El Individual es mi principal objetivo de este año. Quiero convertirme en el más joven en ganarlo», asegura el pilotari El mitger gana junto a Sergio y Ricardet la Lliga, su primer título oficial (30-5)

MOISÉS RODRÍGUEZ

bellreguard. Media hora después de haber acabado la final de la Lliga de raspall, Seve tenía la cara roja. Salpicada de carmín. Se lo habían comido a besos durante la celebración del primer título oficial de su incipiente carrera. «En mi familia son todo mujeres, menos mi primo y yo», apuntaba sonriente el chaval de 19 años. Antes, sobre las losas de Bellreguard, él había devorado a Moltó, Josep y Ricardet, que evitaron en el penúltimo juego que la partida fuese sabatera (30-5).

El número uno tenía un sabor agridulce. Ha perdido tres de las cuatro finales de Lliga que ha afrontado en su carrera. Pero el regusto es más dulce que agrio. «Hace un año estaba a punto de retirarme y ahora me siento satisfecho. He jugado las últimas diez finales de torneos oficiales», resaltaba Moltó, que ya se pone en modo Individual: «Cuando dijeron que lo adelantaban me dio una alegría. Mañana saldré con la bici un rato, pero el martes ya empezaré a prepararlo».

Como dicta la ley no escrita, cuando se consagra una estrella, la figura ya consolidada tiene un gesto hacia él. Waldo le dio a Moltó la camiseta roja cuando le ganó la final del Individual. Y el resto de Barxeta corrió ayer a felicitar a Seve por la gran partida que había completado. «Le he dado la enhorabuena porque ha hecho una gran Lliga. Han sido el equipo más compenetrado y Seve, el jugador más regular del campeonato. Ha sido una victoria merecida», señaló el número uno.

Seve estaba feliz. Por el triunfo, por la celebración con su gente y pro el reconocimiento de Moltó. «Me ha felicitado y me ha dicho que he jugado muy bien», constató el joven mitger que, sin embargo, discrepa en que su victoria en la Lliga le haya consagrado. «Para eso hay que hacer algo más. Es el torneo más importante por equipos, pero tienes al lado gente que te ayuda. No he ganado yo solo, la actuación de Sergio y Ricardet ha sido enorme».

Y él tiene claro qué debe hacer para consagrarse: asaltar el trono de Moltó. El torneo por y para el que se prepara el resto de Barxeta. «Quiero ser el pilotari más joven en ganarlo. Me quedan este y el año que viene, pero si puedo hacerlo en 2019, mucho mejor», desliza Seve: «Es mi principal objetivo en esta temporada. Con la preparación que llevo, en las otras competiciones me siento más desahogado. Me da más resistencia para aguantar las partidas hasta el final perfectamente».

Para prueba, la de ayer. Seve exhibió los argumentos que le dan licencia para soñar con desbancar a Moltó -y batir también a otros favoritos como Ian y Marrahí- en el Individual: que se maneja perfectamente con las dos manos y la violenta pegada que atesora. Asentado en mitad de cancha, el mitger de Villanueva de Castellón disparó con violencia. Contundente, como el más agresivo de los restos. Si es capaz de apretar con el saque, tiene toda la licencia para soñar.

Porque en el mano a mano, el traure es básico. Se vio en las dos últimas ediciones. A decir verdad, quien saca fuerte y bien hace mucho camino en el raspall. Lo demostró ayer el equipo azul. Sergio estuvo perfecto. Quizás el que más brillo y disparó fue Seve, pero Sergio completó una partida de manual.

«Esta Lliga ha sido en equipo, hemos estado muy regulares. Yo como veterano, dando consejos a mis compañeros y peleando por dejar complicada la pelota al rival. Detrás ya aguantaba, Seve estaba todo el rato pegando y Ricardet, muy rápido rematando», indicó el resto de Genovés, incisivo en el saque: «El brazo lo tenía bien desde la mañana, estaba muy motivado».

Esta sobriedad se vio desde el principio. Moltó, Josep y Lorja sólo fueron por delante en el primer quinze de la partida. A partir de ese momento, la final fue azul. Con 25-0, los rojos sumaron su primer parcial desde el dau. En el siguiente parcial, en la parte del resto, tuvieron val para colocar el 25-10 y pasar al lado del saque. Fue el momento más crítico de los campeones.

Cuando igualaron de nuevo a 30, Sergio hizo un gesto definitivo. Se llevó el dedo índice a la sien. «¡Cabeza!», exclamó mirando a los ojos a Seve. «Moltó había empezado a desarrollar su juego y todavía no habíamos hecho nada», reflexionó el resto. Mantuvieron la concentración y dos tantos después tenían el título en el bolsillo. Lección de veterano a la figura en ciernes. Al chaval que, por mucho que aún quiera negarlo, ayer se consagró como uno de los grandes del raspall de élite.

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