Un campeón con cuerda

Alejandro, en el frontón del chalé de su abuelo, donde empezó a jugar. / jesús signes
Alejandro, en el frontón del chalé de su abuelo, donde empezó a jugar. / jesús signes

Alejandro, vencedor del Individual de frontón, es un apasionado de la guitarra | «Con tres o cuatro años empecé a recibir clases de piano y de tenis. Las nociones de este deporte me sirvieron al iniciarme en la pilota», comenta

MOISÉS RODRÍGUEZLA CANYADA.

Alejandro y Natalia se casan. Lo anuncian a modo de despedida, en la puerta del chalé del abuelo de él, donde se inició el nuevo campeón individual de frontón a mano. Si algo tiene claro para su nueva casa es que dedicará una habitación a una colección de guitarras. «Ahora estoy con la acústica. Compraré una eléctrica cuando la merezca», comenta el pilotari de 32 años. La pareja ha negociado parte del futuro hogar. «¡Ya tendré algo a cambio! Igual un cuarto a modo de vestidor...», aventura ella sonriente. Mientras sueñan despiertos con el futuro juntos, paladean el éxito del domingo en Almussafes y reconstruyen el camino que ha seguido el pilotari de Paterna.

El deporte y la música fluye por la sangre de Alejandro Martí. En el chalé del abuelo hay una peculiar cancha de frontón donde también se puede jugar a pádel y hasta a tenis. Su tío Pepe destacó en el frontenis y el tío Alfonso lo hizo en el tenis. Su padre, Enrique, no se sumergió en la competición pero sí que le encanta el deporte. Su madre, formada en danza, se dedica al baile. Ella también se cogió al pádel y compitió a primer nivel. Con esos genes, no era de extrañar que él tuviera buenas manos.

«Con tres o cuatro años ya me apuntaron a música y a deporte. Hacía dos días tenis y otros tantos solfeo y piano. Había veces que no llevaba los deberes hechos y en el colegio me disculpaba con eso, era avispado», recuerda. Pero a los 14 se dejó el tenis. «Empecé a salir y me mareé un poco», admite. Pero sólo tardó un par de años en volver a las canchas aunque, en este caso, de frontón y ya sin raqueta. «Fue un poco por estrechar vínculos con mi padre. Yo no estaba muy centrado y teníamos broncas. Recuerdo que los sábados me levantaba a las 2 de la tarde para irme con él al club de Paterna en el que estaba».

Contempla impulsar una escuela en Paterna, para lo que pide al Ayuntamiento que construya un frontón

El nuevo deporte se le dio bien. «Creo que me sirvieron las nociones de tenis. Al principio no fallaba pero, hasta que aprendí la técnica, me dolía cada golpeo», recuerda Alejandro: «Después de cada partido, no podía ni abrir la mano». Pero siguió adelante. Tenía como golpe preferido el bot de braç: «Era el gesto más parecido al tenis». Pero él no se contentó con ello.

Empezó a disputar partidas y a participar en campeonatos. Se asesoró de otros especialistas, sobre todo de Montesa y de Lemay. «No quería quedarme en ese golpe, limitarme a lo que sería un cañonero en tenis o pádel», recuerda. Un día, hizo a Lemay una propuesta que no pudo rechazar: «Le pedí que viniera a entrenarme la izquierda al frontón de mi abuelo a cambio de invitarle a una paella en casa de mis padre».

Llevó una pelota de 100 gramos, el doble del peso al que estaba habituado. Sufrió pero, en la misma cancha donde se inició de niño, Alejandro desarrolló su juego con la zurda: «A día de hoy remo mejor de palma con la izquierda que con la derecha, que pienso que la tengo un poco viciada por el tenis».

Esos fueron los orígenes de otro campeón por vocación. Monitor de esquí y de pádel, graduado en educación física, Alejandro está enamorado de la pilota: «A día de hoy quiero seguir ganando títulos. Me gustaría defender el Individual en 2019, al menos llegar a la final y hacer una buena partida, que el domingo no fue de mis mejores actuaciones».

También contempla crear una escuela de frontón a mano en Paterna, para lo que pide un guiño al Ayuntamiento: «Es precisa una instalación como Dios manda». Mientras la institución local se anima, Alejandro sigue a lo suyo. Al deporte y a la música. Porque aunque dejó el piano por una profesora con la que no tuvo sintonía, luego exploró estilos como el blues, el jazz o el funky. Hasta que le cautivó la guitarra, igual que lo hizo la pelota de tec.

 

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