La batalla de los invictos del raspall

Moltó, durante una partida./val net
Moltó, durante una partida. / val net

Moltó busca hoy su tercera final del Individual ante Marrahí, el último que le ganó

Moisés Rodríguez Plaza
MOISÉS RODRÍGUEZ PLAZA

«Yo no puedo con él... ¡pero eso te lo digo ahora! Cuando salgo al trinquet me transformo, intento llevar la partida a mi terreno. Me tiene que ganar, porque es el campeón dos años pero a mí no me ha vencido», reflexiona Julio Marrahí. Impetuoso. Son las palabras de un pilotari peculiar, que juega con el alma, como si cada golpeo fuera el último. Es el campeón de 2014, a quien el raspall profesional añoró durante dos años y que a su vuelta sigue siendo capaz de poner en pie un trinquet en un par de quinzes. Y como él resalta, lleva más de tres años sin perder en el Individual.

Esta tarde se enfrentará a Moltó. El tirano de la modalidad. El pilotari que ha dominado el mano a mano con brazo de hierro desde que en 2015 tumbó al legendario Waldo. «Yo estoy bien para jugar a pilota. ¿Que puedo tener un mal día? No le tengo miedo a eso», afirmaba ayer con naturalidad. El de Barxeta tiene a las 18.30 horas en Genovés la partida frente a Marrahí como el penúltimo escollo para hacerse con el Fris Grec en propiedad. Es la batalla de los invictos. La de los dos últimos campeones. Hoy uno de ellos hará algo desconocido para él en el torneo en tres años: claudicar.

La última derrota de Moltó en el mano a mano fue, precisamente, frente a Marrahí. «Perdí con él en Piles el año en que fue campeón. Aquella partida me sirvió para aprender a afrontar el Individual», recuerda el actual número uno del raspall profesional. Llegaron iguales a 20 y a 2. Podía ganar cualquiera. «Yo la tuve plantada en el resto para tirarla arriba, pero es que no sabía rasparla. Estuvimos ahí una hora pegándole ‘trompadas’ los dos y al final se lo llevó él. Después de la partida hablé con Astorgano –su preparador–, le dije que teníamos que entrenar más la técnica para este campeonato», señala.

Moltó fue campeón el año siguiente, el de la despedida de Waldo. «Contra él era diferente. Si ibas con fuerza, sabía jugártela a la izquierda, hasta que te equivocabas», indica. Pero había aprendido la lección y tumbó al genio de Oliva. Y se convirtió en el nuevo rey del raspall. En el pilotari que parece invencible y que quiere citarse el próximo sábado en La Llosa de Ranes con Ian, el que sería su último obstáculo hacia su tercer Individual seguido. Pero antes tiene a Marrahí, que hoy no le va a regalar nada: «He arrastrado lesiones, pero cuando me pongo a jugar soy diferente. Mentalmente soy invencible».

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