Rodrigo consagra a Pere Roc II

Pere Roc II celebra eufórico la victoria con Jesús ante la mirada del feridor Pedrito. :: manuel molines/
Pere Roc II celebra eufórico la victoria con Jesús ante la mirada del feridor Pedrito. :: manuel molines

La pareja se aclimata mejor al extremo calor en Pelayo y gana la Copa al mostrarse muy superiores a Puchol II y Monrabal (60-35)

MOISÉS RODRÍGUEZ PLAZA

valencia. «Prometí a mi abuela que cuando fuera profesional jugaría con el nombre de mi abuelo. Hoy va por ellos». A Rodrigo no le tembló el pulso para marcarse la partida perfecta. Dio una clase magistral en una final de Copa que se disputó en un Pelayo que más que un trinquet a estas alturas de verano es ya un horno. Pero sí le tembló la voz cuando empezó a acordarse de las personas que le han apoyado hasta ahora. Y se le quebró cuando pronunció esa frase. La llevaba pensada. Meditada. Digerida. De hecho, llevaba ya tiempo jugando con el nombre de Pere Roc II. Hasta que llegó el gran momento por el que tanto ha trabajado y padecido. Rodrigo se consagró a sí mismo como pilotari profesional, como alternativa a las grandes figuras de la escala i corda, y honró el nombre de su abuelo con su primer gran título.

«Ya tocaba. Llevo peleando desde 2010. Gané la Copa2, pero quería un título como profesional», comentaba. «En estos momentos te acuerdas de la gente que está contigo. De la familia, de mi preparador, de los que te respaldan en el día a día. Al final el mundo de la pilota es pequeño», subraya. Y entonces se refiere a su abuelo. A su fuente de inspiración, tan necesaria para que un chico de Benidorm se haga a la carretera varias veces por semana para triunfar en el trinquet.

Rodrigo, dígase Pere Roc II, tuvo su primera gran ocasión en 2015. Llegó a la final del Circuit junto a Dani y Monrabal. Ayer ambos estaban en Pelayo. El de Vilamarxant estaba ayer al otro lado de la cuerda, junto al que en aquella serie que se disputó en Pelayo y Moncada fue el verdugo del trío: Puchol II, que conquistó la Lliga en compañía de Santi de Finestrat.

Aquellas dos partidas fueron sumamente igualadas. Ayer no. Desde el inicio se vio más sobrios a Pere Roc II y Jesús. Por mucho que los postores diesen de salida a Puchol II y Monrabal como favoritos. El resto de Vinalesa ha preparado esta Copa a conciencia. En la Lliga, todo lo que podía salir mal, salió mal. Desde antes de empezar el torneo, pues no pudo jugar precisamente junto a Jesús, lesionado. Fijó el segundo gran torneo del año como su objetivo y ha estado como un toro durante toda la primavera. Sin apenas derrotas en abril y mayo, por su condición de máxima figura en ausencia de Soro III, era lógico que todos apuntasen a él como favorito. «Hemos llegado a la final, lo hemos hecho bien, pero son las cosas que tiene la pilota y los torneos. Hemos tenido algunos pequeños fallos que no nos podemos permitir y luego ya hemos ido a remolque toda la partida», analizó.

Puchol II se refería a los primeros juegos. A un inicio tipo partida de ajedrez. Muy estratégico, donde se vio que la clave iba a esta en el resto. Y ahí, quienes más padecieron fueron Puchol II y Monrabal. A la segunda oportunidad, Pere Roc II y Jesús rompieron desde el dau y cobraron la primera ventaja sustancial (30-20). Fue el principio del fin. Se vio que el de Vinalesa no estaba a su mejor nivel y que a Monrabal le entraban las dudas.

Y mientras tanto, Pere Roc II y Jesús eran cada vez más grandes sobre las losas de Pelayo. Traían la partida masticada de casa. «Nos ha salido todo como lo habíamos pensado. A buscar la cuerda y a no cometer fallo. Asegurar más que ellos», indicó Jesús, a quien en esta Copa le quedará la espina de no habérsela podido jugar con Santi, su hermano, eliminado en semifinales por Puchol II: «Habría sido bonito, y más al nivel que estamos los dos».

Si Santi tuvo en jaque a Puchol II en Massamagrell, Jesús le hizo jaque mate. Desde que se adjudicaron el primer juego desde el dau, la superioridad de Pere Roc II y Jesús fue exponencial conforme avanzó la partida. Estaban seguros en el dau, donde Rodrigo se mostró extremadamente seguro, y siempre planteaban problemas desde el resto.

Lo único que se pudo parecer a una derrota en el lado azul fue Pedrito en la ferida. Cometió muchos errores. «Yo le digo que se la juegue. Tiene mucha confianza, mejor que él no sabe nadie lo que hay que hacer. Cuenta con experiencia, al fin y al cabo yo soy el nuevo, no tengo ningún título», comenta Pere Roc II con una sonrisa. Se acerca Pedrito, le besa en la mejilla y se marcha. Sale de los vestuarios, ya más sereno que durante la partida, donde se lamentó por cada fallo.

Al fin y al cabo, sin embargo, esos errores fueron intrascendentes. Más fallo tuvo Monrabal. «Este es uno de los pocos trinquets donde nos hacen mucho daño. Es muy grande y Rodrigo es zurdo. Además, el calor... todos los factores se juntan», lamentó el de Vilamarxant, quien se ha tomado esta Copa Diputació como una ocasión de reivindicar su condición de mitger.

Cuando Pere Roc II y Jesús cobraron dos juegos de ventaja (45-25) dio la sensación de que la partida estaba acabada. A partir de ese instante, fue una final más igualada, donde las dos parejas sumaron desde el dau. Puchol II y Monrabal mejoraron pero no dio la sensación de que pudieran remontar.

«Al final he cometido fallos», apuntó Rodrigo. No quiere admitir que la suya fue una partida perfecta. Prefiere pensar que la de ayer no fue sino la primera gran victoria de Pere Roc II. El nacimiento de una figura que tiene muchas tardes gloriosas que ofrecer en Pelayo. Será tras el verano. La catedral, el horno, cierra el sábado por vacaciones.

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