Ana Carrasco: Rompiendo techos de cristal sobre dos ruedas

Ana Carrasco posa con su casco con el dorsal '1' después de su título en Supersport 300. / efe
Ana Carrasco posa con su casco con el dorsal '1' después de su título en Supersport 300. / efe

Primera mujer en conquistar un título mundial de motociclismo, es una experta en derribar barreras en su carrera

JOSÉ MANUEL ANDRÉS

En la carrera de Ana Carrasco hay una constante que se repite ocasionalmente, que es la de romper un techo de cristal para cualquier mujer antes en el motociclismo. La joven murciana de apenas 22 años se convirtió el 30 de septiembre de 2018 en la primera mujer en conquistar un título mundial, tal y como un año antes logró ser la primera fémina en ganar una carrera oficial y en 2013, siendo una adolescente de 16 años, en la pionera en lograr puntuar en el Campeonato del Mundo, concretamente en la categoría de Moto3.

Lo que para otros resulta un imposible, en el caso de Ana Carrasco parece fácil, como natural a un talento innato, pero no lo es. Realmente se trata del fruto de años de duro trabajo y de una dedicación absoluta a una pasión que nació siendo niña, al amparo de un entorno acostumbrado al olor a gasolina del taller familiar. «Empecé cuando tenía tres años. Mi familia siempre ha estado relacionada con el mundo de la moto, tenemos un taller y mi padre trabajó en la competición antes de que yo naciera», explica.

Aún conserva con mimo su primera minimoto y aunque no recuerda con nitidez su primera carrera, ya que por entonces tenía cuatro años, ha escuchado su historia en boca de sus padres. «No querían dejarme correr pero estuve llorando durante dos días hasta que dijeron que sí. Una vez hice la primera ya fue un no parar», recuerda con sonrisa pícara, pues su entusiasmo por la competición sigue siendo el mismo que el de aquella niña tan pequeña.

«Se está consiguiendo un cambio en lo deportivo que también se puede lograr en lo social»

Después del estreno llegaron un sinfín de competiciones y a cada nuevo paso se repetían los éxitos. En 2011, con apenas 14 años, debutó en el Campeonato de España, haciendo historia con resultados hasta ese momento inalcanzables para una mujer que le abrieron las puertas del olimpo del motociclismo. En 2013, Ana Carrasco se convirtió en la segunda española en competir en el Mundial, en la categoría de Moto3, tras la valenciana Elena Rosell, y en la primera en puntuar.

Más barreras seguían cayendo a su paso y, sin embargo, otras nuevas aparecían ante la falta de los apoyos necesarios para tener una moto competitiva. «También he vivido momentos difíciles en mi carrera, de plantearme las cosas, sobre todo con las lesiones y por la ausencia de los apoyos que necesitaba, algo que casi me obligaba a dejar de competir. El deporte tiene momentos que son muy duros y hay que saber sobreponerse. Siempre he tenido vocación y ganas y eso me ha ayudado a superar aquello que viene en contra», señala.

Después de la decepción de no poder competir en plenas condiciones en el Mundial, en 2017 aparecieron las Superbikes como alternativa y más concretamente la categoría de Supersport 300. En ella ha encontrado con Kawasaki el impulso definitivo a su carrera, con un título mundial en 2018 que la convirtió en leyenda al ser la primera mujer en conquistar una corona internacional. «El motociclismo históricamente siempre ha sido un deporte masculino, está claro. Pero en los últimos años ha cambiado mucho y además de que cada vez hay más mujeres compitiendo, también en el paddock, en los equipos y en la organización se nota. Estamos en la buena dirección. Queda mucho camino por recorrer, pero se está consiguiendo un cambio en lo deportivo que también se puede lograr en lo social», reflexiona, consciente de que sus victorias en los circuitos tienen su reflejo mucho más allá de lo puramente deportivo.