AUTOMOVILISMO

Alonso nota el calor de la afición japonesa en su amarga despedida de Suzuka

D. SÁNCHEZ DE CASTRO

madrid. Fernando Alonso es asturiano y español de pura cepa, pero por cómo se le ve cada vez que viaja a Japón (por placer, por trabajo o por ambos), a veces parece que le gustaría tener, al menos, la doble nacionalidad. Pocos países le atraen más, y con pocas culturas se siente más identificado. Los tatuajes que recorren su espalda, inspirados en la filosofía samurái, o sus continuas alusiones a Sun Tzu y su 'Arte de la Guerra' son ejemplos de hasta qué punto ha influido en él la milenaria idiosincrasia nipona.

Por eso, para Alonso está siendo un fin de semana especial en Suzuka. Aquí ha cuajado algunas de sus actuaciones más memorables. El carácter de Alonso y sus continuas alusiones a la cultura japonesa le han convertido en un ídolo. La ruidosa afición nipona, una de las más cariñosas con los pilotos desde antaño, aceptó con gusto a Alonso como uno de los suyos. Sólo hay que ver cómo le vitorearon cuando salió a la recta de meta para saludar a los aficionados que le esperaban en las gradas el jueves. Hay algunos fans que van más allá que otros.

Es el caso de Nana. Es una japonesa que, desde hace años, visita los paddock de la Fórmula 1 para ver a su ídolo. De la Fórmula 1, de la Indy, de Daytona o de Le Mans, donde se la vio pasear con un pase VIP de más de 735 euros (más el viaje), para ver de cerca a Fernando Alonso.

Pero no será la despedida que sueña. Alonso no estará luchando por la victoria, ni por el podio. Y si no llueve, ni siquiera por un 'top 5'. La situación que atraviesa McLaren, que lejos de mejorar, empeora carrera a carrera, le hará irse por la puerta de atrás de un imperio que él mismo rigió.

Alonso se despide de Suzuka con un Fórmula 1, pero no como piloto. Por los designios de los calendarios, el día 14 disputará las 6 horas de Fuji, la siguiente cita del Mundial de Resistencia.

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